5 de julio de 2014

Acto primero


-Conichiwá.

Es todo lo que sé decir en japonés. Ni siquiera sé si lleva acento. Pero es suficiente. A veces sólo un poco es suficiente.
Me da un beso en la mejilla.

El programa ha predispuesto un paisaje demasiado caluroso. Ni siquiera hay pájaros, y el color ocre se extiende hasta donde ven mis ojos. En cambio ella es preciosa. Pequeña. Con la piel muy blanca y el fondo de los ojos tan oscuro como un enorme agujero negro bajo unas pestañas donde Elton Jhon podría colgar toda su ropa. Sonríe. Como si fuera lo único que sabe hacer. Su pelo termina en el cuello a golpe de guadaña, recto y brillante, como un tobogán del parque por el que los niños se hayan tirado una y mil veces. También habla:

-No tengas miedo-su boca es una fresa destilando fusas y corcheas-. No te anticipes ante un posible, de los infinitos posibles que podrían ocurrir a partir de este instante. Este instante es real, en cambio el miedo es una elección. ¿Quieres perder el poco que te queda no haciendo nada? Cierra los ojos, y vete.
O podemos tomar té.

No ha dejado de sonreír ni un momento.
Ya he escuchado antes todo eso. Nunca me quedé a tomar té.

-No hay pájaros.

Es todo lo que digo. Aunque ella me entiende, y con un sinuoso gesto de sus manos mariposa el sol desaparece detrás de una montaña de nubes que se reparten a ras del horizonte como piezas de ajedrez, y del suelo, comienza a brotar hierba recién cortada y árboles frutales con naranjas y manzanas repletas de vida a punto de estallar, cerezas; aguacates, sandias y melones; piña; y flores de todos los colores derramadas al azar por aquí y por allá, entre las enredaderas y colgando de las ramas de los árboles, abriéndose a ojos vista delante de nosotros, alrededor, dentro.

Los pájaros han vuelto.

-¿Azúcar?

Ni siquiera sé cómo se llama.

-No todas las cosas tienen nombre- me dice mientras vierte el humeante líquido como un arroyito en mi taza-.

-¿Por qué tú?

Me contesta que si hubiera preferido un rinoceronte.

-Si el programa pensara que no eres útil te habría eliminado hace mucho tiempo. Tienes un virus. A veces pasa. Y estoy aquí para ayudarte. Tal vez prefieras un rinoceronte. Puedo arreglarlo.

-No.

-Bebe.

-Quema.

-Escúchate.

-¿Qué?

-El mundo no es como tú quieres. Sólo es el mundo. Y tú sólo eres un genoma. Una parte de un todo. No eres un todo. Nadie lo es.

Si no estuviera todo el tiempo sonriendo, la mandaría a la mierda. Creo que por eso no es un rinoceronte. El programa sabe lo que hace.

-¿Tengo un destino?

-No. Tienes un propósito. Eres un eslabón. Como yo. Como todos. Deja de mirarte el ombligo. Acude a la realidad.

-No me gusta la realidad.

-¿Y estar solo? La realidad está llena de cosas que no nos gustan. ¿Por qué no te tiras por una ventana? Porque también está llena de cosas que te gustan. Eso es lo único que debería importarte. Y acostúmbrate a la palabra deberías, porque vas a escucharla mucho últimamente. ¿Crees que van a estar pasando trenes toda la vida?

Sonríe. Como si fuera lo único que sabe hacer. Y de su boca de fresa, deja caer un Fa mayor:

-¿Por dónde empezamos?




10 comentarios:

  1. -El miedo es una erección y una belleza oriental con música en la boca (el refinamiento de una mujer adulterada para los sentidos).

    -Una sonrisa descifra una historia de amor clandestina y toda la simbiosis homeopática de una cultura.

    -Cuando te ofrecen un té te invitan a una disertación filosófica que acaba en el suicidio auspiciado.

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  2. Cada día te entiendo menos, Mail. Eres como una batidora.
    Abrazo.

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  3. Acabas de transitar el mapa de las nubes...
    Un abrazo

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Yo siempre me creí un robot de cocina..., ¡una batidora es un objeto adecuado!

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  4. ¿Quién paga el plato roto? Yo no, eh.
    Qué bonito, los pájaros siempre van y vienen, sólo hay que tenerles paciencia (también al amor)
    Un abrazo Billy.
    ;)

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    1. El amor es un pájaro impaciente y traicionero...

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    2. Mientras puedas pagar...Lo malo es cuando rompes algo, que no tiene precio.

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    3. Lo malo es que todo tenga un precio...

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