23 de octubre de 2014

Soy un círculo


Llegaban al nido sin nada en el pico.

Primero fue el miedo a las bolas de goma;
la cruz en la pizarra;
los ahora te vas a enterar.

Después fue el hambre.
La espada y la pared.

Y el hambre sí pudo.
La voz tomó las calles
-”Hijos de puta”-.
Rugía como una tormenta
y llevaba los niños en brazos.
Sin tabaco ni bolsillos. Gente de a pie.
Gente con huesos y recuerdos
unidos como trenzas reclamando pan a cambio
de toda la sangre que fuera necesaria.

Sangre de abuela y de albañil,
de embarazada, fontaneros, estudiantes.
Sangre de pájaro y de perro.
Roja y caliente.
Como un rio.
Un infierno donde se moría con lo puesto:
pero sonriendo como Burt Lancaster.

Hasta que llovió como maná, del cielo,
pan
como la lluvia en el desierto.

Hubo que enterrar muchos muertos.
Que comenzar de nuevo.
Que no olvidar.
Que aprender a nunca más ofrecer la otra mejilla.

Volvió el viento en la cara y mirar el horizonte
se convirtió en una asignatura de primaria.



Para Bea Calvo y todo el que esté a punto de estallar

5 comentarios:

  1. Y para los que ya hemos estallado.

    Buenas noches con abrazo.

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  2. Siempre escampa. Aunque uno ya no esté para verlo. Besito María Socorro.

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  3. Me acabo de descargar tu libro. Espero disfrutarlo tanto como estos relatos colgados en el blog. Muchas felicidades.

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  4. Gracias a ti Daniel. Espero que lo disfrutes tanto como yo al escribirlo.

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  5. Olvidamos los horizontes... Llueve y la lluvia se repite. Sobre la sangre de los inocentes se erigen los porteadores de futuro. No digo que no sea necesario, pero no entiendo por qué siempre cometemos los mismos errores.

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