14 de septiembre de 2015

Opción B



Treinta y dos días después de que enterraran a Clarita en San Fernando, Luis se metió un tiro.
No tuvo que ver con que él siempre hubiera estándole diciéndole a Clarita que, sin ti, me moriría, ni nada parecido. Tuvo que ver con los objetos. Con el cepillo de dientes de Clarita pudriéndose de viejo en su vasito. Con las bragas de Clarita ondeando a media asta todavía en el tendedero. Tiesas como un bacalao y manchadas de cagadas de paloma. Tuvo que ver con el silencio de la alcoba y a lo lejos los taxis y los perros ladrándole a los basureros, con contar ambulancias que aullaban en medio de la noche en vez de ovejas, que ver con las estrellas. Tantas. Tan pequeñas.
No fue por el amor. Fue por los jueves. Que ya no eran los mismo. Los jueves jugaban al parchis, y quién perdía, fregaba los platos toda la semana. No fue por que no hubiera nada en este mundo como ella, si no porque ella, era imposible. Y en cambio existía. Fue porque ya eran novios en el cole. Porque habían visto crecer a siete nietos. Porque se tocaba, y le faltaban partes en el cuerpo y, le dolían todos los huesos de echarla de menos por la casa.




14 comentarios:

  1. Pegamos el jarrón roto con rastrojos de alma hasta que el alma no es suficiente pegamento.

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    1. Se es libre de elegir ajeno a cualquier forma de locura, otros caminos.

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    1. ¿Por qué me has castigado sin respuesta? ¿he dicho o hecho algo malo? perdón!
      Mejor borro... supongo que mis borrones han pasado de flores a lechugas... ok! no pasa nada.
      Lo siento... lo que sea que te haya molestado.

      Me vas a volver majara perdida... más! ;)

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    2. Ni sé de qué hablas. Se me habrá pasado María. ¿Me perdonas? Pero si estás en tu casa.

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  3. Qué bien, Billy, qué bien...un abrazo.

    Os eché de menos en La Carbonería cuando presenté el libro.

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    1. Gracias Manolo. Ya sabes, me hubiera gustado pero. Abrazote.

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  4. Me has estremecido porque es algo que me viene a la mente a veces. No el suicidio, pero sí que algún día o yo o mi marido tendremos que vivir sin el otro, la sola idea me parece insoportable. La vida nos pone pruebas tremendas.
    Un texto lleno de sensibilidad, gracias.

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  5. La tristeza mata, sin duda. Pero de la tristeza sólo puede salir uno.
    Ainsssssssss cuanto dependemos de los demás y más si toda una vida
    ha sido compartida con el mismo amor.

    Emotivo. Triste, a veces cierto.

    Besos

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    1. Ay la tristeza, que mata más que el tabaco...

      Besitorrrrrr.

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  6. El dolor que se esconde ahí, detrás del azucarero, en el cajón de los calcetines o la funda de la almohada es el más difícil de ahuyentar. Sin duda.
    Besito.

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