4 de agosto de 2015

Sara, Le Fanzine nº 13


Sara lleva todo el día mirando cada cuarto de hora por la mirilla de la puerta. Ayer, cuando volvieron del hospital, Susi volvió a disculparse: “Yo...”. Sara no la dejó decir nada más. La besó. No pudo evitarlo. En la boca. Sin lengua. Como hacía mucho tiempo que no besaba a nadie. Después le dijo, “estamos en paz”, y se perdió entre las calles de Queens buscando una cafetería donde arrojarse dentro de un capuccino, como una piedra.

¿Pero en qué estás pensando, Sara?
Prometiste odiar a todo el mundo....

Eso fue mientras se envenenaba de a poquito mirando por aquella ventana donde se puso a llorar la muerte de Michelle tantos días, del todo convencida de que la vida se estaba riendo de ella desde hacía mucho tiempo. La noche que atravesó de punta a punta el cielo una estrella fugaz, y Sara, pidió su deseo:
“Quiero matar a mucha gente”.

-Toc toc toc.

Hacía tanto que a Sara no le brincaba el corazón...

-No deberías estar, no sé, ¿en la cama, Margarita?

-Ya estoy buena. Pero buena de ir al colegio, no tanto.

-¿Qué quieres?

-Mamá ha hecho pollo para comer. Es un pollo enorme. De trescientos kilos creo o algo. ¿Te gusta el pollo?

-¿Te ha mandado tu madre?

-No. Al revés. Me ha dicho que ni se me ocurriera llamar a tu puerta nunca nunca nunca más.

-¿Y entonces?

-Emmmm....

-Voy a salir. Lo siento pero...

-Eres una mentirosa. Vi cómo besabas a mamá. A mamá no le gustan las mujeres, creo. Le gusta Paul Newman. Y Gregory Peck. Y un presentador que siempre que sale me dice calla calla, y se le cae la baba. Pero dice que eres una buena chica. Yo creo que le gustas. No para novia, creo. Dice que qué pena. Que ha debido de pasarte algo. Algo muy triste. Con lo rico que me ha salido este pollo y esa chica tan, tan sola dice. ¿Vais a ser novias?

-No.

-¿Por qué?

-Porque no.

-¿Y por qué no?

-Porque bla bla bla y bla.

-¿Y por qué bla bla bla y bla?

-¿Es que no piensas parar nunca?

-¿Es que no piensa parar nunca?

-Lo que me faltaba.

-Lo que me faltaba.

-Te parecerá muy divertido. Pues a mí no me hace gracia.

-te parecerá muy divertido. Pues a mí...

-Ya-vale.

-¿Vas a comer con nosotras?

-No.

-Vale.

Margarita se ha marchado pasillo abajo sin decir nada más y Sara ha cerrado la puerta. Y justo cuando iba a sentarse en el sofá cinco minutos más tarde...

-Toc toc toc.

“Se acabó. La tiraré por la ventana y cambiaré de ciudad”.

Pero cuando ha abierto no había nadie. Nadie y una bandeja con pollo y ensalada en el suelo. Y zumo de naranja. Y ese pan de centeno tan rico.  



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