7 de abril de 2014

I+D


Si de todos los caminos que se pueden seguir en la vida, habéis decidido tomar el del amor, cuidado, porque es tan peligroso como otros. De hecho no encontrareis ni un ápice de aquello que os habían contado, o de lo que habíais sentido latir tan fuerte dentro vuestro. Tal vez al principio. Como una trampa. Pero pasado un tiempo del todo estipulado por la naturaleza, cuando las hormonas dejen de cumplir su función, lo que quedará será un largo y tortuoso sendero por delante, que incluso en algunos momentos puntuales, os harán recapacitar sobre si no hubierais debido elegir otra dirección, que apuntara menos alto, como por ejemplo ser más egoístas-el amor no es para los egoístas-, o hacer carrera en el apasionante mundo de a ver quién se come a quién-el amor no es para tiburones-, o un sinfín de metas que os podríais haber marcado, tipo voy a ser más hijpoputa que Calígula.
Al principio, ciegos, follareis como cosacos, y todo será agradable y tibio y tierno y maravilloso. Aprovechad. Vividlo. Volveos locos. Comeos el mundo. Cometed vuestros propios errores. Porque se acabará.
Después vendrás todas esas preguntas. Los días largos. Mirar atrás. Y ver que de lo que fue, a veces ya no queda nada. Que ahora es otra cosa. Que ya no es amor. Entonces es cuando realmente empieza el camino. Ese que habéis elegido compartir con otra persona. Esa persona que ya no te parece tan bonita, ni huele tan bién, ni tienes tantas ganas de besarla. Justo ahora, que es el momento justo de hacerlo como nunca antes. Por todo lo pasado. Porque aunque las horas del reloj se hayan comido las mariposas del estómago, es la persona que nunca te dejará caer. Pase lo que pase. Aunque ya no la beses como antes.

Ese, es el verdadero camino. Dormir cada noche a su lado. Acariciar sus canas. Besarla en la frente. Recordarle lo mucho que la quieres. Por todo lo vivido. Por haber estado a la altura. Por su coherencia. Por su solidez. Por las varices. Por las grietas. Decirle, te amé tanto. Pero ahora te quiero, te respeto, te protejo con mis manos, y si un día me faltas, viviré la mitad el resto de mis días. Todo eso eres.
Un día, con un poco de suerte y si no eres tonto del todo, te darás cuenta de que era más fácil haber sido otra cosa, menos pesada que esta cruz, de deberse a alguien hasta el punto de morir, llegado el caso, si hiciera falta por ella.
Porque siempre estuvo ahí, cuando todos los demás, sólo tenían en la boca palabras.





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