8 de septiembre de 2014

La otra orilla


En mi próxima vida seré un árbol.
Viviré junto a un rio rodeado de montañas
con peces naranjas y lilas y ranas y océanos de heno y un viento bonito,
que me mezca las ramas,
y grillos que me arropen con violines por las noches la cama.

Lejos de las luces de los coches y el canto de sirenas de cualquier ciudad,
donde los maridos lleguen tarde a casa de follar,
con una secretaria.

Un árbol sin reloj ni corbata.
Un árbol sin zapatos.
Sin un alma que vender al diablo.

Viviré desnudo. Sin vergüenzas humanas.
Sin matar a otro hombre ni invadir un país ni guerras que ganar ni dioses invisibles que no den la talla.

Un árbol bajo el sol las nubes las estrellas,
y esta lluvia.
Un árbol sin número de serie ni una boca cochina pare decir mentiras
ni espejos donde engordar la vanidad.
Sin facturas que pagar por respirar.
Sin miedo a que lo parta un rayo a la mitad en mitad de una jornada laboral de quince horas,
por un trozo de pan.
Un árbol alto,
donde no puedan ahorcarse los poetas ni los músicos del metro.
Un árbol sin serpientes ni manzanas podridas.

Daré frutos hermosos y brillantes, y sombra a las hormigas,
centauros y ballenas.
Me anidarán los pájaros,
los huérfanos,
las parejas del parque y los caballos del tiovivo, y un día,
cuando muera,
seré leña en tu hogar.


3 comentarios:

  1. Precioso! Ese verso final es un suspiro, y todo! Yo también quiero ser un árbol. :)
    Besos Billy.

    Este verso es mi favorito: Un árbol sin zapatos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tal vez la próxima vida empieza ahora.
      Besos Vivian.

      Eliminar
  2. Si el marido de la secretaria es también su jefe, pueden hacer el amor entre cafés y follar en la sala de juntas... Acuérdate del árbol apuñalado en el que se escriben los corazones!!!

    ResponderEliminar