19 de octubre de 2014

Peldaño nº 11119


He alcanzado el nivel naranja. No sé si es mucho; pero sé que es suficiente. Sobre todo si lo comparo con el color mierda de mi vida hace no mucho. O el gris que nublaba mis días no hace tanto. Sin ir más lejos con el verde que emanaba como un geiser así, a ratos, tanta esperanza. Sin saber si. Sólo queriendo, queriendo que. La esperanza está bien. Pero es mejor el movimiento-aunque se quiera mucho, a veces, la esperanza nunca es suficiente-, la acción, el resultado. Se acerca más a estar vivo que vivir de mirar nubes. Se acerca más a las nubes, de hecho.

Ayer fuimos a ver a mi madre.
“No me conoces mamá. No sabes una mierda de mí. Te has perdido lo hermoso que soy. Llevo media hora cenando contigo y ya me quiero ir. Me pregunto qué hace que yo sea tan poco importante para ti.”
Soy pura energía, me digo. Soy un hijoputa. Tú puedes, me repito mientras mastico.
-Esto es para que vayas a la peluquería”. Y dejo el billete sobre la mesa. Para demostrarle a una mujer que nunca me ha abrazado que sólo hay una manera de hacer las cosas bien.
Allen me mira complacida, de que el mismo hombre que la muerde hasta que le salen cardenales en las tetas, tenga un corazón ahí dentro.
Allen sí me abraza. Me abraza como a un árbol y me dice cosas al oído. Siempre cierro los ojos. Me dejo caer y cierro los ojos. Y la escucho decir las cosas más bonitas que me han dicho en mi vida. Y cuando los abro, sigue allí.
Los trenes no pasan una sola vez. Pasan muchas. Tal vez no el mismo siempre. O no a la misma hora. Allen fue un trenecito de vapor entrando por la vía nueve. Yo apenas un saquito, de huesos esperando en la estación.

En el nivel naranja no hay promesas. La promesa en sí no puede calificarse como acto, si no como un absurdo e irrefrenable deseo de inmortalizar lo que ni siquiera ha ocurrido aún, elevando algo tan abstracto como el futuro, a una quimera, a una probabilidad entre un millón. Por ejemplo morirse. Si ya no estás, si algún día. Te lo prometo. Pero nadie se muere. Ni te baja la luna. Ni pollas de esas.

No hay miedo. El miedo actúa como depresor de la velocidad, inquieta e induce al desatino de la locomoción, provoca el advenimiento, poco a poco en ti, del fracaso. De las noches llorando bajo las sábanas. De los días sin comer. Del no me tengo. Del se acabó.

Ponte una pistola en la cabeza. Seguro que cambias de opinión.

No hay perdón. No si quieres pasar a otro nivel. Y yo quiero. Quiero brillar. Un día. Antes de morirme.
Tengo una lista de las cosas que hice mal. Es una lista larga. Muy larga. Fue porque un día me quedé sin excusas. Y me miré al espejo y el tío del espejo me dijo que quién coño era yo para andar por ahí como si fuera el rey del universo. Partiéndolo todo como si fuera mío. Pisando el césped y cortando margaritas de raíz. Y vi mi rastro. Y lloré mucho para nada. Y aquel día compré una pistola.

Y ahora estoy en el nivel naranja. Me parece increíble. Y aún conservo los dedos de los pies. Y algo de pelo. Y estoy más cerca. De cualquier cosa. Sí, el nivel naranja está bien. Al fin y al cabo fui el tío que inventó aquel puto planeta. Lo que yo quería, no era de este mundo. Aunque en realidad lo que pasó fue que nunca me rendí.

No hay pasos en falso.

Hay que.

Como si te hubieran metido una granada en la boca.




3 comentarios:

  1. buffff, joder Billy, no me toques tan de cerca.

    (Allen sí me abraza. Me abraza como a un árbol y me dice cosas al oído. Siempre cierro los ojos. Me dejo caer y cierro los ojos. Y la escucho decir las cosas más bonitas que me han dicho en mi vida. Y cuando los abro, sigue allí.)

    No todos nos abandonan. Y el nivel va subiendo y los colores ampliándose.Y hace un calor de mil demonios aun por todo levante, no sé como se ha atrevido la flor de azahar a salir... y las pistolas, dicen por Madrid, que son barras de pan. Hay caballeros con armaduras oxidadas que sólo las lágrimas son capaces de desprenderlas. El brillo está ahí, sólo tenemos que pulirnos un poquito.

    Besitos

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  2. Yo qué sé. hay quien quiere un Ferrari, una cuenta bancaria de ocho cifras, ser presidente....Yo, quiero brillar.

    Besito.

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  3. Disparar es como comerse un caramelo que se queda pegado a la base del cerebro. Los putos colores de la brecha y el mundo que reniega de nosotros porque no somos parte de este mundo...

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