27 de julio de 2015

Sara, Le Fanzine nº5



La primera chica a la que Sara besó se llamaba Olga. Era mexicana; pero se había venido a vivir a Oakland, California, no se acordaba de por qué, con uno de sus tíos que tenía un rancho en las afueras. Fue en un granero. Fue suave. Fue hermoso. Fue la primera vez, y por entonces, Sara aún no había matado ni una mosca con un trapo. Tenía trece años y el pelo trenzado a las espaldas como espigas de trigo, y, aunque ya había vivido en muchos sitios porque cambiaba con frecuencia de casa de acogida desde la-trágica-muerte de sus padres, Olga era el paisaje más bonito que había visto en todo aquel tiempo.
Se veían cada tarde. Allí, entre la paja, como agujas perdidas. Y siempre era mejor y más dulce y más bonito. Hasta que un día Olga se marchó, no recuerda por qué, a bailar corridos con un novio que le había tocado en una piñata cuando era chica, una primavera. Aquella tarde Sara se puso un vestido y fue a ver al muchacho de la tienda de alimentos del barrio, y en cuanto entró por la puerta, se levantó la falda y le dijo: ¿Tú tampoco lo quieres?. Y el chico, que estaba cortando cabezas de pollo, se rebanó un dedo de cuajo que fue a parar detrás de la puerta.

Poco después se mudó a San Francisco, con una nueva familia que la había adoptado a regañadientes porque no quedaban niñas de porcelana en el orfelinato y esa era la que había. Y allí. En San Francisco, conoció a un tal Adamns entre clase y clase de instituto. Fue en los baños. Fue rápido. No fue bonito.

Todos los sitios del mundo eran iguales. En todos había gente. En todos siempre había alguien demasiado amable y que se acercaba demasiado, y eso, no era bueno. Había decidido hacía ya hacía algún tiempo que con una manera de ganarse la vida como la suya a costa de la de otros, lo más cerca que tenía que estar de alguien era a un largo de cañon. Bang. Y tan amigos. Nunca tenía nada en contra de ellos. Sólo era trabajo.

-¿Nos vemos mañana, Sara?

No, Alicia, mañana Sara ya no estará aquí. Se habrá ido. Lo más lejos posible de alguien como tú. Tan pajarita de papel, tan cachorro de husky, tan golondrina. Sara buscará otro ático en otra ciudad donde haya gatos. Porque si no cualquier día tendrá que cruzarse contigo en un semáforo, en alguna esquina, y eso, no-es-bueno. Porque cualquier día, alguien al otro lado del teléfono, podría señalarte con el dedo, da igual quién- y hay tantos porqués por los que alguien haría eso que es mejor no pensar mucho en ello-, da igual por cuánto. El mundo está loco. Y tu cabeza rodaría por el suelo, Alicia. Siempre hay alguien que quiere una cabeza. Y eso sería como matar a tu perro.

Pero ha sido bonito...

-Quiero un billete para el próximo vuelo a New York.

-¿Equipaje?

-Esta pulsera. Era de mi madre.



2 comentarios:

  1. Nueva York es una buena ciudad para esconderse.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Para Sara cualquier sitio es bueno para esconderse, por supuesto New York es ideal Ficticia. ¿Lo conseguirá?

      Besitos.

      Eliminar