7 de enero de 2014

Toda la verdad


Como lo verde entre las grietas buscando el abrazo de la luz
así me acerco a ti bajo las sábanas,
hasta que alcanzo el Cabo de Buena Esperanza
y me duermo en lo tibio, como un niño,
formando contigo una figura geométrica
parecida a la constelación de Acuarius.




3 de enero de 2014

Hallarás


El ruido...
El ruido...
Tan dentro...
Claro que te entiendo: los golpes, la impotencia, la saliva en la cara...
...mi padre hacía lo mismo.
Y nunca fallaba.

Pero yo, un hombre sólo,
declaro que la vida es estupenda,
que el Sol y los Ríos son magníficos,
la luz de las luciérnagas,
el canto de los grillos, los caballos,
pasear en bicicleta, pasar en pijama las mañanas del domingo,
salvar una ballena,
salvarlas todas,
y, para que conste,
en plena posesión bla bla, y cada una de, mis facultades,
opino que debe existir dios.

Y por lo tanto el silencio.

Y el silencio está lleno de mástiles que cantan
mecidos por el viento, nanas al alba.
De barcos a lo lejos y chucuchú de trenes.
De nombres de sirenas, de glop glop, de paraguas,
de charcos, de campanas,
de chicharras, de hormigas, de pájaros, de ranas,
de príncipes azules.
El silencio es un naufragio de pecera,
una nube que pasa,
una hoja que cae-¿qué forma es esa de morir?-,
una brizna que crece, una fila de hormigas,
y a veces, como un sioux,
hasta se escucha la barriga de la tierra
hacer la digestión.


2 de enero de 2014

Out


Pensaba que ese tipo de cosas sólo pasaba en las películas; pero aquello de encima de la mesa donde estaba despidiéndome de aquella ciudad antes de irme a tomar por culo a otra en mi interminable periplo suicida eran las llaves de la habitación 427, y la despampanante rubia que las había dejado allí, una snob en tránsito por el hall de los mejores hoteles del mundo, buscando una polla.
Follaba como una puta pervertida.
La llamé Sophie todo el tiempo. Le daba igual. A mí no. ¿Dónde estás Sophie?
“¿Qué hace un tipo como tú en Dallas?”, me preguntó la rubia.
Morirme de asco. Sophie no está aquí.
Tal vez ya no esté en ningún sitio. Ni siquiera en el planeta.
Sólo se llevó sus zapatos rojos.
Cuando me desperté la rubia ya no estaba. Ni siquiera me acuerdo de su nombre...