28 de enero de 2015

La tienda (1)


Ella te encuentra a ti. Te sucede. Como una chica bonita a la vuelta de la esquina. Y de pronto, te apetece que llueva. 

Lo primero que ves son los pájaros, volando entre las ramas de un arbusto dentro de una jaula del tamaño de un cuarto de soltero.  Los machos del diamante mandarín son los que tienen una lágrima negra cayendo del ojo. Las hembras se ponen colorete en la mejilla. Pian entre ellos a saber qué otoño, que te acompaña de soslayo mientras te vas perdiendo por la tienda, por no se sabe qué caminos invisibles hasta aquella vez, cuando eras sólo un niño y todavía creías en la magia, en pescar ranas, y volar cometas de colores en aquel cielo azul.

Hay una silla roja bocabajo colgando del techo.

Huele a sándalo, y desde alguna parte, el Blue in Green de Miles Davis te hace levantar los pies del suelo, un poquito. 
Hay plantas por todos sitios. En el suelo, en las estanterías, en los muebles torcidos de mediados de siglo... Helechos que se mecen con el viento que entra por las ventanas en sus columpios bordados de croché o macramel; enredaderas que caen como cascadas por la pared. Pequeñas palmeras, kentias, madreselvas. Jazmines y petunias y azahares enanos en flor; mandarinos; dracenas, hortensias y granados. Azucenas y nardos. Como un jardín secreto con rueda de camión y zarzas donde hacerse sangre en las rodillas y mucho mucho barro y un tesoro escondido en algún lugar entre los sacos de abono o la comida para perros o tal vez, dentro de una de esas latas decoradas de té o un bote de escamas para peces. 
Hay piedras. Piedras redondas con tortugas pintadas, con lagartos, mariposas, margaritas y otras cosas que adornen un jardín. Hay algo, mientras tocas con las manos los jabones, que se escapa de ti. Todo el mundo lo hace. Sonríe. Sonríe y cierra los ojos y se toma unos segundos. Sin facturas. Sin ex-maridos. Sin prisas.

Ese es Klein, un osito de peluche. Siempre está ahí. Sentado junto al mostrador. El dueño dice que no habla. Aunque le pregunten. Porque le preguntan. Que de quién es, por ejemplo. Que qué hace ahí. Que si se vende.

No. No se vende.



6 comentarios:

  1. se te ha olvidado la hamaca en la que me encuentro recostada
    disfrutando de ese espectáculo y esa calma.

    un beso

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    1. No hay una hamaca Sandra; pero se puede arreglar.

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  2. Anonadados se me quedarían los sentidos en semejante lugar, y me la imagino en la antigüa Beijing.

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    1. No está en Beijing, si no mucho más cerca.

      Besitos pseudo.

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  3. Cada día disfruto algunas horas con algo parecido. Tengo tengo tengo, algo mas, algo menos y algo distinto: unos invernaderos con todas esas plantas y bastantes mas. Con pájaros que vuelan libres y salen y entran cuando quieren... Calma y paz. Aunque me falta también la hamaca donde disfrute la querida Sandra.

    Besosparados.

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  4. Qué bien Soco lo que me cuentas...
    Calma y paz, de eso se trata. De una isla.

    Besitos.

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