25 de noviembre de 2015

De las oscuras golondrinas


Mientras el mundo se derrumba
tú cambias la cama de sábanas.

La calle está llena de muchachos que acuden
a la llamada del Sinsajo.
De hijos nuestros.
De rabia.
De toda nuestra rabia, y tú,
aunque no quede nada en pie has decidido,
que a las tres hay que estar en la mesa.
Y rezar por el hombre, por todos los caídos,
los unos
y los otros.

Y de postre, natillas.

Olaf me dijo que las bombas cada vez caen más cerca.
Y tú limpiando el polvo...
Y tú diciéndole a los chicos que vayan a la guerra
con ropa interior limpia. Que nunca se sabe.
Que se laven los dientes antes de acostarse.

Olaf también me ha dicho que entran en las casas. Que lo rompen todo.
Que se llevan a las niñas.
Los dientes de oro.
La mermelada.

Y tú regando jacintos en el patio, calas, rododendros.
Y tú riñéndome porque he dejado encendida las luces del baño.
Y tú asomada a la ventana para verlos venir porque ya son casi las tres.
Todos los días.
Como si todavía fuera ayer
que se perdieran calle abajo cantando que iban a volver
con la paz entre los dientes.



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5 comentarios:

  1. Y pensar que lo natural es lo desacostumbrado... ¡Qué el hogar no se derrumbe ante el mundo aunque tenga mucho de doméstico!

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  2. Recuerdo a Olaf. Sí, ya hablaste de él en otro texto.
    Y aunque Olaf nos cuente su realidad. La nuestra es otra. La de cada hogar. Y rl día que llegue llegará y si nos envenenan a todos con armas biológicas. Mejor no saberlo. A veces sufrimos más de los posibles y las presunciones que de los acontecimientos.
    Sabes ella es inteligente.
    Como aquel padre de la peli la vida es bella.

    Besicos

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  3. Lograr la naturalidad en tiempos revueltos es toda una virtud...
    Besos.

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