7 de abril de 2015

Bonita


Siempre que llueve, escampa. Menos aquel abril. Aquel abril llovió tanto que el agua le salía a la gente por los ojos. Algunos saltaron desde un quinto, otros, se metieron a curas y otros acabaron perdidos en algún lejano y desconocido lugar con cuatro calles y un bar donde morir lo más lentamente posible. Llovió tanto, que. Y así conocí a Walter. Walter era un híbrido. Lo ponía todo perdido de escamas y a veces, cuando le rozaba con la punta de los dedos las alas de su espalda sólo por placer, saltaban chispas azules y pequeñas como granos de arroz como si un operario lo estuviera soldando al puente de Brooklyn para disfrute de transeúntes y palomas. Tenía una aeronave. Yo siempre me montaba detrás con un pañuelo blanco en la cabeza porque desde chica me gustaba la Hepburn, y así llegaba al baile sin un sólo bucle fuera de lugar, como no podía ser menos en una adolescente que juntaba las rodillas al sentarse y mascaba chicles de fresa para cuando el primer beso. Por entonces las rubias teníamos fama de tontas, no sé, si es que caía muerta en los brazos de aquél bucanero de brazos-conífera o es que era rubia, pero me quedaba así como un pájaro muerto con el cuello de lado y los ojitos medio en blanco y sin un hálito de sentido común y ese temblor en las rodillas.
Estuve todo el mes debajo de su paraguas. Me acompañaba a casa como se saca un perro a pasear, pendiente de lo suyo, y cuando yo llamaba al timbre, miraba un poco al suelo y otro a mí y así se iba difuminando entre los coches con su moto hasta que no quedaba de él si no un rastro de búfalo y la extraña sensación de que nunca lo iba a decir, porque era muy corto de luces. Pero era tan dulce. Yo intentaba acercarme como una gacela y a él se le nublaban en la lengua las palabras y empezaba a decir tonterías, que no tenían nada que ver con nosotros. Y un día le dije : ¿Te gusto?.

No soy tan rubia. Ni él dijo nada. Pero aquella noche se fue con mi chicle en la boca y miró seis veces hacia atrás mientras yo me escondía detrás de las cortinas del balcón.

Nunca más he visto llover así.



7 comentarios:

  1. ...era abril y lluvia. Y el amor. Qué lindo.

    Besosmil

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  2. jaja meencanta leerte arriba y abajo... a Soco tb, te leí bonita ( y cómo él se fue masticando el chicle de ella ;-) y lo de las flores de después ( mañana, ayer ;-) y es verdad que la flores escuchan y tb hablan .. solo les falta escribir tan bien como tú:))

    Muaaaaaaks! gordo para los dos.. los tres... para todos, incluidas las flores... ¿lo sentirán ellas? ...no importa.

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  3. Muchas gracias María. A mi me encanta que lo disfrutes. Por eso escribo.

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