30 de mayo de 2015

Fragmento 3


Nunca me acosté con Betty Boop. Era como, mi hermana pequeña. Pero intenté follarme un gato. Borracho haces casi cualquier cosa. Otro día le partí a un tío las costillas-esas cosas pasan; nunca sabes dónde te vas a meter esa noche- con una valla publicitaria. Nunca olvidaré su cara. ¡Para! decía. Pero yo no paraba. Porque yo no sabía parar. Ya no recordaba cómo había terminado siendo un mierda. La vida supongo. ¿Importaba? El caso es que allí estaba. No hablaba el idioma y hacía un frío del carajo.

Era una bonita ciudad para morir. 

Llovía. Siempre llueve cuando va a cambiar tu vida.
Yo estaba sentado en unos escalones a la salida de aquel tugurio. Miraba la luna desaparecer entre las nubes y me preguntaba qué sentido tenía ya alargar una derrota tan patente. Podía tomarme otra o saltar al río, como aquel gatito de ojos desorbitados que vi una vez ahogándose, y dejar que la corriente me arrastrara hasta el mar:

“-¿Toas las noche tienes ganas de morirte muhiaho?”

¿Muhaiho?

A la negra la había pintado Botero. Parecía in posible que algo así pudiera mantenerse sobre 14 centímetros de tacones. Era, como una estatua rusa. Enorme y satisfecha.

¿Muhaiho?

Y luego dijo “Pero nunca te mueres”. Y después: “Eso, es que no te quieres morir”.

Nunca sabes donde vas a acabar esa noche. Aquella, terminé no sé cómo sin zapatos y acostado en el sofá de la negra en su casa de puta y arropado con su mantita de puta y escuchando el ronroneo de su gata de puta y oliendo a jabones con forma de rosa que la negra tenía repartida por todas partes y a incienso de romero que le ponía a una virgen iluminada con velas de puta, para que no le faltara. 

Pero recuerdo que antes de cerrar los ojos la escuché decir: “Necesitas un nombre muhaiho”.


29 de mayo de 2015

El agua no se pelea con los obstáculos, los rodea


-No puedes volar por el cosmos. Y menos como un pájaro.

-¿Por qué?

-Te asfixiarías. Te congelarías. Te...y además en el cosmos no hay mosquitos.

-¿Y tú si puedes tener una foto de Buzz Lightyear sobre la mesita de noche?

-No es lo mismo.


28 de mayo de 2015

Fragmento 2


Cuando salíamos del cine todos éramos Bruce Lee, todo el tiempo haciendo posturitas de kung-fú y emitiendo grititos de perogrullo en do bemol sostenidísimo que un futuro no muy lejano también usaría Michael Jackson en sus conciertos. Las niñas iban comiendo pipas de girasol y cuchicheando entre ellas como gallinitas ponedoras, riendo con nuestras tonterías de tontos, como todos los niños. Porque todos los niños eran tontos. Y todas las niñas bonitas. Era así, y siempre funcionaba.

Pero a mí al cine de verano me gustaba ir de verdad cuando ponían una de miedo. Cuanto más verde era el monstruo y más dientes tenía o más sangre chupara el conde Drácula, más posibilidades había en la semioscuridad de las noches de agosto de pasarle el brazo por encima del hombro a Cristina mientras en algún lugar cantaban los grillos y la luna brillaba. Cristina era una de la pandilla que me gustaba porque era la única con los ojos azules, aunque tuviera las manos más grandes que yo.
Eso, y el crujir de las patatas fritas.
Cristina era muy bonita. Como todas las niñas.
Y yo era muy tonto.
Y siempre funcionaba. Y un día, Cristina me cogió la mano con sus manos más grandes que yo y se la puso mi mano en una teta.
Yo había tirado muchas veces globos de agua desde el balcón a los de la petanca o a la portera; pero aquello era otra cosa. Y me gustaba. Y tenía otra mano. Y ella otra teta.




27 de mayo de 2015

Fragmento


A los 23 escuchaba a Pink Floid y a un grupo catalán que se llamaba Iceberg, como aquella montaña que partió por la mitad el Titanic. Rock sinfónico y toda ea mierda, mientras me fumaba un porro de los de antes. No, más gordo.
Era feliz supongo. Tocaba en una orquesta. Una de cuando los pueblos no se encontraban en el mapa, y a todas las chicas se le caían las bragas con nuestras canciones. Bueno, nuestras nuestras...
Vivía en un cuartito tipo celda con cocina en el pasillo y baño compartido con un libanés que estudiaba biología. A veces también compartíamos la comida. Otras un cigarro. Las que más, los peldaños de la escalera mientras Hanny tocaba canciones del desierto con una guitarra que se llamaba como su novia Yolanda, una chica de pelo rizado y la noche en los ojos, la noche más oscura, que yo había visto nunca.
Era feliz supongo. Tenía una planta en la ventana y cantaban los pájaros y, si subía a la terraza a contar estrellas podía imaginar que el futuro estaba lleno de aventuras y chicas guapas.
Pasaba descalzo mucho tiempo, leía a Calvino, y estaba enamorado de todas las mujeres de este mundo.

Era feliz supongo.


26 de mayo de 2015

Cuenta hasta diez


 Vale tía, me has domesticado y soy tu zorro y tú, mi rosa y todo eso.

Digilinging dilgilingin dirinririn...

Eso era una guitarra. Por si no lo has entendido.
Ya sabes, uno de esos acordes que usa Tarantino,
antes de mancharlo todo de sangre.

Por cierto, lo de anoche, puf, genial.

¿Te he contado que una vez conocí a Jack Sparrow?
Además fui vagabundo-hubo más de una dama-
suicida, trovador, campeón de boxeo.
Catástrofe, huracán, cría de perro, flor.

Pues sí: también fui flor.

Y Pinocho y el conde-de Montecristo- y, el hombre invisible.

Por eso a veces no me ves.

Me ves, ya no me ves.

Pero cierra los ojos mujer. Pon algo de tu parte.

Que tengo a Jack Nicholson debajo del pellejo.
Que imagino palacios y rutas de la seda detrás de las bragas tendidas al sol.
Que hay tantas estrellas ahí arriba.
Que tú y yo, que tú y yo.

Pero no te preocupes. Tengo la solución.
De cuatro a seis y nueve a una seré un perrito bueno.
De siete a diez y de...

Empecemos de nuevo. Todos los días.

Como dos pájaros de fuego,
o la estela de un avión que cruza el cielo a las ocho de la tarde.





25 de mayo de 2015

Porque yo, vivo en un pétalo de rosa


...de chicas donde muere la película-¿o era al revés?-,
de niños que tiran los gatos al río. Dentro de un saco.
De torreones con princesa. De Normandías.
De inventos marca Acme. De sopa fría y canciones de Leonard Cohen.
De perros con pulgas, de baches, de curvas,
de malas personas.
De margaritas que siempre dicen no.

Y después estás tú. Ondeando como una bandera.

Y el Brothers in arms.


Y las luciérnagas.


21 de mayo de 2015

Cosas que odio de ti


Que pongas el despertador a las siete de la mañana y suene a las siete.
Y a las siete y cinco.
Y a y diez.
Y no te levantes.

Que te dejes abiertos todos los cajones.
Las puertas a entre medias,
Que pongas esa cara.
Ya sabes qué cara.
Como si fueras más lista que yo.

Que seas más lista que yo.
Que amanezcas en mi lado de la cama.
Que no amanezcas en mi lado de la cama.
Que te mande al carajo y no te vayas.

Odio tu optimismo. Tu estúpida sonrisa. Tus tres barrigas de la felicidad.
Odio tu parte izquierda del cerebro y su eficacia.
Odio a Xena, la princesa guerrera. Seguro que es tu Coach. Tu personal Trainig.
Odio tu boca. Porque habla y no es, nada Nerudiense.
Odio el acento que le pones a la den de que me den.
Odio tu todo.

Te odio. Te odio. Te odio.

Que me tengas así. Preguntándome si a veces no seré, para ti,
tan
poca

cosa.


20 de mayo de 2015

37 veces 37


Écoutez-moi:
hay que pintar de cal la casa,
hay que avisar al cura y podar la piedra de molino.
La alberca está llena de moscas flotando boca arriba.
Parece un fin del mundo
-acaba de pasar el hombre del trineo-; pero sólo es el principio de algo.



19 de mayo de 2015

Sr Presidente


Lo que nos hace libres, Sr presidente, es querer levantarnos con esa persona desde hace veinte años al lado. Al lado de verdad. Usted no estuvo en el entierro de mi padre Sr presidente. Ni vio soplar las velas a Judith. Ni colgó las lamparas del pasillo. Lo que nos hace libres es bajar al kiosko de la esquina a por pipas de calabaza y encender la tele y ver una película. De vaqueros. De cuando las grandes praderas estaban habitadas por enormes manadas de búfalos y las cosas se arreglaban a hostias en una cantina y luego, te tomabas dos cervezas. Y a cada uno lo suyo. Lo que nos hace libres es ir a mirar escaparates Sr presidente. Aunque no compremos nada. Lo que nos hace libres es soñar.
Y yo no digo- líbreme el dios que cada uno considere oportuno- que usted tenga la culpa- Digo que soy un pájaro. Que tengo un nido que criar, y un día, enseñar a volar a esos pichones, a surcar entre los árboles el viento, a buscar mosquitos y a, sobre todo, tener los ojos muy abiertos. Porque en el cielo hay halcones. Y en el suelo serpientes. Y en algún sitio, jaulas. Yo no digo, Sr presidente que me baje la luna. Digo que la deje donde está. Que la luna es de todos. Que un día-pasará como todo lo que tiene que pasar- llamaré al timbre de su puerta porque todo este ruido, no me deja dormir.  



13 de mayo de 2015

Política interior



Error nº 1: quise besarla.
Error nº 2: la besé.
P.D.(post dat): soy hombre muerto.

Y todo porque soy fontanero.
Porque mi padre era fontanero.
No sé que era mi abuelo. Era mi abuelo. Me sentaba en sus rodillas.

Y todo porque ella es un suicidio.
Porque su padre es senador.
Porque su abuelo fue senador.

Sólo tenía que arreglar un grifo:
“Me llamo Belinda”.
Y hablamos del tiempo. Y de Sorolla. Un pintor valenciano.

Me dio su teléfono:
313 esto no puede estar pasando.
“Iré sin Kevin Costner”, me dijo, y quedamos a las siete.

A las siete y dos cafés,
probé su boca en algún callejón de Detroit, hora oficial.
Tenía nueve dolares y treinta centavos.

Al día siguiente alguien me dijo, vamos,
a dar un paseo.

Lo último que recuerdo, es que había merecido la pena.





12 de mayo de 2015

Modo Crazy


-Debo tener amnesia primaveral o...siempre estoy cansado y...

-Lo que tienes es que terminar de comerte lo que queda en el plato papá. Y 83 años. Eso es lo que tienes. Y se dice astenia.

-No me gustan los macarrones.

-¿Desde cuándo?

-Desde hace media hora. Tu madre hacía mejor de comer.

-Un día te voy a meter en una residencia ¿sabes?

-Me da igual.

-¿Y hoy qué te pasa? Tómate la pastilla. Esa no. Primero la azul. Que esa no. La azul.

-Me quiero morir. Eso me pasa. Que no quiero que me limpies más el culo.

-Pues si te quieres morir no te tomes la azul. Y a mañana no llegas.

-Pero es que mañana tengo dominó con estos. ¿Dónde está mi nieta?

-En la biblioteca.

-Se viste muy corto.

-Tiene 13 años.

-Y seguro que fuma. Quiero ir al baño.

-¿Otra vez?

-Y quiero que me entierren con mi traje de rayas.

-Hoy es el día. ¿Verdad? Como te aburres...

-Hija...

-¿Qué?

-Hoy hace cuatro años.

-Ya lo sé papá.

-¿Sabes lo que más hecho de menos?

-¿Sus macarrones?


-Y las espinacas con garbanzos.   



11 de mayo de 2015

Gypsophila paniculata


Si hubieras visto la película sabrías
que cuando dije como quieras dije amor.
No dije tú verás ni dije, bah.
Dije por ti.
Que cada vez, “como desees”, era cierto.

Si creyeras en Batman como yo, en la fe, en la justicia.
En que está por encima de nosotros.
Si hubieras visto amanecer. El sol y tú. Tú y nada más.
Abrirte en canal.
Y por un momento, ser libre, yo, lo he visto.

Números, números números. Cantidades y cuántos. Medidas. Balanzas.

No estoy seguro de que hayas leído a Exúpery.

La vida es más cosas. La vida son hojitas que caen de los árboles.
Es El Bronx y es el Harlem y la hambruna Etíope y,
también es el arrullo de un río. Y el vientre de tu madre. Y un pájaro.

Te juro que la vida es más cosas.

Si te hubieras tirado de algún precipicio si,
te hubieras hundido como un barco si,
si yo fuera más guapo, más listo, mejor, si...

Si fuéramos otros.





10 de mayo de 2015

Historia a ningún sitio



Había olvidado el tabaco en la oficina. Encima de la mesa. Junto a una foto donde papá y yo estábamos esquiando. Suelo volver andando a casa y justo estaba a mitad de camino. En realidad no era papá. Era un señor austriaco que rondaba a mamá desde que llegamos a la estación y que seguramente ya la había abierto de piernas en la sauna, entre nubes de vapor. Yo tenía 13 años y el pelo muy largo. Semanas después tuve mi primera regla. Mi madre era muy fría, fría como el veneno, como aquella nieve. En cambio el austriaco era un tipo simpático y me ofrecía cigarrillos a escondidas, a cambio de que me esfumara y les dejara a solas unos veinte minutos, aproximadamente.
Estaba deseando llegar y ponerme el pijama; pero di media vuelta. Como el día que me dejé el bolso en un banco del parque. En realidad lo único que me interesaba de aquel bolso era una servilleta de papel manchada de café con un número de teléfono apuntado en una esquinita con bolígrafo rojo. El número de Davis: “Y seguimos charlando si quieres”. Davis era como uno de esos billetes que te encuentras por el suelo, de esos, que recoges con los ojos entornados y aguzando a los lados a ver si alguien está mirando, de los que guardas apresuradamente en el bolsillo para volverlo a sacar al doblar la primera esquina y esbozar una magnífica sonrisa porque te los vas a gastar en eso que tanto estabas deseando. Bueno: había caído del cielo. Y claro que quería seguir charlando. Y perderme en aquellos ojos grises aunque sólo fuera a durar un par de semanas y el amor fuera mentira. Y morirme del gusto. Pero el bolso no estaba, y en su lugar, había una cagada de paloma.

Justo encima de la mesa. Casi a oscuras, cogí el paquete y el mechero y volví a cerrar la puerta tras de mí, plom, a bajar las escaleras tap tap tap y a enfilar mis pasos hacia un apartamento en la avenida Michigan al que llamaba hogar por no perder el norte. Recuerdo que lo primero que hice fue encender la tele; lo segundo estirar las piernas en el sofá, y lo tercero, encender un cigarrillo del que salió un humo blanco que formó, ya ves, en el aire la palabra “Para siempre”, que era, con diferencia, la palabra favorita de Justin. Y yo le decía que en realidad eran dos palabras. Aunque en inglés sería sólo una. ¿Por qué no lo decía en inglés? A ver si me enteraba. De que para siempre, una palabra que desafiaba las matemáticas, era algo superlativo y casi mítico que únicamente alcanzaban algunos privilegiados. “Como nosotros. ¿Verdad gatita?” . La historia es que yo no era su gatita. Y el final fue que después de seis meses durmiendo en el lado izquierdo de mi cama Justin tomó el ascensor hacia abajo un caluroso día de agosto y nunca más volvió. Me emborraché. Como una mula. Y al día siguiente, amanecí otra. Siempre lo hago. Siempre me levanto. Siempre lo consigo. Mis siempre y los de Justin no eran los mismos. A veces, mientras lo hacíamos, cerraba los ojos y pensaba en Davis. El chico de la voz de caramelo.





6 de mayo de 2015

Paralelo 37


Digo te quiero y digo miedo,
miedo a estar solo. Solo sin ti, digo, te quiero y.
Digo: te quiero, y digo luz, toda esa luz
saliendo como el sol de una chistera, tú,
qué sabes de pirámides ¿verdad?

Sabes de sacos y de huesos; de mermelada y e ciruelas.
De atunes rojos.
Sabes del hombre y sus despojos. Sabes algo del mar,
o lo imaginas, sabes,
al menos 100.317 cosas. Coma siete. Tal vez más.

Pero no sabes una (¡¡¡Píiiiiiiiiii!!!) de piramides.

En las postrimerías del mundo, mientras tú te mecías,
yo ya escuchaba a Joe Satriani.

Cuando digo te quiero digo hambre.
Digo tus croquetas y digo TU ensalada y digo TU carne y digo masticar de una manera miserable tus entrañas y tu pellejo como un perro,
arg arg arg,
rabioso.

Cuando digo te quiero digo alzar, esta bandera.


5 de mayo de 2015

Yo no mato perros


El amor es una mierda.
La lluvia es una mierda.
La vida es una mierda.
Los bebés son una mierda.
Sacar al perro es una mierda.

Pero tú, tú eres más bonita que un rayo de luna.
Que un submarino.
Que mi caja de herramientas.

Que un campo de trigo.

Bonita de morir en la cruz.