22 de noviembre de 2015

Peón a alfil siete


Mi ubicación actual es aquí. Mi reloj marca ahora. Hay una explosión a mi espalda; pero no me giro, porque soy, un tipo duro. Además, era mi vida, que ha estallado en mil pedazos. Otra vez. Meto la mano en el bolsillo y busco. Aunque sé que no habrá más de ocho dólares, y una nota que quería dejar encima de la mesa. Pero no he podido. Hay cosas que un tipo duro se puede permitir: “Querida Cecile, cómprate otro perro”. Al fin y al cabo ella no tiene la culpa de que yo coleccione horizontes, ¿verdad, Ufo? Ufo me mira y mueve el rabo. No sabe quién era James Dean. Ni un chevrolet del cincuenta y cuatro. No sabe a qué saben los kilómetros ni el viento, ni la sal en la boca si cruzas de un estado a otro por la costa.

-¿Dónde quieres ir por ocho dólares muchacho?

-¿A cualquier sitio?

Los andenes huelen a basura y a pies y a colillas de tabaco. En cambio el cuello de Cecile olía a cisne blanco. Debo ser estúpido y hace frío. Y tengo hambre. Así que Ufo y yo compartimos una lata de comida para perros. Y todavía me quedan seis cigarros.

Ese es nuestro tren. ¿Lo escuchas, perro? Podría escuchar esa canción mil veces. Veremos encenderse las farolas y las luces de los coches desde la ventanilla mientras el sol se pone sobre la ciudad, y mañana, estaremos caminando hacia no importa dónde mientras algo estupendo nos encuentra. 



11 comentarios:

  1. Otro cisne blanco cualquier ubicación es la excusa perfecta para acometer un nuevo horizonte.

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    1. Ya sabes, ese animal denominado comunmente como culillo de mal asiento.

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    3. Hermosa exposición, casi exponencial y explosiva. Si te escondes detrás de un cisne perdido, acaba mal, sólo entrelazando cuellos y almas o asistiendo a una terrible tortícolis de gaznates puede salir bien. No importa si el nuevo horizonte es un ganso o un pavo real (esa es la excusa para seguir y argumentar los pedazos).
      Pienso, María, que cuando tu subconsciente se lanza es capaz de sutilezas que trascienden a cualquier chatarrería. Tus dos últimas lineas se me quedaron ahí: "ni siquiera con la puesta de sol más preciosa que exista en el tirar la última pieza".

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    4. Precisamente, María, las dos últimas líneas lo están diciendo todo. Y lo sabes. Por eso las has dejado. Hansel y Gretel hacían lo mismo.

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  4. Lo siento mucho, a veces digo muchas tonterías.

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    1. Tú te lo guisas y tú te lo comes. La madre que te parió. Ay, María, que vas dando luz allá por donde pisas.

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