28 de agosto de 2015

Las uñas de Ava Gadner



Es muy importante pisar charcos, bebé, y,
no agitar una bandera a menos
que tengas las manos tan limpias como antes de comer.

No vendas tus sonrisa, bebé, regálala.
Sonríe todo el tiempo.
Porque llueve; porque escampa; porque es viernes; porque duele.

Y mientras duela, bebé, es que estás vivo.

Este planeta no está mal. A mí me gusta.
Y seguro que hay un sitio para ti.
Deja que te busque. Quédate. Ser astronauta,
está sobrevalorado; ser futbolista no está mal.
Pero si de verdad quieres ser algo,
tienes que ver Billy Elliot.

Yo estaré cerca. Siempre. Porque vas a caerte muchas veces.



26 de agosto de 2015

The Black


¿Te acuerdas del día que mataste una sartén con una cucaracha?
¿De cómo utilizabas como crema mi esperma en la cara?
¿De los castillos que hicimos debajo del paraguas? En aquel aire.
¿Recuerdas la ventana? Yo te esperaba allí. Con el pico abierto.

Mírate ahora. Comida de gusanos. Bajo la tierra.
Mira mis manos. Vacías. Sin besos que llevarme a la boca.
¿Con qué? ¿Tu sabes la de huecos? ¿Que soy un agujero?
¿Que duermo con zapatos?

¿Te acuerdas del concierto de helado a dos cucharas?
¿De aquel truco de magia?
(la mordía en el cuello
y se le caían las bragas)

De tanto amor de antes de la guerra.
De cuando el prado y las cigarras y tú y yo, tan chicos,
tan bonitos.
Tan lejos de las bombas que llovieron después
sobre todas las cosas que amábamos.

Donde estaba la iglesia han puesto un bar de putas.
La casa de tu madre está de pie. Blanca. Al sol. Todavía.
Pero Genaro se murió. Arrugó el labio y a Bastián,
se lo llevaron entre dos a la pared del patio.

Tu coño de pan y naufragar
hasta partirme en dos como un buque mercante en mitad del océano Pacífico.
¿Recuerdas que gritaba como un cerdo?
¿Recuerdas cómo te llamaba?
Colibrí mío. Ramito de azucena. Guarra. Cométela. Así. Así. Hasta el fondo.

Este ya no es sitio para nadie.
Sólo hay ruinas.
Humo.
De lo que un día fue donde existimos.




25 de agosto de 2015

Jaque mate


Adeline me ha trenzado un lacito en el dedo meñique con una hebra de pelo.
Jura.
Y he jurado.

Después me ha puesto una venda en los ojos.
Y he sentido la pared en la espalda.
Y todo ese amor clavándose en la carne.



El cuadro es de http://www.joseppla.com/


22 de agosto de 2015

Proyecto Harmony


1.051mil doscientos millones de segundos.
Eso hace.
Hoy a las cinco de la tarde.
¿Y sabes qué voy a regalarte?
Una mierda.
Porque soy un parado.

Uno no tiene palabras, tiene indicios, torpes bazas
para describir el canto de los pájaros.

El silencio de altamar.

Un día el fotógrafo del pueblo tuvo que ir a recogerme a las tres de la mañana porque yo había acabado con el coche dentro de una fuente. Cuando llegó se quedó mirando aquello y me dijo “¿Pero qué estás haciendo con tu vida?”
Como la vez que aquel camello me dio una hostia en plena calle con la palma de la mano abierta y me escupió que era un cobarde, que por qué no salía corriendo detrás de ella, que ya quisiera, para él, una mujer como aquella. O cuando...

He mandado a la papelera de reciclaje 18 documentos de texto sólo para decir te amo.
Me pregunto qué quería decir en realidad.

Me empeño en que la vida ha de ser tal.
De cuál manera.
Así, como me han dicho.
Y sufro.
Porque nunca es la vida que me habían contado.

Tener una hipoteca no me hizo feliz.

No soy feliz.
Porque no alcanzo mis metas.
Porque llueve.
Porque no llueve.
Porque no pasa lo que quiero.
Siempre.
Y que mi vida sea perfecta.

En cambio cuando escucho los pájaros,
no necesito nada.
Sólo que la vida me atraviese.
Y es estupendo.
Emocionante.
Fenomenal.

No se parece en nada a mi hipoteca ni a, mis ocho horas o,
a hacerte el dormido.
Porque no tienes nada que decir.
Porque sólo es otro día.

Sí, he sacado la basura.

No quiero ser mejor.
Mejor que tú, mejor que nadie.
Quiero ser yo.
No quiero tener más.
Más obligaciones, más complejos.

No quiero una casa grande ni un coche grande ni un gran plan de pensiones.
Quiero una casa pequeña y una bicicleta y, ese jamón york tan rico, con pan.

¿Sabes por qué te beso así-ratatatá-? Porque te quiero.
Son besos metralleta. Dispara muchos besos en muy poco tiempo.
Ratatá. Alguno, te da.

¿Qué habrá después de tanto tiempo detrás de un máscara?

Alicia lo sabía.

Por eso saltó de una ventana. Tú no conociste a Alicia.

La vi volar como un vencejo entre los mástiles
de las banderas y las gárgolas de piedra.
Desnuda y libre y más Alicia.
Se hubiera dicho la cola de un cometa.
Una libélula.
Y al fin, se estrelló contra el suelo.

Minutos antes me había preguntado si era guapa.

¿Qué le iba a decir?
¿Que ya no me acordaba?

Los sábados ya estábamos todos delante del televisor aquél con dos botones gordos esperando con la boca abierta que empezara la Heidi. Lalarrá lará lará, lalará lará lará...la niña de los Alpes.

Herramientas para ser feliz o al menos intentarlo: dos cucharitas. Helado.
Tú por ese lado.
Yo por el otro.
Hasta que toquemos fondo.

Y así pasamos los días.

No sé si escribir lindos poemas con chicas de coños depilados o,
hablaros de Isabel, la niña de una sola pierna.
De ningún padre.
Sin mañana.
Como todos los cachorros de la guerra.

No sé, ni por qué todo brilla.
La vida es hermosa.
La vida es hermosa.
Me repito mil veces.
Como un colegial castigado a escribir sus pecados.

A mí la francesa me ponía como una moto. Como un burro. Como un mono blanco. Era amiga de la dependienta de la tienda de regalos que hacía esquina en la plaza, Marialgo, y esta a su vez, era amiga de mi amiga la estudiante de periodismo, que solía venir a visitarnos y siempre traía una botella de vino. Lo cierto es que la francesa no se separaba de una y la otra tampoco de Nadia, así que aquella tarde terminaron de cenar en casa y ahora qué. “Ahora tengo que irme, mañana tengo examen”. Y si ella se iba, Marialgo también y por lo tanto la francesa.

¿Por qué nos quedamos, a veces, cuando en realidad deberíamos de alejarnos de aquello que hemos decidido que nos hace daño? Por el pum pum, porque latimos, porque hay otro dentro de nosotros.

El amor lo mueve todo:
los trigales; las aspas de molino; el corazón de un pez.
Por eso los brokers tienen los ojos vacíos.

Treinta y dos rosas.
Un caballo.
El viento.

I´m a bird, pero si un caimán viniera a morderme las piernas,
creería tanto en dios como unos de esos tipos
vestidos de naranja en ese corredor, tan largo.
Creeré en lo que sea,
para que el fruto de mi vientre salga sano y salvo
de este país en guerra.
Creeré en las alfombras voladoras y
la deuda exterior,
que el mundo nos debe.
Creeré que las olas no quieren comerme.

Me dijo un día Ashira, antes de lanzarse sola al mar.

Yo todavía funciono con carbón.
Amo el musgo del tejado y escribo cartas a mano,
con un bolígrafo barato y creo que este viento,
siempre trae algo.

Si me Ze pequeño es porque sos
mi amor mi complice y todo. Mi buena onda. Mi amuleto.

Tú hago el que idiota crees.
Pero es idiota soy que.
Y me yo mismo encanta ser contigo.

32 y dos rosas blancas.
Una sola bala.
Oh, capitán mi capitán.





21 de agosto de 2015

Una ventana donde lluevan barquitos de papel


Pero creo en las hormigas y en las viejas polacas de esos videos porno.
En el hombre elefante.
En Alejandro. En Efestión. En tanta amor.
En el olor a pan de una favela en Sao Paulo.
En el Doctor Zhivago, en que dentro de Clint Eastwood, hay algodón.
En Thelma y Louise. En cómo se salvaron.
En los delfines que nunca han visto un aro.
En ti, en mí, y en todas la piedras aún por tropezar.
En Oliver Twist.
En que te entre este zapato de cristal.
En los que aún tiran botellas a la mar y miran el buzón todos los días.
En los triciclos.
En que debajo de las faldas, las monjas llevan tatuajes
de marineros muertos.
En las uñas y los dientes.
En todos esos ochomiles.
En Dicaprio Y Celine Dion
-en Celine Dion menos.
Bastante menos.
Era un decir-.
En darle cuerda a los relojes.
En las bolas de billar.
En Chucky, el muñeco diabólico, y en todos los niños sin infancia.
En los libros manchados de café.
En Bob Esponja.
En que si te dibujo un corazón con mi polla en la barriga,
te convertirás en Unicornio.
En la teniente Ripley.
En las calles de Praga.
En las cartas que Joyce le escribía a Nora.
En señor Wilson y todas las pelotas de playa.
En Sarah Connors.
En Buzz Lightyear.
En que hoy,
ya es mañana.
En Popeye el marino.
En mi guitarra.
En que un día, lo azul, me tragará. Y seré un átomo. Y nunca,
nunca más,
tendré que poner pilas al mando de la tele.
En Babia. En dónde estará.
En las banderas blancas.
En las manos sin lavar.
En las Drag Queens de Sunset boulevard.
En un mapa que sólo diga :”tierra”.
En las lavanderías que aún funcionan con monedas.
En que Morgan Freeman me perdone.
Porque he pecado.
Muchas veces.
Y todas me gustó.



20 de agosto de 2015

Cabezas de alfiler tercera y última


Prefiero bailar con la escoba el resto de mi vida que
ser tu tamagotchi.

Decía yo.

Instrucciones de uso: Tragar. Beber agua.




19 de agosto de 2015

Cabezas de alfiler, parte segunda



Tan ojos tú, tan Paradise -la de Phill Collins-.
Tan mira lo que tengo para ti.
Tan cerca. Tan tibia. Tan suave.

Tan boca del lobo.






18 de agosto de 2015

Cabezas de alfiler



Adivinar la arteria y apretar los dientes del caimán o tú,
me te erizas como un gato y te brota una flor lila
-mientras el fuego te consume-,
entre la aorta y la clavícula, allá donde lo blanco de un cisne inmaculado.



14 de agosto de 2015

¿Qué pasa mientras parpadeas?



Tenía en el pelo caballitos de mar y los ojos de un husky y un caudal en la sangre de peces antárticos, y en la boca:
una ciruela.
Tocaba el violoncelo en la sinfónica de mástiles de barcos amarrados al puerto;
de postre, como una hojita mecida por el viento,
se dejaba caer sobre mi pecho...Yvana...
Y oler a nardo.
Yvana...
Y morderse los labios.


11 de agosto de 2015

Poema dentro de una chistera



Sin duda: tu sonrisa.
La forma en que cobijas mis manos en tus manos.
Por eso te quiero treinta campos de fútbol. Cuatro ballenas blancas, un tic tac de reloj.
Y otro.
Y otro.
Y otro.
La quinta de Beethoven. Una estrella fugaz, un electrón.

Un lo que puedo-que puedo siempre- y
siempre que puedo,
un-poquito-más.
Otra vuelta de tuerca. Otro quesito del Trivial. Un Tourmalet.

Un trasatlántico.

No es por las tortillas ni la ropa planchada,
porque nunca te andes por las ramas, porque a lo lejos, aquel día, parecías un faro.
Es porque me gusta hacerte cosquillas hasta que casi
te meas en las bragas.

Tampoco porque nunca, te ahogas en un vaso de agua.
Porque no te dan miedo los bichos. Por hacer de celestina con mis calcetines.
Porque siempre que suena esta canción, nos queremos como cerdos en el barro.
Porque no es por el oro o las mimas del rey Salomón ni el arca perdida ni el Santo Grial ni
una entrada para un concierto de los Diret Straits.

Es porque no quiero estar sin ti.



7 de agosto de 2015

Sara, Le Fanzine, capítulo final.


Lo tenía justo en la mira. El tipo estaba jugando al golf y lo tenía justo en la mira. El dedo en el gatillo, el pulso firme, la sangre tan fría...Pero no disparó. Sr California siguió haciendo birdies como si aún tuviera toda la vida por delante. Tumbada en aquella azotea donde se había apostado, pensó en Margarita y en cómo le gustaba cuando esta se reclinaba sobre su hombro y le contaba la forma de las nubes, o cuántas estrellas había en el cielo o que mamá, era la mejor mamá del mundo. Pensó en todas las Margaritas que tendría que haber en el campo. Pensó en Susi. En su ridículo nuevo novio o lo que fuera y en cómo Susi llegaba a casa sonriendo como una colegiala. Casi flotando. Pensó en todas las cosas bonitas que se estaba perdiendo.

-¿Sabes lo que has hecho, Sara? Ese tío va a testificar el lunes. Cuando se supone que ya debería estar muerto. Pero no está muerto. ¿Por qué?

-Lo dejo, Parker.

-Nadie lo deja, Sara...

-No tienes por qué hacerles daño. Desapareceré. Me cambiaré el nombre. Empezaré una nueva vida.

-Te encontraremos, Sara, siempre lo hacemos tarde o temprano. Y hallá donde estés, te mandaremos las manitas de esa niña metida en una caja de cartón con un gran lazo rojo.





Sara ha entrado por la puerta diciendo “tenemos que marcharnos”.

Susi está haciendo el desayuno. Margarita aún duerme.

-¿Qué tal por California?

-No me estás escuchando, Susi. Tenemos que marcharnos.

-¿...?

-Tengo que contarte algo, Susi. Siéntate.

Susi no se cree una palabra. Estás loca Sara. ¿Te has drogado?

Hay un coche aparcado en la acera desde hace un buen rato con dos personas dentro.

-Despierta a Margarita, Susi. Ya.

-¿Pero a ti qué te pasa? ¿Entras de pronto y me cuentas que alguien va a venir a matarnos y...y...? No tiene gracia, Sara. Creo que es mejor que te vayas. Que duermas un buen rato porque...

Hay dos tíos saliendo del coche. Entrando en el portal. Cogiendo el ascensor...

Llamando a la puerta.

Eres rápido Parker. Hijo de puta.





-A comerrrrrrrrrrrrrrrrrrrr...

-Un momento cariño, estoy con el final de esta mierda. Lo termino y ya voy.

-O dejas eso ahora mismo y te sientas a la mesa o te pido el divorcio. Estoy harta de tus cuentitos. Siempre estás inventando algo. ¿Y para qué? No se sabe.

-Por favor cariño, es sólo un momento, joder, cómo te pones.

-Deja de escribir. Ahora. La comida se enfría. 



6 de agosto de 2015

Sara, Le Fanzine nº 15


-¿Sara?

Hacía mucho que Parker no llamaba.

-hay un tipo. En California. Dentro de tres días.

-Voy a dejarlo.

-¿Cómo dices, Sara?

-Dale a otro ese trabajo. Voy a dejarlo.

-No puedes dejarlo. Nadie lo deja. ¿Una crisis de identidad? Por cierto. Saluda a Margarita de mi parte.

-¿Qué coño estás diciendo?

-La gente como tú no tiene muchos contactos en su teléfono.

-Hijo de puta. Si les pones un dedo encima...

-Ahora te voy a dar todos los datos de ese tipo, Sara. Y lo vas a hacer. Como siempre. ¿A que sí?



5 de agosto de 2015

Sara, Le Fanzine nº 14


Alone in the dark, alone in the dark...

En menos de tres meses, Margarita ha hecho de Sara una auténtica amiga favorita.
Hoy han ido al acuario. Las tres. Había muchos peces. Claro; es un acuario.
Y ahora mismo están sentadas en la mesa de un Mac Donals y van a pedir la hamburguesa más grande que haya. Y coca-cola. Y uno de esos juguetes amarillos que dan de regalo. Y de postre, un helado. Y luego: a casa. En coche. Porque Sara se ha comprado un coche. Y ya no tiene el pelo azul. Ahora es rosa. Bueno, es un comienzo. De algo. Aún no sabe de qué.

-Y ese chico, Susi...

-Alan, Sara. Es la tercera vez que me preguntas hoy la misma cosa.

-Sí, Alan, ya ya ya...

-¿Qué?

-Tápate los oídos Margarita.

-¿Otra vez?

-Sí, otra vez. ¿Ya?
Le partiré las piernas, Susi. ¿Entendido? Si ya sabes.

-¿Si no estoy en casa a las doce? ¿Ahora eres mi madre, Sara? Joder, sólo es una cita. Te encantaría. Es, tan simpático.

-Al principio todos son simpáticos.




A veces Margarita se queda a dormir en casa de Sara. Margarita siempre le pide a Sara que le lea. No, ese no. El otro. El que no tiene dibujitos. Seguro que hay besos. En algún sitio entre todas esas letras tiene que haber un beso.

Sara lo encontró dentro de un mueble de cocina. Iba a tirarlo a la basura, pero vio de soslayo en la primera página la palabra secreta. Una de once letras. Con bolígrafo azul, en una esquinita. Y empezó a leer:

“-Dicen que si escuchas el click de una farola, ese día, es que vas a enamorarte. Una que de luz amarilla; nunca blanca...”



4 de agosto de 2015

Sara, Le Fanzine nº 13


Sara lleva todo el día mirando cada cuarto de hora por la mirilla de la puerta. Ayer, cuando volvieron del hospital, Susi volvió a disculparse: “Yo...”. Sara no la dejó decir nada más. La besó. No pudo evitarlo. En la boca. Sin lengua. Como hacía mucho tiempo que no besaba a nadie. Después le dijo, “estamos en paz”, y se perdió entre las calles de Queens buscando una cafetería donde arrojarse dentro de un capuccino, como una piedra.

¿Pero en qué estás pensando, Sara?
Prometiste odiar a todo el mundo....

Eso fue mientras se envenenaba de a poquito mirando por aquella ventana donde se puso a llorar la muerte de Michelle tantos días, del todo convencida de que la vida se estaba riendo de ella desde hacía mucho tiempo. La noche que atravesó de punta a punta el cielo una estrella fugaz, y Sara, pidió su deseo:
“Quiero matar a mucha gente”.

-Toc toc toc.

Hacía tanto que a Sara no le brincaba el corazón...

-No deberías estar, no sé, ¿en la cama, Margarita?

-Ya estoy buena. Pero buena de ir al colegio, no tanto.

-¿Qué quieres?

-Mamá ha hecho pollo para comer. Es un pollo enorme. De trescientos kilos creo o algo. ¿Te gusta el pollo?

-¿Te ha mandado tu madre?

-No. Al revés. Me ha dicho que ni se me ocurriera llamar a tu puerta nunca nunca nunca más.

-¿Y entonces?

-Emmmm....

-Voy a salir. Lo siento pero...

-Eres una mentirosa. Vi cómo besabas a mamá. A mamá no le gustan las mujeres, creo. Le gusta Paul Newman. Y Gregory Peck. Y un presentador que siempre que sale me dice calla calla, y se le cae la baba. Pero dice que eres una buena chica. Yo creo que le gustas. No para novia, creo. Dice que qué pena. Que ha debido de pasarte algo. Algo muy triste. Con lo rico que me ha salido este pollo y esa chica tan, tan sola dice. ¿Vais a ser novias?

-No.

-¿Por qué?

-Porque no.

-¿Y por qué no?

-Porque bla bla bla y bla.

-¿Y por qué bla bla bla y bla?

-¿Es que no piensas parar nunca?

-¿Es que no piensa parar nunca?

-Lo que me faltaba.

-Lo que me faltaba.

-Te parecerá muy divertido. Pues a mí no me hace gracia.

-te parecerá muy divertido. Pues a mí...

-Ya-vale.

-¿Vas a comer con nosotras?

-No.

-Vale.

Margarita se ha marchado pasillo abajo sin decir nada más y Sara ha cerrado la puerta. Y justo cuando iba a sentarse en el sofá cinco minutos más tarde...

-Toc toc toc.

“Se acabó. La tiraré por la ventana y cambiaré de ciudad”.

Pero cuando ha abierto no había nadie. Nadie y una bandeja con pollo y ensalada en el suelo. Y zumo de naranja. Y ese pan de centeno tan rico.  



3 de agosto de 2015

Sara, Le Fanzine nº 12


Two Days later...

-Toc toc toc.

“No-puede-ser”.

La probabilidad de que un piano blanco caiga sobre ti en mitad del desierto del Sahara es de...puffffff. Pero existe. La vida está llena de probabilidades todo el tiempo. Podría incluso decirse que consiste en eso. En una probabilidad tras otra. Mientras respiramos. En un parpadeo.

“¿Las tres de la madrugada? ¿No te quedó claro, Susi? ¿No saliste de aquí con los ojos empañados? ¿Qué coño le pasa a la gente?”.

A la gente le pasan cosas. Abre, Sara.

-Toc toc toc toc toc toc toc toc toc...

Abre.

-¿Tienes coche?

Susi está delante con Margarita en los brazos. Casi no respira. Ni siquiera parece Margarita. Tan quieta, tan sin decir nada.

A la gente, Sara, no dejan de pasarle cosas.





-Ya pueden entrar a verla. No mucho rato. Yo tampoco tendría ganas de nada después de meterme ese tubo por la boca. El hospital no pondrá ninguna denuncia. Pero guarde más alto esas pastillas de dormir. Parecen caramelos.

Claro que Sara no tiene coche. Pero en minuto y medio estaban cogiendo un taxi al hospital.
La caja de medicamentos estaba vacía. Margarita Tosía. Susi la escuchó vomitar. ¿Qué has hecho Margarita? ¿Por qué lo tocas todo?

-Has venido...

Margarita tiene los labios casi blancos. Sara la tiene cogida de la mano y le está diciendo que qué remedio haber venido, que por qué lo toca todo, que son las seis de la mañana y va a salir el sol. Que si le duele menos. Que no sabe cuánto ha llorado mamá. Ríos. ¿En que estabas pensando, Margarita?

-Parecían caramelos.



2 de agosto de 2015

Sara, Le Fanzine nº 11


“-Hay algo bueno en cada uno de nosotros, Sara. Yo creo en ti”.

Lo más parecido a una novia que Sara había tenido era Michelle. Incluso habían alquilado un pequeño apartamento antes de cumplir los diecinueve. Nunca hablaban de los padres de Sara aunque Michelle conocía la historia de boca de los padres adoptivos número siete, eso, decían, no la había dejado crecer derecha como un árbol, si no que la tenía retorcida y no la dejaba ser feliz y era, normal que tenerla cerca fuera un verdadero laberinto. Era como si Sara no quisiera un sitio en el mundo. Así que estaban encantados de que Michelle se hiciera cargo de ella, a pesar de que eran católicos y nunca aprobarían una relación como aquella.

Con Michelle todo era suave. Todo costaba menos. No había cuestas arriba. Y tenían un gato que Michelle acariciaba y con el que hablaba completamente convencida de que la escuchaba:

“Lucy...¿no crees que Sara es lo mejor que nos ha pasado?”

Y luego se quedaba mirando a Sara con aquellos ojos de agua y le pasaba la palma de la mano por la mejilla y sin abrir la boca le decía, yo, soy tu paz.

Aquel era el momento que Sara había estado esperando toda su vida.

Iban a abrir una pequeña tienda de regalos en el centro, con el dinero que Michelle había heredado de una tía medio inglesa a la que habría visto un par de veces en los últimos cinco años. No era mucho. Pero era suficiente. Con Michelle suficiente, era mucho más de lo que Sara nunca hubiera imaginado.

Dos días más tarde, Michelle estaba desangrándose en una parada de autobús porque alguien la había atracado y como no llevaba nada encima, le metió tres navajazos.

Sara estuvo muchos días sin decir nada.
Daba tanto miedo verla mirar por la ventana que sus padres echaban el pestillo por dentro de la puerta del dormitorio.

Si había algo bueno dentro de ella, ya no estaba.








1 de agosto de 2015

Sara, Le Fanzine nº 10



-¿Y qué has venido a hacer en New YorK, Sara?

-Lo contrario de lo que estoy haciendo.

-No te entiendo.

-¿No sientes que hay otro dentro de ti? ¿A veces?

-Me perdí a Nietzsche en el instituto. Pero si te refieres a que no eres feliz puedo decirte un par de cosas sobre la felicidad.

-¿Más café?

-Tengo que irme. Gracias otra vez , Sara. Y el café estaba muy rico. Si alguna vez te hace falta sal, o...no sé. Algo.

A Sara le gustaría besarla. Meter los dedos entre sus cabellos despeinados y llenarle el maquillaje de besos pequeños como granos de arroz y olvidarse de todo. Besar a Susi con los ojos cerrados y desparecer. Por un momento. Flotar con Susi en una nube lo más lejos posible del ruido de los coches y el tic tac de los relojes. Lo más lejos posible de la Sara que un día aceptó el primer trabajo:

“-¿De acuerdo, Sara? Entrar...

-Hacer mi trabajo. Salir. Lo he entendido Parker.”

Hay otro dentro de nosotros que quiere salir y que en algún momento lo consigue.

-Susi...

-¿Sí?

Besar a Susi allí de pie cargada de bolsas del supermercado. A Susi con sus zapatos baratos. Con sus manos de fregar platos a nueve dólares la hora. Besar a Susi y creer en algo. Salvar lo que quede de Sara en esos labios:

-No me gustan los niños. No vuelvas a llamar a mi puerta.


Su primer trabajo se llamaba Sr Carolina del sur. El tipo puso así la mano para protegerse del arma y la bala se la atravesó dejando un agujero tan grande que al otro lado se podía ver su cara completamente destrozada por un cartucho de matar ciervos.