30 de agosto de 2014

¿Quién no ha chupado alguna vez la tapadera de un yogur de chocolate?



“-¿Eso se para solo?”.

“Eso” era la música del móvil. Acabábamos de follar y así, bajo la luz de la luna que entraba de la calle por la ventana, en pelota picada y medio muertos sobre las sabanas azules, de gusto, ninguno de los dos iba a mover un dedo ni aunque fuera a acabarse el mundo en cinco minutos A lo más, apenas si movíamos con esfuerzo los labios para comunicarnos:

“-Sí”.

Mentira. Aquella mierda tenía recién cargada la batería, y en la carpeta de música había canciones para el resto de mi vida. Por eso lo primero que escuchamos cuando abrimos los ojos fue una de Vetusta Morla, que hablaba del mar y las mareas, y de cuantas cosas trae a la orilla si sabes esperar a que amanezca.

“-Tengo hambre”.

Y se puso a comerme la polla para desayunar sin que me hubiera dado tiempo ni siquiera a esbozar un buenos días.
A la hora del almuerzo aún me temblaban las piernas.

“-Anoche, mientras el viento movía las cortinas, supe de pronto por qué”.

No soy muy listo. ¿Pero por qué qué?

“-Por qué te quiero”.

Interesante...

“-Necesito que alguien me cambie las bombillas. Que baje las bolsas de basura y que de vez en cuando, me diga bonita. A las mujeres nos gustan esas cosas. Alguien, que se meta en la cama oliendo a limpio, y nos frote los pies, y nos pregunte, si estamos dormidas. Tienes que arreglar otra vez el grifo de la cocina. Gotea. Y cuando no estás, parece un reloj, y de esperarte, se me mete la cabeza en las rodillas y me pongo a pensar cosas extrañas, sobre camiones que pasan por encima de ti o, si un extraterrestre te ha llevado, si te ha partido un rayo, si, no sé, te ha tragado una ballena.
Te quiero porque siempre vuelves. Como un perro. A mí. Incluso cuando te enfadas y me juras por tu madre y por los muertos de los muertos de los muertos de tu padre que no vas a volver. Por la virgen del Carmen. Por el mismísimo Batman. Y que guapo te pones. Y cómo se te hinchan las venas del cuello y de los ojos te salen esas cosas ardiendo. Y qué poquito tardas, en llegar por la espalda y abrazarme y decirme al oído que eres tonto, que dónde, vas a ir tú sin mí, si sin mí ya no hay más sitio donde ir que cuesta abajo. Sin sin mí vas a perder catorce kilos; si sin mí, te vas a morir.”

Luego cogió una fresa del frutero, la puso entre sus dientes, y mirando como un gato cualquier punto muy lejano allá en el infinito, la partió en dos como a un velero en mitad de la tormenta.




28 de agosto de 2014

Sin que crujan las cuadernas


Quiero un amor de cucarachas. A prueba de bombas nucleares.
Un amor, autoejecutable. Con muchos gigas. Singular y plumífero,
como el ave Dodo.
Un amor de carreteras secundarias, cuatrero, sin llamada en espera.

¿Es lo que ibas a decir?

¿Traes las manos, llenas de piedras blancas?

Supongamos que.
Y te perdono.
Y vuelves a besarme.

Supongamos que dejo que me ates.
Que firmo donde dice para siempre.
Que me lobotomizas.

Supongamos, que dejo de existir. Otra vez.

¿Es lo que quieres?

Porque yo te quise así. Todo lo ancha. Irremediable.
Quería ser tu Minotauro.
Me gustaba quitarte las bragas con los dientes.
Le puse tu nombre a una estrella.
Me costó 180 dólares.
Para que no se me. Nunca.
Durante un tiempo,
te parecías a las ruedas de los coches, a las vías del tren,
a las bombillas y los bordes de los vasos, fuiste,
una canción, el viento,
las horas del reloj.
Salías de cada esquina, cada cajón.
Te encontraba en la sopa. En los charcos. En los escaparates.

Y ahora estás aquí.
Qué pena que sigas sin ser “Tú”,
y que yo siga siendo yo.




25 de agosto de 2014

Nunca te dije que tuviera corazón


...cosas en las que nunca nos fijamos.
Esa alcantarilla, por ejemplo.
¿Qué habrá debajo?”dices.

No me apetece imaginarlo.
Yo vivo en un mundo, perfecto, Darling.
Sin pobres, ni perros abandonados, ni violadores de niños ni,
malos olores.
Vivo al abrigo de un rebaño.
A salvo de, cualquier eventualidad.

...¿quién quiere ser un héroe?
Me sientan mal las capas, prefiero el chándal,
y el único principio que me rige,
es que otro pase hambre;
que lo atropelle un coche;
que se muera de cáncer;
que sea otro el refugiado,
la víctima,
que otro, sea el crucificado, yo,
soy demasiado cobarde como para ponerme delante,
al amanecer, de un pelotón.

Ni con los ojos vendados. Ni siquiera por ti.

Por eso aún sigo entero,
mientras tú ya te has roto, tantas veces,
en mil pedazos.

Tú y tu dale una moneda.
Yo y mis ¿no ves que está borracho?
Tú. Tú y tu vocabulario de frases imposibles:
Deberías dejar de fumar”
Tú y tu paciencia. El calor de tus manos. Una orilla en tus ojos,
de siluetas pescando, y almejas enterradas en la arena.
Tú que te que te porque a Betty, la chica de la peli,
se le ha roto una uña.
Que te llevas a casa los nidos de gorriones.
Que te quedas a bailar hasta muy tarde, bajo la luz de la luna la danza de la vida.

Loca.

Te vas a matar.

¿Y qué haré yo sin norte?

¿A quién haré llorar?

Y aún te atreves a llamarme bebé, porque no tengo los ojos abiertos, dices,
todavía.

¿Sabes qué? Vuelve otro día.

He visto Matrix nueve veces.

No soy tu Neo.
No soy tu Popeye.
No soy Super ratón.

¿Todavía estás aquí?

¿Qué coño estás mirando?




14 de agosto de 2014

Algo que ver con el amor


No quiero a mi madre.
Mi madre me pegaba.

Eso es lo que pienso de la sangre, por cierto,
tengo un regalo para ti.

No es un transatlántico. Ni un pijamita rosa.
No es una ventana.
No es la luna.

En cambio aún quiero a mi padre.
Aunque también me pegara.
Soy yo quien decide a quién perdono, y por qué.

Los días que estaba sobrio,
me enseñaba a montar en bicicleta.
A fabricar cometas.
A dibujar con lápices de cera en el caparazón de las tortugas,
arcoiris y barcos.

Por cierto: no es un Iceberg.
Ni se come, ni un zapato.

No es otra canción.

¿Te he contado alguna vez por qué todavía sigo vivo?
A pesar de todas esas guerras que asolan mi mundo.
De que nadie se recicle.
De todos los cadáveres, las mocas, las lombrices.
De que las putas no coticen en la seguridad social.
A pesar de que un tipo saque una pistola en la cola del hipermercado y se ponga a disparar porque tiene mucha prisa.

A pesar de todos mis errores.

No. No se come. Por cierto, no es, un faro.

Porque tengo los ojos abiertos.
¿Ves todas esas estrellitas?
Se llama Universo.
Si sabes eso, también sabes que sólo eres un grano de arena en la playa,
y que la única palabra que importa, es, gracias.

Ya te he dicho que no es chocolate.
No es un yunque.
Ni un camaleón.

¿Recuerdas aquel gato que atropellamos con el coche?

Lloraste mucho.

¿Recuerdas el día que me encontraste en la basura?
¿Que me metías en el pico trocitos de pan?
¿Recuerdas cómo me vendaste el ala rota con una bufanda que llevabas al cuello,
de papel celofán?

No es París.
Ni un nuevo ordenador.
Ni una plancha.
Ni el cubo de Rubik.

Tiene que ver con que me habite tu luz el corazón.

Si dices que sí,
que sea para siempre,
-donde “siempre” sea igual, en la ecuación,
a los días que aún me quedan por vivir-.

17212 si no recuerdo mal.

Ya le puedes quitar el lacito...



13 de agosto de 2014

Ya ves, aquí...


Me llamo xxxxx y estoy muerto.
Se lee xx
No soy un fantasma. Ni ni un zombi.
Soy idiota.

Pero podéis llamarme Wallace.
Y sí, hay dos nis.
Le da cierto sentido musical a toda esta mierda.

Los demás iros a dormir.
Que descanseis niños.
Los mayores, vamos a hablar de cosas importantes.

¿Cuánto hace que no tocas la tierra con las manos?
¿Que para qué?
¿Que para qué?
Hace rato que tendrías que estar en la cama.

Para estar vivo.

¿Cuánto hace?

Yo daría lo que fuera por dejar resbalar entre mis dedos la arena de una playa.

¿Cuánto hace que no...ya sabes?
Era bonita. ¿Lo recuerdas?
Le echabas dos polvos sin sacarla.
Y ahora ni siquiera la miras a la cara.

Yo, daría...

¿Cuánto hace que ya no tienes ganas?
¿Que te has rendido?
¿Que ya no te acuerdas de ti?

De cómo eras.
Hermos@.
Bravo@.
Feliz.

Por oler de nuevo el césped, recién cortado yo, daría, mi contraseña de hotmail.

Por tantas cosas que no hice.
Por miedo.
Por cobarde.
Porque era imposible.

En 1416, ver un pájaro de hierro en el cielo rumbo al JFK,
también era imposible.

Daría lo que fuera por comerme un huevo frito.
Con pan.

Con mucho pan.



12 de agosto de 2014

El día que inventé los arbotantes


Tengo tantas cosas que contarte...Me he sentado donde siempre a mirar nuestro horizonte. Corre una leve brisa. ¿No crees que todo el mundo busca a alguien que le ayude a construir un lugar donde cumplir sus sueños?
El mar me ha preguntado por ti. 

Mientras te escribo, alrededor, la vida se mueve. Hay una mujer mirando a un hombre como si estuviera envuelto en papel de regalo. Ya sabes, que gracias a mis superpoderes, puedo escuchar sin moverme de la silla como laten. Es su primera cita. Se hacen radiografías y esas cosas, y huelen como si acabaran de salir de la ducha. Él está pensando en si la besará en los labios cuando se despidan, o en la mejilla. Ella se asegura de que no se equivoca. De que es él. Ese. El que estaba esperando. Porque se lo merece. Porque después de las tormentas la vida continúa. Porque ha terminado de pagar sola la hipoteca. De amamantar crías. De llorar.

Son bonitos. No sé si lo saben.

El sindonio se muere. Se le han puesto las hojas blancas, y se caen. Ven ya. O no quedará ni una planta cuando vuelvas.

También hay una mujer vendiendo papeletas. Se acerca a la gente con un buenos días para a continuación contarles la historia de Marta, la hija de su vecina. Se va a morir. Si no la operan. Y se han puesto de acuerdo todos los vecinos para... Un euro...el premio es una cesta con fiambre. 
Pero todo el mundo sabe que el premio es más grande, y algunos, compran dos, o tres, y lo guardan en la cartera, donde seguramente se quede olvidado para siempre y aparezca un día después de pasados muchos años, y uno, se acuerde de si Marta aún sigue viva, de si habrá ido al instituto, de si la habrán invitado al cine alguna vez.

Ayer soñé que me enrolaba en un mercante que iba rumbo a las Américas.  Nos dieron un papel, con el día y la hora a la que zarpaba. Era un barco grande, con pasillos largos y muchos camarotes repartidos a izquierda y derecha.

Hay una niña de unos dos años jugando con la tierra. Tiene coletas. Y una boca muy pequeña con un caramelo dentro. Y una pelota de goma rosa. Y toda la vida por delante. Ahora parece una ardillita. Lo mira todo. Como si fuera la primera vez de todas las cosas de este mundo. Ha metido la mano en un hormiguero y está boquiabierta viendo subir hormigas por su brazo. 

Ya sabes, un lugar donde hacerse fuerte, y resistir juntos los embates. A salvo de las guerras de este mundo. ¿No crees? Que la gente se busca como imanes, que solo eres una presa fácil, que las nostalgias te pueden, que no puedes engañarte mucho más tiempo. Que no es lo mismo, contigo. Que todo es más. O al menos, lo que debe. Que sacrificio no es sinónimo de perder algo a cambio. ¿No te hace sentir importante? Amar así. Tan lindo. 

Yo te doy mis pájaros y mi mirada furtiva esa que dices que a donde, que qué lejos, que cómo se llama esa estrella. Tú me das las ecuaciones correctas. Los besos más pequeños. Los metes en bolsas de plástico que cierras atándolas con un lacito y me los mandas por fax al corazón. Me compras calzoncillos. Calcetines, bufandas...y yo te escribo en las palmas de mis manos, y pincho chinchetas en un mapa de todos los sitios a los que todavía no hemos ido.

También hay un gato. Se pasea por entre las patas de las sillas de aluminio.

Cuando vuelvas, vendremos a este sitio. Tengo un regalo para ti. 

-¡Rinnnnnngggggggring ring ring ring!!!!!!!!!!!!!

-¿Sí?

-Dame una pista.




10 de agosto de 2014

Ensayo bajo la sombra de una higuera


Klein
-mi osito de peluche-,
 va a necesitar un hogar cuando me muera
-que no voy a morime todavía-,
no,
llores.
Te pones muy fea.

Todo lo demás, sólo son cosas.
Cosa bonitas que he ido metiendo en la maleta,
por todos esos sitios, en los que estuve alguna vez.
Y las cosas se oxidan. Se arrugan. Desaparecen.
Como el pez naranja, que amaneció doblado,
bocarriba,
tieso,
como un palo.

Las cajas de música dejan de sonar.
Las brújulas se tuercen.
Los barcos de papel, naufragan.
El usb con todos mis poemas, se perderá en una mudanza.

Lo importante, son aquellos sitios.

Así que quiero que lo cuides.
No lo hagas por mí.
Se lo merece, le había prometido, una vida feliz.

Cada cierto tiempo mételo en la lavadora.
Le gusta.
Y  tenlo cerca, en la cocina, junto a la cama, en algún sitio,
donde haga tibio y se escuchen las voces de la casa.
Y no le hables.
Lo intentarás.
Pero no va a contestarte.
Tiene la boca cosida con hilo.




8 de agosto de 2014

Agitar esta estrella fugaz antes de usarla


Denise me está cosiendo un botón de la camisa.
La camisa es blanca.
Denise es preciosa.
El botón es redondo.

Está tan cerca que dan ganas de comérsela.

-Ni se te ocurra.

Mordisquear la fruta de su boca,
que es como una ciruelita. Toda roja,
brillante,
pequeñita.

Pongo mi mano en su cintura.
La derecha.
Sobre una talla 34.
Tiembla.
Como la tierra a veces.
Cierra los ojos.
Se eleva.
Hierve.
Pero.

-No, es no.

Bajo la blusa del pijama le han surgido los volcanes,
de sus pezones duros como ases de diamantes.
Quiero que me clave a la pared.
Como un cuadro naif.
Como a un torero.
De muerte, quiero,
una hora más de eso que me da para dormir.
Como un niño.
Sobre su pecho.
Entre las cordilleras de esas cumbres sonrosadas.

La radio está dando las noticias.
Que un tal Armstrong ha llegado a la luna.
Y qué.
Yo llevo en la luna mucho tiempo. Desde Denise.
Y también fue un gran paso.

Pongo la otra mano en su cintura.
La izquierda.

Ya no tengo más manos.

De pequeños, íbamos a pescar ranas:
“-¿Quieres ser mi novia Denise”.
Denise, que ya era más lista que yo, dijo, vale,
“...y para sellar nuestro amor
nos cortaremos un dedo”.
Por eso sólo tengo nueves dedos.

Es broma.
Los tengo todos.
Me dio un beso.
Aquí, en la mejilla.

Vale.
La tengo.
Ahora usaré mi gravedad y la haré aterrizar sobre mi...
¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

Me ha pinchado.

-Llegas tarde al trabajo.

Una gota de sangre, desde el torax al ombligo,
escribe en mi piel “me estoy muriendo”,
mientras ella muerde el hilo,
y da por terminada la función.

Se me ha escapado.
¿Qué es este aire entre mis manos, dónde están,
sus huesos?
Joder.
Se me ha escapado.
¿Cuánta sangre hace falta Denise?

-Cinco minutos.

Como un coyote, acudo a su voz en la cocina.
Cada vez es siempre con Denise.
La última vez, de la cocina, salió una manada de rinocerontes,
y estuvieron lloviendo cucharitas de café, durante días.




7 de agosto de 2014

El hemisferio


Si alguna vez fui un Bécquer con chaqueta de cuero
subido a una Yamaha de 500.
La mano derecha de Jack Daniels;
The Ghost Rider del barrio;
un ángel del infierno, adicto al colacao y a los coños sin pelos,
licenciado en navajas y sombreros de alas,
en putas, y camareros que se llamaran Walter:
-Ponme otra Walter
-Le he dicho seis veces que no me llamo Walter”.

Un águila real.
Un tiburón, si alguna vez,
fui el viento.

A la luna y media. Bajo el puente viejo. Los besos. Las llamas.
Las tetas de Betty apuntando a Alabama.
Mi polla de piedra. Sus ganas de guarra.
Hasta que sólo quedara de nosotros el blanco de los ojos,
y Betty gritara de placer como una puta perra.

Los grafittis: “Lola se lo traga todo”
La coca, los porros, los primeros palos.
Aquella cosa con la ley.
La ley.
To be. Stand By. El jabón en los baños. Los dientes.

El sol de nuevo como un caracol.
El olor a gasolina. Kilómetros asfalto.
Los cactus.
Los lagartos.

Lo del banco en Miami.
La niebla mucho tiempo.
Otra vez.
Sin fotosíntesis.
Sin pájaros.

Y un día Ingrid. Un día.

Y nunca más la sombra.

Y lo demás, fue un barquito de vela mecido en la marea de su pelo vikingo.



1 de agosto de 2014

XXL


La familia ha crecido. Primero fue la novia linda de Juanito, nuestro patito de goma. Marisol estuvo iluminada como una luciérnaga hasta que se le acabaron las pilas. Daba gusto ver a Juanito sucumbir a los encantos de tanto corazón y tanta pestaña rizada. En fin, no han dejado de comer perdices desde entonces, y esas cosas de cuento de princesas, y un buen día, llegaron los gemelos. Y después la tía Gertrudis, una pata de considerable tamaño, fruto del segundo matrimonio del padre de Juanito. El padre de Juanito, vive en el escaparate de una farmacia, junto a las cremas bronceantes y las gafas de sol. Cualquier día, se muda a casa.
De mamá pato, aún no sabemos nada. Satélite dice, que como es una familia moderna, lo mismo se presenta de pronto cualquier tarde, no se sabe si sola, o con su nuevo conyugue y quién sabe, si tres o cuatro patos.
El caso es que todos sonríen. Todo el tiempo. Aunque sean de goma.
La verdad es que todo ha crecido. La higuera tiene higos. No sé si comestibles. La pared de las fotos se ha llenado de días de playa y campamento, de bicis y de barcos, de lunas de verano y helados de limón.
Satélite, en un giro inesperado, nos sorprendió una mañana preguntando de repente que necesitaba urgentemente una compresa, ya. No para en casa. Ha cambiado de órbita, y brilla como una supernova. Pero siempre regresa atraída por la gravedad de la Coliflor y de un salto se le sube encima a colmarla de besos sin precio y a decirle que te quiero, mami, dame dinero. Y vuelve a marcharse igual que vino, radiante, porque ha quedado con sus amigas para ir a comer a la pizzería.

La Coliflor ha crecido tanto, que ya no cabe en su lado de la cama, y acaba cada noche por usurpar mi territorio, con la total alevosía de una mujer feliz. Y hasta yo, que siempre he sido muy tonto, he aprendido a contar hasta diez.