22 de octubre de 2014

Toma 3


Fue tan bonita como escribir un libro con dos dedos.
Corta como febrero. Guarra en la cama. Un cisne.
Y sobre todo fue sincera, no, me dijo, soy de nadie.

Yo la creí hasta donde han enseñado al hombre a creer en algo,
y fue una gata en mi tejado hasta que un día
hizo la maleta porque sí.

Se llamaba Me Dueles, y aunque nunca fue mía,
me dejó esta cicatriz en el labio.







1 comentario:

  1. No puedo creer en ninguna mujer que no se concrete en la piel, pero desconfío de aquellas que han permanecido en mi lecho, seguramente obligadas por el cansancio o el frio, y han despertado al amor.
    Las que "duelen" son las que "joden" y no se retractan de sus mordiscos.

    ResponderEliminar