29 de abril de 2013

¿Me pasas la sal?


-Te amo...

-¿Me amas como a una tortilla de tres huevos? ¿Me miras cuando duermo? ¿Cómo soy de bonita? ¿Más que la luna? Vale. Y...me harás masajes en los pies. En cada dedo. Uno por uno. Y...no sé, ya me inventaré más cosas. El caso es que no pares. De quererme digo. No me mires así. No hace falta que las hagas todas a la vez. ¿Te he dicho que me gustan las violetas? ¿No? Pues te lo digo: me gustan las violetas. Y además te lo repito: me gusssssssssssssstan las violetas. Para que no te olvides. Por que las cosas se te olvidan. Algunas. Me amas peroperoperopero. Ni recoges la mesa, ni limpias el baño. Y sacas la basura porque fumas. Bueno, y friegas. Pero mal. Vamos que al final friego yo. Y de poner la lavadora, ni hablamos. ¿Para qué te sirve la carrera? ¿Tú sabes cuánto me gustaba ese jersey? No lo sabes. Si lo supieras no te hubieras ni acercado a la lavadora. No sabes tantas cosas..., seguro que ya ni te acuerdas que me gustan las violetas.

-...pero no sé por qué.




28 de abril de 2013

Donde habite el Fénix


¿Por qué Krakatoa?

Una a tras otra, las señales me habían traído hasta aquí. Y aquí acabaron. Nada volvió a sugerirme ninguna flecha apuntando en ninguna dirección.

Todo empezó hace once años. En el museo de arte contemporáneo de Bratislava. Colgado en la pared, dentro de un pequeño marco no más grande que un paquete de tabaco, la frase me detuvo en el centro de la estancia, sobre el suelo de mármol. No había nadie más. Una sola frase. Pintada en una servilleta. Una frase corta. Bajo la luz de una bombilla: “Se fiel a tus sueños”.
Dos días antes había comprado una pistola. No llegué a usarla, es evidente; pero la vida no sólo me parecía una auténtica mierda, si no que había perdido la esperanza. Y no se puede vivir sin esperanza. Así que, supongo, que aquella frase fue el principio de todo.
Hasta entonces los días pasaban por encima como ruedas de tractor, días tremendamente aburridos, vacíos, y sin valor desde el accidente.

Pasé la tarde dándole vueltas a la cucharilla de café.
Acordándome de cuál era mi sueño, y en mi sueño, siempre estaba ella.
Ella elegía las cortinas; ponía flores en latas de tomate; se presentaba en casa con un perro...Cuando perdió el bebé no la vi llorar. Un día me abrazó por la espalda y me dijo al oído, “...”.
Pero sé que lloró.
Nunca se empieza desde cero. Eso es mentira. Pero Alicia tenía razón: “Lo importante es que la vida continúe”.

27 de abril de 2013

Fado


Estos días pienso en ti de otra manera.
Más allá del amor, desde la habitación 312.
Será por todos estos años,
que nuestra historia de farolas
cada vez se parece más al humo de un cigarro.

Trerecuerdo panzarriba.
Mi leona.
Siempre en la brecha.

Mi espejo. ojepse iM

Nadie ha ocupado nunca tu lugar.
Sólo es sólo solamente
que el tiempo no perdona,
y ya casi se asfixia uno de un suspiro.

Me pasa que es mejor morir tranquilo.
Mirando el techo.
Sin que en el último momento,
vengas a decirme,
“no fumes”.

El umbral


Que fuera porcelana y pudiera romperme en mil pedazos,
si vuelves a gritarme, imagina, qué estropicio,
todo inundado de cristales,
y tú descalzo.

26 de abril de 2013

Para ir a ningún sitio no necesitas nada


Veo las plumas de un vencejo,
caer sobre el sombrero de un turista.
Escucho las campanas de la iglesia a lo lejos. Como un barco.
Y mientras vivo una quimera de alacranes veo,
perros mojados en los ojos de la gente.
Perros sin dueño.
Perros en los ojos vacíos.
Y me ato con un hilo invisible y precioso a la tierra.

Tanto que sobra.

Tanto que falta.

25 de abril de 2013

The key


Me llamo Amalio Santa Rosa y he estado treinta y un años en coma.
Mi novia era rubia.
Yo tenía un perro.
Se llamaba Walter
-porque se parecía a Walter Matthau-.

Mi madre ha muerto.

Me perdí el estreno de Blade Runner.

La caída del muro.

Más de trescientas lunas llenas llenas.
Los grillos.
El fin del milenio.

Antes los coches no hablaban.
Ni las máquinas de tabaco.
Hoy he visto un anuncio de perfumes franceses,
donde salía una pantera,
diciendo “Je veux”.

Los locos son los mismos.
La metralla, el azufre, las licencias de armas.
Hay más banderas.
Más sitios en el mapa donde poner el dedo.
Más pequeños.

Me gustaba matar moscas con un trapo.
Jugar al monopoly.
Resolver enigmas...
¿Quién es el tipo del espejo?

Plutón ya ni siquiera es un planeta.


Para que existas...

22 de abril de 2013

999


Quién viviera entre las hojas de los árboles...
Quién fuera un viento, un copo blanco y enredado a las montañas.
Una estación en flor,
la niebla,
el océano.

Quién otra cosa y todas.
Sin género humano ni piernas ni antebrazos.
Quién el curso de los ríos,
un insecto palo,
la nube más redonda, el eco
quién,
fuera el horizonte.

21 de abril de 2013

No sabes la suerte que tienes


Quédate un día mirando a tu mujer profundamente mientras duerme.
Imagina que nunca, de nunca de jamás, de para siempre,
volverá a abrir los ojos.
Que dejará de respirar.
Que mañana, y el otro, y así, hasta,
nadie más va a hacerte croquetas de pollo como ella.
Ni te la va a chupar como ella.
Ni se va a reír contigo, contigo de ti como ella,
y de lo fácil que es domesticarte con ave de corral,
y un lacito en la polla.

Bésala en la frente en el cuello en las escamas.
Escucha su tic tac de Fujiyama,
el pum pum pum,
sus ramas golpeando en el cristal de la ventana.
¿No es preciosa?
¿No lo ha sido siempre?

19 de abril de 2013

Acábate, te lo suplico


Hoy he vuelto a pasar por aquél callejón donde estuve llorando,
como una tonta,
una hora y media por tu culpa.

Me he sentado en el mismo escalón.
He mirado la misma pared.
Sin siquiera morderme los labios, sin una sola lágrima.
Como si ya no tuviera corazón.

Por tu culpa.

Donde pinté que no te olvidaría han puesto una tienda de alimentos.
He entrado a comprar calabaza.
Tu nombre ya no está.
Todo te ha olvidado menos yo.

Por tu culpa.

Por tus ojos, lo oscuro,
y tan dentro de dentro, más al fondo, yo,
yo dibujada de azul ultramarino,
para siempre de peces naranjas.


Haydn

16 de abril de 2013

Historia interactiva con final feliz o no


-Esos vaqueros te quedan de puta madre.

Catalina estaba sacando tabaco de la máquina cuando escuchó a sus espaldas aquella voz totalmente fuera de contexto. Se volvió, y efectivamente, aquel hijo de puta la estaba mirando como si fuera ganado, como a una vaca o un camello, a ella, que era una señora de los pies a la cabeza. Pero por algún motivo y aunque debía tener tan abiertos los ojos como platos soperos, sólo dijo: “ ¿Qué edad tienes?”.
Por algún motivo o porque el chico lo estaba diciendo tan en serio como que eran las tres de la tarde y aquello era el Sol.

-veintiuno. ¿Y tú? ¿No eres demasiado pequeña para ir sola por la calle?

Y por el mismo motivo siguió diciendo sólo cosas que en realidad una señora no debería estar diciendo:

-¿Sabes qué edad tengo?

Quiso añadir “pequeño y asqueroso sinverguenza”; pero de nuevo y por el mismo motivo de hecho totalmente incoherente no lo hizo, dedicándose en cambio a esperar una respuesta en cifras a la que estaba bastante acostumbrada, y que siempre, estaba por debajo de la realidad. Pero en vez de, el chico dijo “¿Cincuenta?”. Luego añadió: “Te invito a una cerveza”, y de una patada, corrió la silla a un lado para que ella se sentara.

14 de abril de 2013

Dreams


Begoña, de pequeña, quería ser princesa.
Es agente de bolsa.
No se ha casado.
Cada jueves va a alcohólicos anónimos.
Cada viernes,
vuelve a por Vodka al bar de Chen-Uan-Li.

Marta quería un barco.
De papel.
Y jugar en los charcos.
La chupa por seis francos.
Folla por diez.
A veces, cuando llueve,
llama a su hijo desde Francia,
y cuelga sin decir nada.

A Henry le gustaban las cometas.
Los aviones, los pájaros.
Vivir entre las nubes.
Muy, muy alto.
Tocar el sol, con las dos manos.
Trabaja en un centro comercial.
Tiene seis niños.
Un perro.
Dos gatos.
Y una maqueta a medio hacer desde hace años,
de un aeroplano.

Beltrán aún guarda en una caja cientos de cromos de gardenias,
tulipanes, jacintos...
Le encantaban las flores.
El olor de la tierra.
La brisa.
Lo atropelló un vollswaguen.
Ni siquiera paró.
Dejó sobre el asfalto,
una preciosa forma geométrica.

Martín, con cinco años, ya era astronauta.
Monique se vestía de enfermera,
y le daba a su muñeca de un jarabe con azúcar, y agua del grifo.
Julián toreaba de salón.
Julietta hacía castillos,
de cajas de cartón.

Yo sólo quería encontrarte.

13 de abril de 2013

¿Ya han vuelto las oscuras golondrinas?


¿Cómo voy a bajarte la luna,
si me mareo cambiando una bombilla?
Y la verdad, prefiero regalarte bragas nuevas,
en vez de un ramo.
O zapatos.
O un paraguas.

¿Te acuerdas del gatito de la fábrica vieja?
¿Ese que tanto te gustaba?
Pues se ha muerto.
Lo ha pillado un camión.

Otra vez macarrones...
Es la tercera vez esta semana.
Bendita sea tu madre y la receta de los macarrones de tu madre.
Te quiero.
Te lo juro.

Pues no, no me he acordado, como hace tanto, casi veinte, tanto ya.
Pero mañana te compro un pez naranja,
para que le enseñes a decir: “Pepinillo, pepinillo, pepinillo”.
O una falda bonita, con flores, y una vaca.

Pero amor, si soy un oso.
Qué culpa tengo yo de que tú seas, una sirena.
¿Quién te calienta los pies cuando hace frío?
¿A quién le pegas la gripe?
¿Quién te prepara el Colacao?
Yo, el oso.

Y luego dices que no soy romántico.



11 de abril de 2013

Bajo la piedra más grande del jardín


Yo me comía de camino a su boca desde el dedo más chico de su pie, todas las cicatrices que nunca nos habíamos mentido:“Esta de cuando me quemaste con la plancha. Hija de puta. Esta del cielo. ¿Te acuerdas? Lo rozamos. Y esta mi hierro: a diente y fuego. A mala leche”.
Un caníbal. Un asesino en serie. Un diablo que la abría de piernas mientras le destrozaba el cuello como a una gacela, aferrando como un cocodrilo su aorta, hasta que se moría entre mis brazos.
Y ella una loca que se comía mi polla como si acabara de llegar de una excursión, con ansias de pájaro de nido, con ojos de mosquita paraguaya, con la lengua bailando la lambada, loca, loca de ganas de que nunca se acabara.
Un festín éramos, de carne cruda. De huesos maleables. Una fiesta con globos y largas serpentinas colgando de la lámpara. Un musical de Broadway. La quinta de Beethoven. Angie, de los Rolling.
Hasta que todo reventaba, y el amor, salpicaba las paredes.

7 de abril de 2013

Cinemascope


A veces pienso que soy diferente. Pero no lo soy. Soy igual de cerdo que todos los demás hombres. Mataría por un dólar si fuera necesario. Me comería a mi padre si no hubiera otra cosa que llevarme a la boca. Mentiría por salvar la vida. De hecho mentiría por otro dólar. Bajo esta fachada se esconde el mismo monstruo que todos engendramos, tan dentro, cuando nos colamos en la cola del súper, cuando miramos a otro lado, cuando vemos los muertos por la tele, tan lejos de nosotros, mientras cenamos.
Sólo quiero ser feliz joder. ¿Por qué sufro tanto? ¿Y me atormento? ¿Y lloro? ¿Por qué lloro, si no soy diferente?
Y entonces me pregunto si es que yo, no sé vivir. Si soy idiota. Si eso se cura.
Si sólo se trata de pasarse por debajo de los huevos el orgullo, la honradez, la sinceridad, y toda esa mierda que al final no sirve para nada. Si no sé vivir y es más sencillo, sencillo como decir te amo mientras follas y no llamarla al día siguiente, sencillo como chivarte al jefe, sencillo como saltarse los semáforos, como observar un sólo dios verdadero, como desterrar de la memoria a los ancianos, como dejar la mierda de tu perro en la acera, como aparcar en doble fila, como irse sin pagar, sencillo, sencillo como echarle a otro la culpa.
Tengo que encontrarme.
No pienso vivir de rodillas más tiempo.

6 de abril de 2013

Un Botticelli


Llegué a la calle Sol de Astracanán-Obul a las cinco cinco cinco y cinco, llamé con los nudillos a la puerta del número Pi y me abrío una flor de Loto, a la que pregunté en mi mejor Nirdischt si acaso le era familiar el nombre de Gertrudis Matacabras, y a lo que en el acto, respondió que la señora, ni estaba viva ya, ni había dejado rastro alguno de un mechón de su cabello para mí, envuelto en un pañuelo de algodón Bortugués, como me había prometido, si algún día, quién sabe, pasaba por allí; pero que en confianza, la dueña de la casa le había encomendado la misión de susurrarme al oído sus últimas palabras, que doblando su tallo, el Loto pronunció en perfecto Cimballés, y sin olvidar ni una sola letra: “ Disturbio es hijo tuyo. Come hombres, como tú, y le ha jurado a Dios la guerra. Te amaré aún Eones, mi bestia, mi bastardo, donde quiera que estés jugando a los soldados.”

5 de abril de 2013

Se me olvida respirar


La luna es una mierda de planeta. Seco como el cutis de un cadáver, de un silencio esquizofrénico, cuajado de agujeros y volcanes, sin aire, sin agua, y por lo tanto sin ranas ni caracoles. Un cenicero en medio del espacio. Una pelota de ping pong que brilla de prestado.
En cambio tu recuerdo jamás se apagará. Brillará por los siglos como un faro alejandrino, mientras me cuento arrugas y aprendo a jugar al dominó.
Las rosas, sí, las rosas son bonitas. Pero no como tú, que parabas un tren de reojo y tenías guardada en las bragas una flor de cerezo.

-Papá, vas a coger frío. Deja ya de regar las macetas y ven a tomarte las pastillas.

3 de abril de 2013

Mi novia no quiere comerme la polla


-¿Y cómo es normal?

-Así.

-Todo el tiempo encima. Vaya. A mí me encanta el tetris. Qué pena. ¿Lo sabías? ¿Me puedo correr en tus tetas?

-Qué asco. No.

-Me aburro. ¿Y de comerte el coño? Ya. Qué asco.

-¿Me estás llamando anticuada?

-No cariño. Hay a quien le gusta el rosa y a quien le gusta el azul. No te preocupes.

-Te he decepcionado.

-Simplemente me encanta que me coman la polla.
Me corro...uf...lo siento, te he puesto la barriga perdida...Mira lo que hago.

-Guarro. ¿Pero cómo puedes chupar eso?

-Es sólo la punta del dedo. ¿Ves? Nadie se muere por probar un poco de semen. Casi no sabe a nada.

-Que no.

1 de abril de 2013

Como en un tobogán


Surgió de entre la hierba,
para aliviar todos mis síntomas con agua de curare:
el naufragio en los ojos, la tos del tabaco, mi boca donde asirse...
Le puse un nombre absurdo por no llamarlo amor.
Quienquiera que pasase por allí lo supondría:
“Acabarás viviendo en su bolsillo”.
De más allá del mar, de entre la hierba,
vino a comerse la merienda sentada en mis rodillas.
Me busca bajo el hábito la carne.
Me desabrocha.
No conoce el delito de la vergüenza propia.
Ni reconoce una frontera ni sus manos,
se detienen ante nada.

Brotó, sencillamente ante mis ojos.