30 de diciembre de 2014

El aroma de los Palisandros


-Laramie...

-¿Sí?

-Una estrella que se mueve. Allí.

-Es un avión cariño. Muy alto. Muy muy alto. Por eso...

-Hay amor debajo de las piedras Laramie, ¿lo sabías?

...parece una estrella. Debe volar a unos diez mil pies. Más o menos.

-Bebé sí me entiende.

-Bebé sólo mide once centímetros. Ahí dentro parece seguro más un pez que una persona.

-Laramie...

-¿Sí?

-He pedido un deseo...

-Es un avión Sally.

-Pero no puedo decírtelo. No se cumpliría. Y además, no lo en tenderías. ¿Verdad bebé? No tiene parte derecha del cerebro.

-Te leo a Neruda.

-Porque sabes que me puede. Que me dejo. Que me haces lo que quieres.

-Vale Sally. Es una puta estrella. Y ahora cerraré los ojos y pediré un puto deseo. Ya. Pero aunque no puedo decírtelo te puedo dar una pista: Vete a la mierda.

-Eres un salvaje. Es un salvaje bebé. Deberías haberle visto el día que le arrancó una oreja de un mordisco a Larry Gallaguer en el baile de fin de curso sólo porque me invitó a un helado. Intentó besarme. Eso es verdad. Y de repente se le subió encima como una garrapata y le dijo a Larry que Sally Brubaker era su novia, y yo, que no me enteraba de nada, le pregunté que desde cuando, y él, con la oreja de Larry todavía en la boca, me escupió a la cara un desde ahora, y súbete el tirante del vestido, llegamos tarde. Y sin que me diera ni tiempo a contestarle, me robó el corazón, sin miramientos, como quien corta una flor, y baila un tango con ella entre los dientes.




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