28 de abril de 2015

Saint-Tropez, junio


A veces me gustaría estrangularte con mis propias manos.
Otras te elevaría a los cielos cual Teresa.
A veces te empujaría por un barranco y otras no podría respirar sin ti. A veces, te pondría una bolsa de plástico en la cabeza y otras te haría el desayuno.
A veces haría fotocopias de tu puta cara y la pegaría en las farolas.
Otras me pondría en tu lugar. Y moriría. Una. Una y otra vez.

Suena una canción de Rey Ruiz. No sé quién coño es; pero los toques de trompeta de la orquesta se me meten dentro a tocar las maracas con mis huesos y poco y a poco caigo en un vaivén al principio casi melancólico de caderas y me pongo a dar sin darme cuenta pasitos pequeños que van ganando intensidad hasta convertirse en un baile a sottovoce por toda toda la habitación mientras trasiego con las cosas que hacer en casa y así, con el plumero en una mano y en la otra una pequeña regadera llego a la cocina hecho un Fredd Astaire y llorando como una niña porque esta mierda de música me recuerda a ti.
Las bolsas de basura también me recuerdan a ti porque huelen a fresas.

Cada día me esfuerzo un poco más por deshacerme del legado que el sistema me ha inculcado desde la más tierna infancia. En el ojo por ojo. En el diente por diente. En el yo. Yo. Yo.
Casi todo es humo:
tus zapatos buenos, tu seguro de vida, la camisa del domingo...

Siempre he querido ser una princesa. Ya sé que soy un tío.
Siempre he querido brillar como una estrella. Ya sé que soy oscuro. Casi invisible.

No siempre se alcanzan los sueños.

¿Pero sabes amor? (donde quiera que estés): la vida es estupenda. En cambio las personas son horribles. A unos les encanta la leche con galletas y otros son intolerantes a la lactosa por ejemplo y en cambio, los ríos, todos, van al mar.


Cada vez que me quedo mi amor te crece, como a pie de ribera los juncos verdes.


22 de abril de 2015

No tires de la anilla


Eres muy buena haciendo números, tú:

“Te repito por última vez,
que (puntos suspensivos)”.

Matemáticamente, después de la última, no hay otra:
“Te vuelvo a repetir”.
Que.
La vida está llena de puntos suspensivos.
Esas terribles cositas
que atacan de tres en tres.

Yo soy más de Haikus:
Martillo.
Cabeza.
Y fumarse un cigarro.

Más de leer a Emil Cioran y toda esa mierda.


¿Cenamos? Naufragar me da hambre.


20 de abril de 2015

Silver Rain


Ahí tienes Chet: Otra botella.
Toca esta noche para mí. No saltes por esa ventana.

A Charles le gustaba hacer pis en la nieve, Chet.
Charles era mi perro. Lo mató un camión.

Recuerdo las tetas de Bessy. Por ejemplo. ¿Sabes Chet?
Bessy era de segundo grado.
Lo hicimos en los baños de la biblioteca.

También recuerdo Omaha.
Y el invierno.
Pero Chet, lo único cierto
es que estás tan muerto como mi perro
y yo estoy hablando solo,
 otra vez.



9 de abril de 2015

The life of Mary


Las plantas no hablan. Pero saben escuchar:

“Ya nunca hacemos nada juntos. Siempre está cansado; siempre estoy cansada. No me acuerdo de la última vez que fuimos al cine. Si no fuera por vosotras...por ver brotar las flores, por este sol, por el agua fresquita en los pies...pero le quiero. Le quiero más que entonces. Y aunque no me lo diga, él también. Y si lo pienso bien al final hicimos tantas cosas juntos que alguna de ellas ya va a la universidad y la otra tiene un novio indio. De la india. Y esta mañana antes de ir a trabajar me ha preguntado que si a la vuelta quería que se pasara por la confitería. Porque sabe que me gusta el chocolate. Y todavía me da un beso antes de cerrar la puerta. Tengo que comprar un tiesto grande. Y más abono. Tengo que preguntarle a mi marido que a qué huele. La última vez que usé perfume fue en la boda de...Que cómo se llama. Que si es guapa.”



7 de abril de 2015

Bonita


Siempre que llueve, escampa. Menos aquel abril. Aquel abril llovió tanto que el agua le salía a la gente por los ojos. Algunos saltaron desde un quinto, otros, se metieron a curas y otros acabaron perdidos en algún lejano y desconocido lugar con cuatro calles y un bar donde morir lo más lentamente posible. Llovió tanto, que. Y así conocí a Walter. Walter era un híbrido. Lo ponía todo perdido de escamas y a veces, cuando le rozaba con la punta de los dedos las alas de su espalda sólo por placer, saltaban chispas azules y pequeñas como granos de arroz como si un operario lo estuviera soldando al puente de Brooklyn para disfrute de transeúntes y palomas. Tenía una aeronave. Yo siempre me montaba detrás con un pañuelo blanco en la cabeza porque desde chica me gustaba la Hepburn, y así llegaba al baile sin un sólo bucle fuera de lugar, como no podía ser menos en una adolescente que juntaba las rodillas al sentarse y mascaba chicles de fresa para cuando el primer beso. Por entonces las rubias teníamos fama de tontas, no sé, si es que caía muerta en los brazos de aquél bucanero de brazos-conífera o es que era rubia, pero me quedaba así como un pájaro muerto con el cuello de lado y los ojitos medio en blanco y sin un hálito de sentido común y ese temblor en las rodillas.
Estuve todo el mes debajo de su paraguas. Me acompañaba a casa como se saca un perro a pasear, pendiente de lo suyo, y cuando yo llamaba al timbre, miraba un poco al suelo y otro a mí y así se iba difuminando entre los coches con su moto hasta que no quedaba de él si no un rastro de búfalo y la extraña sensación de que nunca lo iba a decir, porque era muy corto de luces. Pero era tan dulce. Yo intentaba acercarme como una gacela y a él se le nublaban en la lengua las palabras y empezaba a decir tonterías, que no tenían nada que ver con nosotros. Y un día le dije : ¿Te gusto?.

No soy tan rubia. Ni él dijo nada. Pero aquella noche se fue con mi chicle en la boca y miró seis veces hacia atrás mientras yo me escondía detrás de las cortinas del balcón.

Nunca más he visto llover así.



6 de abril de 2015

Stratega


Si me corto una mano y bajo
a tirar la basura y luego
me siento a cenar un filete con patatas echaré de menos mi mano.

Puedo vivir sin una mano; pero así te quiero.

Si me dan una patada en los huevos y,
lloro,
¿Te imaginas sin ti? ¿Lloraría mares?
O una sola lágrima del tamaño de Arkansas,
mientras una banda de pájaros cruza el horizonte
riéndose de mí.

Si viene el coco y me come
la punta de la polla y me vuelvo una mala persona
y voy al infierno...¿me llevarías tabaco?

Yo por ti me enfrentaría a una manada de lobos hambrientos.
Esas cosas no ocurren claro pero...
Pero no saldría corriendo.
He oído por ahí que si te pones en pelotas, no atacan.






4 de abril de 2015

Un agujero negro en mi café


Amar tu cáncer y tu embolia y tu útero extinto y tu coseno.
Amar tu rastro.
Amar bonito.
Amar tu pelo blanco.
Tu plática inconexa y el brillo de la ausencia en tu memoria.
Amar tus para nada. Tu triciclo y los pájaros de tu almohada.
Amar de oído.
Amar despacio.
Amar tu hernia y amar la artoesclerosis y amar
cada uno de tus huesos y amar tus cataratas.
Amar los estorninos de la tarde. Tu colección de animalitos de cristal.
La orografía del terreno. Saberte gris. Desafinada.
Amar tus te lo dije.
Amar tu codo en las costillas y el ronquido.
Amar tus huevos fritos con patatas. Tu escarcha y Tusfístulas. Tu sombrero de copa.
Amar este siglo contigo.
Amar tan grande y tan pequeño.
Amar a oscuras.
Amar bajito.
Y amar lo pálido, el catéter, la cánula. Cada orificio. La tristeza.
Amar los No-síes y amar los por si acaso y amar los porque tú.
Amar lo podrido y lo que nunca y lo que ya,
no.
El óxido.
La sal de las mejillas.
El pan y La cebolla.
Amar el mar.

O no amar si no vamos a pasarnos
en rojo todos los semáforos.