2 de agosto de 2015

Sara, Le Fanzine nº 11


“-Hay algo bueno en cada uno de nosotros, Sara. Yo creo en ti”.

Lo más parecido a una novia que Sara había tenido era Michelle. Incluso habían alquilado un pequeño apartamento antes de cumplir los diecinueve. Nunca hablaban de los padres de Sara aunque Michelle conocía la historia de boca de los padres adoptivos número siete, eso, decían, no la había dejado crecer derecha como un árbol, si no que la tenía retorcida y no la dejaba ser feliz y era, normal que tenerla cerca fuera un verdadero laberinto. Era como si Sara no quisiera un sitio en el mundo. Así que estaban encantados de que Michelle se hiciera cargo de ella, a pesar de que eran católicos y nunca aprobarían una relación como aquella.

Con Michelle todo era suave. Todo costaba menos. No había cuestas arriba. Y tenían un gato que Michelle acariciaba y con el que hablaba completamente convencida de que la escuchaba:

“Lucy...¿no crees que Sara es lo mejor que nos ha pasado?”

Y luego se quedaba mirando a Sara con aquellos ojos de agua y le pasaba la palma de la mano por la mejilla y sin abrir la boca le decía, yo, soy tu paz.

Aquel era el momento que Sara había estado esperando toda su vida.

Iban a abrir una pequeña tienda de regalos en el centro, con el dinero que Michelle había heredado de una tía medio inglesa a la que habría visto un par de veces en los últimos cinco años. No era mucho. Pero era suficiente. Con Michelle suficiente, era mucho más de lo que Sara nunca hubiera imaginado.

Dos días más tarde, Michelle estaba desangrándose en una parada de autobús porque alguien la había atracado y como no llevaba nada encima, le metió tres navajazos.

Sara estuvo muchos días sin decir nada.
Daba tanto miedo verla mirar por la ventana que sus padres echaban el pestillo por dentro de la puerta del dormitorio.

Si había algo bueno dentro de ella, ya no estaba.








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