28 de julio de 2014

No te olvides de pedir un deseo


-¿Alvarado Monroe?

-¿Sí?”

Le disparó a bocajarro tres veces a la cara. Estaba muerto. Seguro. Así que afianzó una vez más como tenía por costumbre sus gafas graduadas con la punta del dedo a la nariz y sin mirar hacia atrás en absoluto subió al viejo auto que había aparcado un momento frente a aquella gasolinera olvidada de la mano de dios en mitad del desierto de Nevada bajo la atónita mirada de los camaleones, con la sola intención de que con un poco de suerte y si fuera cierto que el hombre de la sucia y grasienta camisa de cuadros que ahora yacía tumbado como una cucaracha de bruces boca arriba sobre el suelo y que regentaba aquella mierda de sitio fuera su padre, y pudiera cumplir para siempre la promesa que se había hecho hacía mucho a sí misma frente al espejo el día que mamá, mientras la estaba peinando para ir al colegio, la puso al tanto por fin después de tanto de preguntas sin respuesta, de que era hija de un coronel nazi huido de la justicia que malvivía aún seguramente escondido bajo un nombre tan falso como un billete de monopoly en algún agujero muy hondo de este mundo, lo suficientemente lejos de todos los crímenes que había cometido, incluida la violación de incontables prisioneras a las que después de someter a las vejaciones más absurdas y caprichosas mandaba fusilar de inmediato y aún desnudas sin saber siquiera cómo se habían llamado, y a la vista de todos en el centro del patio.

Muriel Ergman había sobrevivido a Auschwitz de milagro. Al parto. A la Europa que habría de esperarla tras el fin de la guerra. A los años de puta rodando por las calles hasta que un zapatero marsellés se enamoró perdidamente de ella y la sacó de debajo de la luz de las farolas.
Pero sus ojos no, y nadie supo nunca más si tenían fondo.


Luego Grettel condujo hasta un motel, pagó una sola noche, se tumbo sobre la cama a esperar a que su corazón se quedara del todo vacío y antes de que el sueño la rindiera y se quedara dormida como hacía años que no recordaba, dijo mirando al techo: “Te perdono”, y dejó caer sus párpados con la esperanza de amanecer al día siguiente, tan bonita, como una flor recién cortada. 



7 comentarios:

  1. ¡¡¡Bravo!!!

    ...y se que no pega nada con el tono del texto, pero no encuentro otra palabra que exprese mejor lo que me has hecho (sentir).

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    1. Es una buena palabra Reve. Como otra cualquiera para decir, gracias.

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    1. Así uno se siente como quien acaba de sacar un conejo de la chistera.
      Besitos todos.

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  3. Maravilloso Billy, a pesar del tema; la imagen, el final, y en especial el título.
    Un beso.

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    1. El tema es que el ser humano es intrínseco es sí mismo. Irreversible diría yo. Hermosamente caótico. Depredador. y en fin, genéticamente programado para hacer de los escrúpulos, un delicioso postre.

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  4. El sueño de cualquier mujer es un zapatero marsellés y una alambrada de Auschwitz.

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