12 de agosto de 2014

El día que inventé los arbotantes


Tengo tantas cosas que contarte...Me he sentado donde siempre a mirar nuestro horizonte. Corre una leve brisa. ¿No crees que todo el mundo busca a alguien que le ayude a construir un lugar donde cumplir sus sueños?
El mar me ha preguntado por ti. 

Mientras te escribo, alrededor, la vida se mueve. Hay una mujer mirando a un hombre como si estuviera envuelto en papel de regalo. Ya sabes, que gracias a mis superpoderes, puedo escuchar sin moverme de la silla como laten. Es su primera cita. Se hacen radiografías y esas cosas, y huelen como si acabaran de salir de la ducha. Él está pensando en si la besará en los labios cuando se despidan, o en la mejilla. Ella se asegura de que no se equivoca. De que es él. Ese. El que estaba esperando. Porque se lo merece. Porque después de las tormentas la vida continúa. Porque ha terminado de pagar sola la hipoteca. De amamantar crías. De llorar.

Son bonitos. No sé si lo saben.

El sindonio se muere. Se le han puesto las hojas blancas, y se caen. Ven ya. O no quedará ni una planta cuando vuelvas.

También hay una mujer vendiendo papeletas. Se acerca a la gente con un buenos días para a continuación contarles la historia de Marta, la hija de su vecina. Se va a morir. Si no la operan. Y se han puesto de acuerdo todos los vecinos para... Un euro...el premio es una cesta con fiambre. 
Pero todo el mundo sabe que el premio es más grande, y algunos, compran dos, o tres, y lo guardan en la cartera, donde seguramente se quede olvidado para siempre y aparezca un día después de pasados muchos años, y uno, se acuerde de si Marta aún sigue viva, de si habrá ido al instituto, de si la habrán invitado al cine alguna vez.

Ayer soñé que me enrolaba en un mercante que iba rumbo a las Américas.  Nos dieron un papel, con el día y la hora a la que zarpaba. Era un barco grande, con pasillos largos y muchos camarotes repartidos a izquierda y derecha.

Hay una niña de unos dos años jugando con la tierra. Tiene coletas. Y una boca muy pequeña con un caramelo dentro. Y una pelota de goma rosa. Y toda la vida por delante. Ahora parece una ardillita. Lo mira todo. Como si fuera la primera vez de todas las cosas de este mundo. Ha metido la mano en un hormiguero y está boquiabierta viendo subir hormigas por su brazo. 

Ya sabes, un lugar donde hacerse fuerte, y resistir juntos los embates. A salvo de las guerras de este mundo. ¿No crees? Que la gente se busca como imanes, que solo eres una presa fácil, que las nostalgias te pueden, que no puedes engañarte mucho más tiempo. Que no es lo mismo, contigo. Que todo es más. O al menos, lo que debe. Que sacrificio no es sinónimo de perder algo a cambio. ¿No te hace sentir importante? Amar así. Tan lindo. 

Yo te doy mis pájaros y mi mirada furtiva esa que dices que a donde, que qué lejos, que cómo se llama esa estrella. Tú me das las ecuaciones correctas. Los besos más pequeños. Los metes en bolsas de plástico que cierras atándolas con un lacito y me los mandas por fax al corazón. Me compras calzoncillos. Calcetines, bufandas...y yo te escribo en las palmas de mis manos, y pincho chinchetas en un mapa de todos los sitios a los que todavía no hemos ido.

También hay un gato. Se pasea por entre las patas de las sillas de aluminio.

Cuando vuelvas, vendremos a este sitio. Tengo un regalo para ti. 

-¡Rinnnnnngggggggring ring ring ring!!!!!!!!!!!!!

-¿Sí?

-Dame una pista.




3 comentarios:

  1. Es tan apasionado mirar a un hombre como si estuviese envuelto en un papel de regalo! Lo malo es cuando se queda sin la envoltura. (Algo así como si para tu cumpleaños, al abrir la caja, te han comprado un escurridor de verduras)
    Hace años, cuando era niña, tenía muchas hormigas amigas. En los días en que crecía el río les ponía un palito para que subieran del hormiguero a la viga de cedro del portal, así no se ahogaban. Nunca me dieron las gracias, luego emigré (Espero estén vivas)
    Un beso Billy.

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  2. Yo prefiero deshacerme de todos los envoltorios para quedar escrupulosamente con el papel higiénico (si una mujer sale conmigo sabe a ciencia cierta que se va a manchar).

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  3. Puede que algún día se den cuenta que son bonito en aceite, enlatado de convencionalismos.

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