7 de noviembre de 2014

A treinta y nueve segundos de morirse de asco


...ahí fuera, in the world, bajo este H2O el XXIX de diciembre, fría como las tetas de mi primer amor,
tan lejos ya de la generación del 27
o la :) de los pastores alemanes meando contra el muro de Berlín.

Casi puedo contar los lunares
-reflejados como lunas en los charcos-
de las bragas de las chicas desde aquí. Desde mi window.
Y escuchar los chin-chin de un confeti de gotas de rain brindando contra los cristales, supongo que por Angie, de los Rolling,
o porque el Knockin On Heavens Door,
es todavía la canción más bonita del mundo.

Aquí nunca pasa nada. La luz siempre es la misma. No es la luz.

Daría lo que fuera por volver hasta entonces
(a los días de sol y de estrenar zapatos).
Por salir corriendo detrás de aquel tren
(no hay nada más triste que los y si)
Por llenar los pulmones del humo de los coches
(Aquí hay cosas peores. Tras las paredes).
Por parar los relojes.
(Y saber donde ir).
Por mi culpa
(Tenía otra mejilla).
Por poder
(La tenía)
Por no querer.
(Lo dijo ¿Einstein?)
Por el amor de dios, no
tiréis la toalla.





3 comentarios:

  1. Vuelvo y no paro de leer y releer genialidades como:

    Y escuchar los chin-chin de un confeti de gotas de rain brindando contra los cristales,

    Y te habrás quedado ahí sin despeinarte...

    es un 29 de diciembre? Si es así es toda una revelación porque no, no tiramos la toalla ese mismo día de hace 12 años nacía mi hijo... y la madre lloró contra los pronósticos en una madrugada de aguas rotas y luna llena.
    y entre risas y dientes susurro...
    no, no hay bollicao jajaja ni paga son años de austeridad porque vienes con un euro bajo el brazo y mucho despilfarro
    Gobernará la gran Mama?

    Disculpa que de rienda suelta a mi locura pero ésta dice tanto de verdad


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  2. Tengo poco pelo Sandra. En cambio lo de tu locura no tiene remedio, gracias a dios.

    Besotes.

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  3. ¿Demasiados pelos en la toalla del olvido...? Echo de menos las playas sucias de petroleo, pero eran días felices en su pulcritud porque aún jugábamos con las bolas de chapapote a la inocencia. Cuando la sentinas de los barcos limpiaban sus noches y la noche no era capaz de manchar nuestro paraíso.

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