31 de diciembre de 2013

Plusmarca y yo, un individuo


No cada noche me acuesto pensando en si he sido lo suficientemente justo con mi entorno-aunque la vida no sea justa-, a veces, ni siquiera me acuerdo de otra cosa que de sólo de mí. Pero cuando no soy tan egoísta, dibujo en el techo de la habitación con mi puta mente todas las cagadas que he podido evitar a lo largo del día y no me ha salido de los cojones porque estoy tan ¿genéticamente? convencido y predispuesto a ser yo mismo, que ser yo mismo es demasiado complicado. O lo que es lo mismo, cansa. Cansa ver llorar, cansa mirar hacia otro lado, cansa no hacer nada,...y un día, como un boomerang, toda esa mierda se vuelve contra ti. Y quieres tirarte por una ventana. Pero de eso hace tanto.
Ayer vi a los lobos. Golpeaban los cristales. Se fueron, se perdieron en la oscuridad, con el rabo entre las piernas, mientras yo le echaba azúcar en el té, y se lo ofrecía, y pensaba en qué bonito son sus ojos-con tantas cosas dentro- y en que lo estoy haciendo bien. 
Lo sé porque duele. O convertirse en mariposa. 
A veces quisiera ser un globo. No sentir nada excepto el viento elevándome en el cielo cada vez más alto, cada vez más lejos De todo. Donde no escuche la palabra cobarde apuñalándome la espalda.
Pero ella se merece mucho más, y menos yo.
Lo sé porque cada pájaro que se poso en la palma de mi mano, fue para advertirme de que un día mis sueños se harían realidad.


30 de diciembre de 2013

Vive antes de morir

The Coliflor and Company se complace en anunciar la apertura de la nueva sucursal de la marca en el planeta Tierra,



Nuestros productos, bajo un riguroso control de calidad; pueden adquirirse como siempre a cambio de Flores de Perseo, que como todo el mundo sabe, es la moneda oficial de Ukabuca, crecen entre las grietas, como el amor, y son-muy-difíciles de encontrar. 
Vendemos cualquier cosa con lado positivo.Un día de Sol; por ejemplo.


Vendemos calor.



La Luz.

Y algo de silencio, a veces.


Vendemos noches locas.


Lugares increíbles.


Peces naranjas.

Señor Smith

Cortacespeds.


Sies. O Noes. En cualquier caso margaritas. 


Esperanza



Tus sueños están ahí fuera...

¿A qué estás esperando?








27 de diciembre de 2013

El amor, ese estúpido animal de compañía


Dentro tanto como un tantra yo de ti rinoceronte mío y tú,
con los ojos en blanco,
eléctrica,
tiesa como un tarso toda, como el principio activo de una formula voraz,
efervescente,
pendiente...pendiente...pendiente,
de que pase una estrella fugaz.

Cuando dígote te quiero quiero a las demás también:
la que gata, la que tigra, la que aulla,
la del jardín de rosas,
la del campo de minas.
Hoy no vas a ganarme la batalla, he venido a rendirme, porque eres,
el trozo más grande que me falta,
mi clavo ardiendo,
mi lamparita.
Y llevaba tanto tiempo esperando que dejara de llover.

No va a venir un guardia a ponerme una multa a este lado de la luna
por aparcar el esqueleto en zona azul...cuando era trapecista-ven-,
solía venir por aquí,
a contar los granitos de arena,
de las veces que estuve sin ti.


17 de diciembre de 2013

Kit de supervivencia para insectos palo


Siento el vapor tuyo en la mía nuca y cada letra,
que dibujas con la punta del dedo y de saliva en mi omóplato,
es un frío que eriza como a campos de trigo todo el vello.
Un caracol.
Y luego el eco.
La celosía.
Y te amo y todo eso; pero no soy una princesa, y a las dos
-Brama, mi amor, y córrete en mis tetas-,
hay que recoger a los niños del colegio.
Y compra pan.
Y saca al perro.
Y de camino, tráeme en el pico una gardenia.

12 de diciembre de 2013

Bitelchús, Bitelchús, Bitelchús


Me sentaba siempre en aquel mismo lugar con la cabeza apoyada en las rodillas, la espalda en una roca y un cigarro colgando de los labios a soñar contigo con el levante en contra y el sol a punto de ponerse, fueras quien fueras-una luz-, y allá donde estuvieses-entre tanta oscuridad-. Las olas a esa hora se adentraban en la arena y como un bálsamo bendito se llevaban de la orilla mar adentro todos tus nombres. Cientos de millones de millones de pequeñas estrellitas brillaban en el agua como copos de nieve hasta que casi te dolían los ojos de mirarlas...y mis manos vacías y pensaba en ti fueras quien fueras y nos adivinaba-únicos en nuestra especie-paseando por un parque con largos senderos de albero amarillo con charcos y estatuas y pájaros cantado y una fronda de verde y de nubes y de patos emigrando y farolas por aquí, y allá donde estuvieses, casi concebía un viento empujándote hacia mí como una pluma...cuando era niño, jugaba en la terraza de un tercero con soldaditos de plástico verde a tenderle emboscadas a un nido de ametralladoras que previamente había dispuesto agazapado entre las hojas de una maceta de geranios colgada en la pared, mientras, abajo en la calle, los demás jugaban a médicos y a enfermeras y a las casitas, que amueblaban con una cocinita donde con un caramelo y una ollita de aluminio con agua del grifo hacían sopas de colores que con todo el esmero disponían en la mesa para cuando llegara del trabajo el hombre de la casa.

Una vez alguien me dijo: tengo cáncer, cincuenta y cuatro años y un marido que en treinta desde el sí-que por cierto, iba preñada-, no me ha dado un sólo beso de verdad y que en los últimos cinco, ni siquiera de mentira, duermo, sola en una habitación azur como tirando a marejada, sola, sobre una camita de soltera que mi madre me dejó en herencia porque tenía los hierros cromados con brillos de alpaca y ahí la había hecho suya mi padre el verano del elipse, a los catorce, mientras ella se devanaba el pelo del gusto de tener dentro a su Julián la primera vez de todas, decía, sin decirme nunca nada ¿y sabes?, aún amanezco cada día a quedarme sin aliento persiguiendo mis sueños...debo ser idiota, ¿no te parece?

Murió a los pocos meses. Pesaba treinta y siete. Dieciséis días antes, se tatuó un barco velero en la clavícula y con letras times new romans le puso de nombre Viridiana.

El cielo era tan azul...

Y tus labios tan rojos...

5 de diciembre de 2013

Tengo que ir al oculista


Cuando ya no, si alguna vez, si se te olvida,
recuerda cuánto.
Como de grandes, emocionados, qué casi locos.

Que fui yo quien desarmo tu fuselaje y tú mi chasis.
Que la marea nos trajo una canción,
que fuimos transparentes como un culo de botella, como niños,
otra vez.

Por si me pierdo, por si te acabas, por si las curvas,
por si los posos del café,
por si la vida.
Por si te cansas, acuérdate del día que zarpamos rumbo a.

Te espero donde el eco.

Yo soy tu lugar donde volver.