28 de julio de 2015

Sara, Le Fanzine nº 6



Su último trabajo había sido Sr Boston. Las víctimas nunca tenían nombre, no para ella. Porque no le importaba. Normalmente, Parker, al que nunca había visto en persona, la llamaba de pronto al teléfono y en muy pocas palabras o menos si podía la ponía al corriente del día, la hora, quién, el lugar, y cuánto iba ella a cobrar por el encargo. Era mucho dinero. Sr Boston tenía que ser alguien importante. Y alguien importante nunca estaba solo. Valía demasiado para alguna compañía o corporación o como quiera que llamaran a esas enormes multinacionales. Así que de seguro, Sr Boston llevaría un par de guardaespaldas a todos lados y dormiría con una parabellun cargada debajo de la almohada y un gran danés sobre una alfombra de piel de vicuña al flanco izquierdo de la cama. De seguro, que no había hecho nada bueno para dormir con un ojo abierto. Pero eso, a Sara, tampoco le importaba.
Aunque había un sitio donde Sr Boston sí se quedaba solo casi una hora y no era el baño. Los jueves de seis a siete y media. En casa de una rusa que tenía como única labor a cambio de un pisito en la zona más cara de la ciudad y una tarjeta dorada para hacer realidad todos sus sueños, hacerle a Sr Boston una buena mamada y atarlo luego como a un perrito de una correa de cuero a la pata de un sofá estampado con flores italianas. Perrito malo. Perrito malo. Los jueves. De seis, a siete y media.

Escaló dieciséis pisos descalza y con un cuchillo de cocina entre los dientes y una pequeña pistola sueca encajada en el elástico de las bragas, de balcón en balcón hasta llegar a una de las ventanas del salón de aquel apartamento donde Irina Popov le estaba dando con una cucharita de postre un flan de vainilla a Sr Boston, que por alguna razón que sólo ellos conocían, llevaba puesta una sotana y tenía metida en el culo una cruz del revés hasta la mitad: “Perrito bueno se va a estar aquí, quietecito, mientras mamá va a buscar a Sr Patata”.

Cuando Irina volvió del cuarto de los juguetes, Sr Boston estaba todo a lo largo boca arriba tirado todo como un cerdo en el suelo y con el cuello abierto en canal como una sandía de un corte limpio como el culo de un bebé y derramando tanta, tanta sangre que a Irina no le dio tiempo ni a gritar antes de que los perros entraran a empujones por la puerta porque algo les había mojado los zapatos.
Sr patata estaba destrozado en el suelo...y la brisa entraba como un gusano por la ventana.

Entrar.
Hacer tu trabajo.
Salir.

No es tan difícil.

-Le va a encantar. Además hay de todo en esta parte de Queens: droguerías, tiendas de flores, supermercados, y...

-Me lo quedo.

-¿No quiere ver el resto de la casa?

-...

-De acuerdo...entonces, sólo hay que rellenar algunos de estos papeles y...a ver...¿Nombre completo?

-Sara Bonapiedra.



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