20 de febrero de 2015

Crótalos



Adivino en el nácar del blanco de sus ojos
un voraz apetito de mujer marabunta.
Constelada de pecas, su piel, en la penumbra,
es un cielo azafrán de estrellas Orange Fashion,
un cielo con pezones amargos como almendras
y en el medio un ombligo con forma de garbanzo.

Vil, traza una órbita en torno a la carótida y
de un bocado inmortaliza el malva en mi garganta.
Hay néctar en la brecha divina de su boca:
"Ábreme como una larva un camino hacia el vientre".
Acudo al callejón sin salida de sus besos
tal que Ulises al canto mortal de las sirenas.

Clava sus pestañas en mi tórax, y las manos
se le llenan de vértebras, omóplatos, tríceps, y así,
halla entre los huesos el rabo de lagarto,
lo orienta con certeza al occidente de su Cáliz
y las flamas de un mini Big-Bang intrauterino,
traspasan mi córtex cerebral como cuchillos.

Perpendicularísima, férrea, casi ígnea,
percute mis costillas hasta que-¡Oh!- en su pelo,
hay viento y por su cuerpo se abren los poros todos
como cráteres, y el pulso atroz de sus arterias,
puede escucharse en gran parte de Malasia, Praga,
Libia, Alaska, y por supuesto, el trópico de Cáncer.

Me bautiza con un nombre de animal de granja
tras otro y yo, la llamo puta, guarra. A ladridos.
Después, el aire desaparece del planeta,
y durante aproximadamente seis segundos,
somos dos invertebrados sin ojos ni manos,
bailando el bolero de Ravel sobre una nube.

Esta de aquí es de ayer, y esta del otro, y esta de...
Parecen cicatrices; pero son que te quieros.
"Te quiero tanto tonto tanto, que quiero
comerte entero, aquí, y aquí, y aquí, ¡ay tonto!, cuánto te quiero".
Me condecora con un beso y caigo en la trampa
de ir por chocolate al frigorífico, descalzo.



Poema rescatado del año catapúm

No hay comentarios:

Publicar un comentario