28 de agosto de 2014

Sin que crujan las cuadernas


Quiero un amor de cucarachas. A prueba de bombas nucleares.
Un amor, autoejecutable. Con muchos gigas. Singular y plumífero,
como el ave Dodo.
Un amor de carreteras secundarias, cuatrero, sin llamada en espera.

¿Es lo que ibas a decir?

¿Traes las manos, llenas de piedras blancas?

Supongamos que.
Y te perdono.
Y vuelves a besarme.

Supongamos que dejo que me ates.
Que firmo donde dice para siempre.
Que me lobotomizas.

Supongamos, que dejo de existir. Otra vez.

¿Es lo que quieres?

Porque yo te quise así. Todo lo ancha. Irremediable.
Quería ser tu Minotauro.
Me gustaba quitarte las bragas con los dientes.
Le puse tu nombre a una estrella.
Me costó 180 dólares.
Para que no se me. Nunca.
Durante un tiempo,
te parecías a las ruedas de los coches, a las vías del tren,
a las bombillas y los bordes de los vasos, fuiste,
una canción, el viento,
las horas del reloj.
Salías de cada esquina, cada cajón.
Te encontraba en la sopa. En los charcos. En los escaparates.

Y ahora estás aquí.
Qué pena que sigas sin ser “Tú”,
y que yo siga siendo yo.




3 comentarios:

  1. una originalidad y una calidad a prueba de bomba, sí señor. mi voto

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    1. Ya será menos. Gracias de todos modos, Alejandro.

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  2. -Me gustan las carreteras secundarias, suelen ser solitarias y a las mujeres les encantan esos vicios perniciosos.

    -¿180 dólares y es aquella que no brilla nunca?

    -¿Tendremos que aparearnos con las cucarachas para que el futuro de la poesía sobreviva a una guerra nuclear?

    -Suele ocurrir: entre el "Tú" y el "Yo" no hay lugar para "Nosotros".

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