3 de enero de 2014

Hallarás


El ruido...
El ruido...
Tan dentro...
Claro que te entiendo: los golpes, la impotencia, la saliva en la cara...
...mi padre hacía lo mismo.
Y nunca fallaba.

Pero yo, un hombre sólo,
declaro que la vida es estupenda,
que el Sol y los Ríos son magníficos,
la luz de las luciérnagas,
el canto de los grillos, los caballos,
pasear en bicicleta, pasar en pijama las mañanas del domingo,
salvar una ballena,
salvarlas todas,
y, para que conste,
en plena posesión bla bla, y cada una de, mis facultades,
opino que debe existir dios.

Y por lo tanto el silencio.

Y el silencio está lleno de mástiles que cantan
mecidos por el viento, nanas al alba.
De barcos a lo lejos y chucuchú de trenes.
De nombres de sirenas, de glop glop, de paraguas,
de charcos, de campanas,
de chicharras, de hormigas, de pájaros, de ranas,
de príncipes azules.
El silencio es un naufragio de pecera,
una nube que pasa,
una hoja que cae-¿qué forma es esa de morir?-,
una brizna que crece, una fila de hormigas,
y a veces, como un sioux,
hasta se escucha la barriga de la tierra
hacer la digestión.