22 de abril de 2014

Desconocidio


Soy una caja de música.
Soy un perro cojo.
El trapito del polvo. La bombilla amarilla. Un yogur con trocitos de pera.

Una bisagra vieja. La tuerca sin tornillo.
El vaho en los cristales.
La sopa de letras.
Soy mi sitio en el planeta.
Un lugar pequeño,
con flores y cometas.

Soy el silencio.
Soy la brisa.
Soy el cielo.

Sé que algo no funciona en mi cabeza.

Que los nómadas ya no tienen futuro.
Que el siglo de las luces nunca volverá.
Que la revolución ha muerto.
Que somos ganado.
Que algo se nos ha escapado de las manos.

Pero no loco.
Ni idiota.
Ni tan triste-aunque a veces-, que sólo lea el suelo.

Y alzo la voz y digo libertad.
Yo. Una caja de música. Un divertido monigote.
Libertad de ser humano.
De no creerse los anuncios. Los gimnasios. Los prolegómenos,
como al cuello corbatas. Yo, un energúmeno,
alzo la voz y digo basta.

A la vulgaridad de los políticos. A ese afán a destajo, de estar podrido.
A la ley que defiende la locura. Sin más juicio.
Al suicidio colectivo.

Y digo, sed, Sin más preámbulos.
Desataos.
En hordas, en bandadas en rebaños de búfalos y plagas de langosta.
Levantaos.
Contra vosotros mismos.

Porque mañana, es mentira.

Esta noche moriré otra vez. Sólo. A oscuras. Equivocado.


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