27 de mayo de 2015

Fragmento


A los 23 escuchaba a Pink Floid y a un grupo catalán que se llamaba Iceberg, como aquella montaña que partió por la mitad el Titanic. Rock sinfónico y toda ea mierda, mientras me fumaba un porro de los de antes. No, más gordo.
Era feliz supongo. Tocaba en una orquesta. Una de cuando los pueblos no se encontraban en el mapa, y a todas las chicas se le caían las bragas con nuestras canciones. Bueno, nuestras nuestras...
Vivía en un cuartito tipo celda con cocina en el pasillo y baño compartido con un libanés que estudiaba biología. A veces también compartíamos la comida. Otras un cigarro. Las que más, los peldaños de la escalera mientras Hanny tocaba canciones del desierto con una guitarra que se llamaba como su novia Yolanda, una chica de pelo rizado y la noche en los ojos, la noche más oscura, que yo había visto nunca.
Era feliz supongo. Tenía una planta en la ventana y cantaban los pájaros y, si subía a la terraza a contar estrellas podía imaginar que el futuro estaba lleno de aventuras y chicas guapas.
Pasaba descalzo mucho tiempo, leía a Calvino, y estaba enamorado de todas las mujeres de este mundo.

Era feliz supongo.


2 comentarios:

  1. gracias por este fragmento en vena. me llenaste las arterias de recuerdos.
    un fuertísimo abrazo.

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  2. Eso es por Pink Floid David, que tira pal monte.

    Abrazos.

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