7 de agosto de 2014

El hemisferio


Si alguna vez fui un Bécquer con chaqueta de cuero
subido a una Yamaha de 500.
La mano derecha de Jack Daniels;
The Ghost Rider del barrio;
un ángel del infierno, adicto al colacao y a los coños sin pelos,
licenciado en navajas y sombreros de alas,
en putas, y camareros que se llamaran Walter:
-Ponme otra Walter
-Le he dicho seis veces que no me llamo Walter”.

Un águila real.
Un tiburón, si alguna vez,
fui el viento.

A la luna y media. Bajo el puente viejo. Los besos. Las llamas.
Las tetas de Betty apuntando a Alabama.
Mi polla de piedra. Sus ganas de guarra.
Hasta que sólo quedara de nosotros el blanco de los ojos,
y Betty gritara de placer como una puta perra.

Los grafittis: “Lola se lo traga todo”
La coca, los porros, los primeros palos.
Aquella cosa con la ley.
La ley.
To be. Stand By. El jabón en los baños. Los dientes.

El sol de nuevo como un caracol.
El olor a gasolina. Kilómetros asfalto.
Los cactus.
Los lagartos.

Lo del banco en Miami.
La niebla mucho tiempo.
Otra vez.
Sin fotosíntesis.
Sin pájaros.

Y un día Ingrid. Un día.

Y nunca más la sombra.

Y lo demás, fue un barquito de vela mecido en la marea de su pelo vikingo.



4 comentarios:

  1. Entiendo todo menos lo de los coños sin pelos. Es como querer comer una sandía sin pepitas para no pararse en las contradicciones, cuando la contradicción es la gracia del mundo (un pelo genital en la boca del sueño).

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  2. Cómo eres Mail. No hay quien pueda contigo.
    Te eché de menos. Seas quien seas.

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    Respuestas
    1. Yo también me echo de menos y todavía no sé quién soy!!!

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    2. Tus comentarios son únicos. Libres como pájaros.

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