24 de marzo de 2014

Vuelve coño, no me hagas esto


En tu ausencia estuve pintando las paredes:
un cielo azul, una casita, un perro. Nubes. Y como tardabas,
le metí fuego a la cama. Un despecho. Soy un hombre. 
Hacía frío.

Mientras no estabas, a ratos te pintaba, y a ratos te borraba.
Te quería por cosas, y después por las mismas, a ratos te odiaba.

La cocina está viva. La lavadora muerde. El tostador no deja que me acerque.
Te echamos de menos.
No sabes cuánto.

Las macetas se han muerto.
El pájaro no canta-también se ha muerto-, no sé por qué.
La radio sólo pone, ridículas canciones con tu nombre.
Da igual. Ya sé que no te llamas Penélope.
También te veo en las ruedas de los coches. En el culo de un vaso
en un anuncio de zapatos,
en la sopa.
En la a.
De amor mío.
De adiós.
De analfabeto.
De “¿a qué no sabes qué significa esto?”.
Un dedo. El anular. Tieso. Hacia arriba.

No sé.

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