26 de septiembre de 2015

Todo lo que un hombre puede desear


Tú tienes un apartamento en Saint-Tropez, otro en la Habana,
una bañera llena, de pétalos de rosas de la china,
platos de porcelana firmados por Dalí
un yate con cubierta de nogal y camarotes con espejos en los techos.
Un coche, dos coches, tres coches, un palco en el estadio, las llaves de alguna ciudad.
Una medalla.
Una estatua.
El nombre en una calle.
Porque eres un gran hombre.
Un ejemplo a seguir.
El hombre que hace aparecer, de la nada
con un chasquido de los dedos cualquier cosa. Ya. Así.
Porque todo tiene un precio.
Tienes el mundo al alcance de tus manos.
Un helicóptero.
Champán. A cualquier hora.
Un panteón de mármol. Para ti sólo.
Caballos. Un gran Danés. Alfombras Persas.
Tú tienes, “Eso”. El Don. La fuerza de un jaguar.
Eres el puto héroe.
Tienes todo lo que un hombre podría desear.

Yo, la tengo a ella.



25 de septiembre de 2015

Hope y una esquina


La abrazaré, por supuesto
todo el tiempo que la llevo esperando.
Deberíais conocer a Denise.
Nadie besa como ella debajo de un paraguas.
Ya tarda. Y llueve tanto. Y tengo tantas ganas.
Denise dobla un piecito. El izquierdo. Hacia dentro. Cuando anda.
Si viniera por allí, sabría que es ella flotando entre la gente.
Gaviota de alborán blanca en el cielo, la llamé un día
y respondió que si era tonto.

A Denise no le gustan las flores de plástico.

Siempre tarda lo mismo.
Siempre me hierve todo.
Siempre aparece, bonita como un día de verano,
cuando ya estoy a punto de morir.

Ahí viene.
Ya se acerca, ya me está dando
uno de esos besos de perdona, perdí el bus
porque encontré en la acera un pajarito
y tuve que trepar a un árbol
para devolverlo al nido.





24 de septiembre de 2015

Pero sin ti contigo


Hoy he visto como se abrazaban. Hace mucho que no hacían eso. Les he oído decir que sería lo mejor para todos. Aún se quieren; pero van a divorciarse. No lo entiendo. Es como uno de esos ejercicios de matemáticas del colegio. Demasiados números. A mamá también se le dan fatal: “Quiero verte en la cama antes de las once, Claire”. Y yo le digo que a las once y media y ella que a las once y yo que a y media y así hasta que por fin lo dice: “Eso he dicho, a las once y media. Y sin rechistar”. Papá tampoco es mejor con las cifras: “¿Para qué quiere una niña de nueve años veinte dólares?”. Sólo le pedí diez. Siempre hace lo mismo. Siempre me guiña el ojo. Creo que en esta familia nadie sabe nada de matemáticas.
Coraline me ha llamado para ir un rato al parque. Le he dicho que no tenía ganas. Que prefería quedarme en casa y, me ha preguntado que si estoy enferma y yo, le he contestado que no, que es sólo que me apetece sentarme en la cocina a ver cómo mamá prepara la cena y Coraline, me ha dicho que es verdad, que debo tener fiebre y, le he colgado. A papá le encantan las albóndigas. Estoy segura de que las echará mucho de menos. Y las manos de mamá. Lo dice todo el tiempo. Tal vez encuentre algún restaurante donde hagan unas albóndigas tan ricas como las que hace mamá. Pero no encontrará a mamá en ningunas otras manos. Y creo que lo sabe, y que por eso todavía deja que mamá le haga el nudo de la corbata, y todo eso. Para que mamá le pase la mano por la cara y le diga que no pasa nada. No le da un beso; pero se miran muy bonito. Como si estuvieran deseando besarse.







23 de septiembre de 2015

Mis charlas con Peter


-Deberías probar a ponerte mis gafas.

-¿Y ser feliz todo el puto día? No lo resistiría, gracias.

-No se acaba el mundo porque se haya muerto un pez naranja.

-Sr Smiht tenía personalidad. Lo había enseñado a comer casi de mi mano.

-Compraremos otro.

-No quiero otro.

-¿No te basta con que haya pasado por tu vida, Peter? ¿Con tus charlas a solas con él en la cocina? ¿De qué hablabais?

-De cosas de hombre y de pescado. Tú qué sabes...

-Tal vez deberíamos hacerle una estatua. Ponerle su nombre a una calle, no sé. Algo que lo perpetuara. O comprar otro. Y ponerle de nombre Sr Smith II. ¿Qué te parece?

-Me parece una mierda.

-Ten.

-Que no me voy a poner tus gafas.

-Una vez. Y ya no te lo digo más.

-Trae. Ya. ¿Ya?

-Pero dime que ves.

-Nada. Tienes cuatro miopías en cada ojo, ¿qué coño quieres que vea?

-Pero pon de tu parte.

-Ohhhhhhhhhhh....

-¿Oh qué?

-Es verdad. ¿Cómo estaba tan ciego? Cuántos colores. Qué bonito todo. Joder, me siento genial, me lo paso todo por el forro de los huevos.

-Trae mis gafas.

-Idiota.

-Estúpido.



H



22 de septiembre de 2015

Autostop


Brillaba como una puta estrella en mitad de aquella puta carretera.
¿Que hacía una chica como aquella en mitad de la noche?
Tan rubia, tan lirio del bosque.
Tan sácame de aquí. A cualquier parte.
Tan soy de Arkansas y mi padre me ha tocado.
Tan ya estoy harta. Voy a ser cantante. Esta es mi guitarra.
Tan tienes fuego.
Tan fumo porque he abortado. Dos veces. Fumo porque ya soy grande.

Una chica con los ojos azules.





21 de septiembre de 2015

Luciérnagas


-¿Qué te pasa?

-...

-¿Me lo vas a decir o voy a tener que preguntarte 24 veces?

-...

-¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa?

-¿Siempre me vas a querer tanto?

-Siempre.



Superficial y pasajero


-¿Lo ha entendido, soldado?

-¡Sí, señor!

-¿Sí señor qué?

-¡La palabra Esperanza es mi única amiga. No me separaré nunca de ella. Será como las tetas de mi novia, será como mi propio culo, señor!

-¿De dónde eres, soldado?

-De...

-Me la pela de dónde seas. Seguro que sólo hay pusilánimes y vacas. Y no veo ninguna vaca por aquí. Y seguro que ahora mismo tienes los huevos de corbata. ¿No es así soldado? ¡100 flexiones! ¡Ya!

-Pero señor...

-¿Vas a preguntarme por qué, hombrecito? Porque me sale de los cojones. “Pero” es tu palabra favorita ¿verdad? Cuando acabe contigo la palabra imposible habrá desaparecido de tu diccionario. ¿Ibas a decir algo, hombrecito?

-¡No, señor!

-Si alguno de vosotros cree que estoy siendo demasiado duro con el chico puede ahorrarse deshacer las maletas y salir cagando leches de mi pelotón, ahora. ¿Nadie? Está bien...No sé de qué coño habéis salido; pero os aseguro que os van a dar ganas de volver a él.
¿Cuántas flexiones llevas, soldado?

-¡57, señor!

-¿Duele?

-¡Duele muchísimo señor!

-¡No me mires cuando te hablo maldito hijo de puta! Hasta que no aprendas a hacer algo sin dudarlo para mí no eres más que un trozo de mierda. ¿Nadie va a decir nada? Veis como un puto sargento al que no conocéis de una puta mierda humilla a este tío ¿y nadie va a decir nada? ¡100 flexiones! ¡Todo el mundo! ¡Os juro por la zorra de mi madre que voy a hacer de vosotros unos auténticos hijos de puta capaz de cualquier cosa!




19 de septiembre de 2015

La Merced


-No son horas señor Arzobispo...

-¿Podrían servirle algo de vino a mi cochero? Conduce mejor el carruaje y más callado de vuelta a la archidíocesis si está medio borracho. Y agua para los caballos.

-La señorita Madeleine está ocupada. No le esperábamos hoy, Reverendísimo.

-Tomaré un coñac mientras tanto.

La señorita Madeleine se la está chupando al decano de la universidad. Viene todos los jueves. No hay nada más bonito en París que la señorita Madeleine.

-Conrado...

-¿Sí, Vuesencia?

-¿Podría... mandarme un par de esas chiquillas mientras tanto? Para hacer boca.

-¿Las húngaras?

-Ciertamente. No poseen las cualidades de la señorita Madeleine ni por asomo; pero me divierten sus acrobacias. Por favor.

-Enseguida.

La señorita Madeleine es una artista. Puede matar a un hombre de placer sin apenas tocarlo. No hay una puta en toda Francia como ella. Dicen, que hasta el mismísimo Rey ha estado aquí, entre sus brazos, y que la puta, conoce más secretos de estado que cualquiera de sus ministros.

Dos horas más tarde el Arzobispo yace junto a la señorita Madeleine completamente exhausto:

-¿Ha sido de su agrado señor Arzobispo?

-Como siempre, querida. Tus encantos no tienen parangón. Sólo Dios podía haber puesto en mi camino a un ángel como tú.






18 de septiembre de 2015

Pecados menores


Era verla con aquella faldita tan corta y salirme colmillos de lobo. No te pongas eso, le decía yo. Pero yo lo que decía, a ella le importaba una mierda. Todo lo que no fuera, claro: te quiero te amo te adoro y te-te-te. Mira que te como. Que te saco las tripas de su sitio. Que sí, que vamos tarde, ya lo sé; pero que mira las babas en el suelo. Pero que yo que culpa tengo si es que, estás más rica que el pan recién hecho.
Y me acercaba por detrás como un cobarde y con total alevosía le pasaba las manos por aquel talle de mujer tremebunda y tan tan curva como una carretera secundaría, mientras ella se pintaba la raya del ojo. Y además olía a limones. Y además sabía a nata. Y además, se le ponían los pezones de iceberg y el vello de los brazos como púas y hacía una cosita con los dedos de los pies, que era que sí, que me metas la mano por dentro de las bragas y me muerdas la vena más gorda que encuentres. Y de allí me la llevaba a la cama a tropezones, dejándonos la piel por los pasillos, los jirones, y atrás un rastro de corbata y calcetines. Y allí la deshojaba pétalo tras pétalo hasta que toda ella ya sin cremalleras ni botones se podía slurp slurp con cucharita como un flan de vainilla. Sin relojes, sólo con la lengua, sólo con las uñas, a punto de partirnos en dos como barquitos y tensos como cuerdas de violines estallar en mitad de las sábanas en miles de minúsculos pedazos de pequeños trocitos. Oh sí. Oh sí. Oh sí a todo. Más dentro. Más rápido. Más fuerte. Me encanta cuando pones esa cara, me dice, me dice, cuando bramas como un ciervo, cuando alzas los brazos hasta el cielo y alcanzas tu rayo y toda yo, toda toda toda yo, me quemo y ardo.





17 de septiembre de 2015

El humo


Pones un dedo sobre el mapa.
Con los ojos cerrados, y cuando los abres
estás en Tahiti.
Lejos de toda esta mierda.
De sus gritos.
De sus no vales para nada.
De sus te vas a arrepentir. De sus no sabes lo que haces.

Sobre todo de la sangre.

Adele me ha prometido que vendrá.
Esta semana.
Antes de que, dice, yo salte por una ventana.
Éramos uña y carne. De pequeñas. Yo era la carne.
Si fuera por Adele, ya hace mucho que Bastián estaría muerto.



16 de septiembre de 2015

Lejos de casa



“Olivia Harley, eres la chica más bonita de aquí hasta Pensilvania”

Y ella me besaba la boca con aquello tan fresco, tan rosa, tan bueno.

“Tengo dos entradas para ver a Ritchie Valens”

Y se enroscaba como una salamandra a mis costillas
y me mordía las orejas y
gritaba
como una loca
que yo era su pequeño colibrí, su perrito adoptado, su flor de plástico.

Nunca la entendí.
Lo intenté. Cientos de veces.

Llevar a Olivia por la calle del brazo y tener la sensación
de que todo el mundo te envidiaba.
Echar otra moneda en la máquina de discos y bailar otra canción.
Ver salir el sol.
Desayunar en algún bar de carretera donde nunca antes hubiéramos estado.

Éramos hermosos como pájaros.
Sabíamos vivir en la cuneta.
Hubiera jurado que el mundo era nuestro.

Olivia fue reina del baile en Oklahoma.
Parecía una princesa. Hasta hizo un discurso:
“ ...y no olvidaros de que todos tenemos que morir algún día”.

Tenía un gato.
Se llamaba Sálomon.  



Marcos 10:25


Un camello ha pasado por el ojo de una aguja.
Lo he visto con mis propios ojos.
No sé qué de los átomos. En la tele.
Dios mío, ¿qué será de nosotros? ¿Quién habrá en el cielo?
¿Qué será de nosotros los pobres, los hambrientos, los últimos?

¿Dónde iremos?



14 de septiembre de 2015

Opción B



Treinta y dos días después de que enterraran a Clarita en San Fernando, Luis se metió un tiro.
No tuvo que ver con que él siempre hubiera estándole diciéndole a Clarita que, sin ti, me moriría, ni nada parecido. Tuvo que ver con los objetos. Con el cepillo de dientes de Clarita pudriéndose de viejo en su vasito. Con las bragas de Clarita ondeando a media asta todavía en el tendedero. Tiesas como un bacalao y manchadas de cagadas de paloma. Tuvo que ver con el silencio de la alcoba y a lo lejos los taxis y los perros ladrándole a los basureros, con contar ambulancias que aullaban en medio de la noche en vez de ovejas, que ver con las estrellas. Tantas. Tan pequeñas.
No fue por el amor. Fue por los jueves. Que ya no eran los mismo. Los jueves jugaban al parchis, y quién perdía, fregaba los platos toda la semana. No fue por que no hubiera nada en este mundo como ella, si no porque ella, era imposible. Y en cambio existía. Fue porque ya eran novios en el cole. Porque habían visto crecer a siete nietos. Porque se tocaba, y le faltaban partes en el cuerpo y, le dolían todos los huesos de echarla de menos por la casa.




12 de septiembre de 2015

San i latina


Cuando nos bebemos un vaso de agua nunca lo celebramos. Pero si, lleváramos dos días perdidos en el desierto y vagando sin rumbo, casi muertos y de pronto, encontráramos la lampara de Aladino, lo primero que le pediríamos al genio sería un vaso de agua, fresca, transparente, y lo alzaríamos al cielo y le haríamos el Hakuna Matata y nos pasaríamos la lengua por los labios y sentiríamos bajar por la garganta un río de oh dios mío, oh dios, dios, existes, y, lo dejaríamos vacío y nos quedaríamos mirando el fondo y volveríamos a nacer. Más fuertes. Mejores. Sabedores de la belleza de todas las moléculas que conforman el milagro de la vida.

Parece una tontería. Pero es verdad. Tal vez por eso no la vemos. Así podemos dejarnos abierto el grifo mientras nos lavamos los dientes. Pensar, oh, sí, claro, él me ama, eso es así, no hay, de qué preocuparse. Cuando en realidad él ya no es él. Hace mucho. Ni tú eres tú. Hace lo mismo. Por eso siempre tienes sed. Por eso le preguntas al espejo: ¿qué nos ha pasado? ¿Un tren por encima?

Quién se ha perdido alguna vez en el desierto lo celebra todo. El día de San cariño y la hora feliz de porque llueve. La nieve y las canciones de Bob Dylan, de Sinatra, de Aerosmith, celebra tener ojos y dedos en los pies, celebra cada pétalo, cada abrazo del viento, el calor de una hoguera, la luz de un amor. La hermosa sinfonía de cacharros de cocina y de cubiertos y de tazas, la hora del café, los crucigramas, el trayecto del bus, la sonrisa de las farmacéuticas, el cine y las palomitas, las pajaritas de papel, los columpios.





11 de septiembre de 2015

Leve



...mientras podo los rosales y, pienso, rayos, yo no quiero que se muera la abuela. Quiero verla sentada en el porche otra primavera, escuchando la radio, estrujando hormigas con la yema de los dedos. Este año he conseguido que den flores las gerberas. Y tampoco quiero que se acabe esa serie que vemos Roger y yo todos los mediodías. Es malísima. Y Roger a veces se queda dormido y luego tengo que contarle que la señorita Marimerche se ha besado con Crishian, ya sabes, el cartero, y claro, a Marimerche se le ha notado, y cuando ha entrado a la finca el novio de Marimerche, no más, le ha preguntado que qué cosa le pasaba. Por que a ti te pasa algo Marimerche, rara, estás.

Siempre me pasa que planto girasoles y cuando crecen no alcanzo casi a pintarles los labios. Están enormes. Igual que Eloise. Dios mío, esta tan tan alta, tan mamá he conocido a un chico que. Tan debajo de la lluvia sin paraguas. ¿Qué me he perdido?

Va a llover. Huele. Me encanta este olor.






10 de septiembre de 2015

Dice


Te voy a coger, hija de puta. En algún momento te posarás en algún sitio. Y además he mojado el trapo. No puedo fallar. Te voy a dejar tiesa. Cabrona. ¿Qué os pasa a las moscas? Supongo que tú nunca te harás ese tipo de preguntas. ¿Verdad, mosca? Yo sí. Veras, no es que, Lidia vaya persiguiéndome con un trapo por ahí; pero no sabes cómo me toca los cojones. Joder. ¿Sabes cuántas veces hay que decirle a una mujer que no cuando algo se le mete en la cabeza? Yo como mierda, mosca. Igual que tú. Con Lidia no hay manera. Tiene que ser lo que ella diga. Como es tan guapa...Ahora se le ha metido en la cabeza que quiere estudiar. “Tienes 79 años, Lidia”, le digo. ¿No? Tienes artrosis, Lidia, tienes, una válvula puesta, tienes, la operación de la cadera, la placa del tobillo, y una plaza de garaje para el andador. Lidia, tienes que cuidarte. No puedes coger un autobús todos los días al colegio. Yo te leeré. Te lo prometo. Te diré dónde estaba Alejandría y cuál es ese río y el nombre de todos los pájaros que he visto en el campo. Si te enfermas y te pones malita y te mueres quién, Lidia, le digo, quién me va a querer. ¿Y sabes qué hace, mosca? Sonreír. Y entonces me mata. “Ahora que los niños ya son grandes”, dice. Que la casa está pagada. Que queda poco. Para todo. Porque yo una vez fui chica, dice. Y no hice tantas cosas, dice, tantas cosas. La guerra, Avelino, que era muy mala, no sé si te acuerdas, dice.




9 de septiembre de 2015

Baila con otra esta canción


Cuando le gritas a alguien a quién quieres ¿sabes qué pasa? ¿Cuando te acercas a su cara, escupiendo saliva y palabras de las que vas a arrepentirte algún día? Tal vez todos los días. Todos los días de tu vida.
¿Sabes qué pasa? Que se agrieta delante de tus ojos como...que se hace añicos. Como un jarrón chino. Se le parten las ramas. Se apaga. Alguien que amas. Que se acuesta contigo en la cama. Que te hace reír. Que quiere abrir la boca y decir, para, ¿qué, te estás haciendo?

¿Sabes que...das miedo?
Y además todo para nada. Para acabar durmiendo de cara a la pared con los ojos abiertos. Con los labios mordidos. Sin besos. Sin piecitos. Sin argumento.


¿Sabes qué pasa? Que perdonar, cansa, y a lo mejor la próxima vez que quieras destrozar algo, sólo verás tu reflejo en los brillantes azulejos de la cocina.



8 de septiembre de 2015

Biografía oficial de Billy MacGregor



Billy nació en chanclas y pantalones cortos un día de verano de 1965 a la edad de cero años, fruto de la casualidad o la imprudencia de sus padres en un portal oscuro de un barrio obrero. Primogénito y único varón de entre cinco hembras hacendosas y honradas, MacGregor fue criado a la benévola sombra de la recién parida democracia española, entre rockabillys y punkys y Heavys y otras tribus de las cuales mamaba por entre calles empedradas por donde las litronas de cerveza rodaban cuesta abajo mientras las vecinas tiraban cubos de agua fría por las ventanas con geranios. A los diecisieis ya era un desastre, y a los ansiados 18, un auténtico idiota totalmente convencido de que el mundo giraba a su alrededor. Carne de cañon y mano de obra barata porque nunca estudió ni un poquito siquiera, se ganó la vida como fue pudiendo en empresas de mierda sin sindicatos y mal pagado, pese a su fervor porque todo quedara siempre reluciente. Y así, como llega la lluvia llegaron las mujeres. De gota en gota. De flor en flor. Siempre las mujeres. Hasta que fue tal el chaparrón, que en ocasiones aún se levanta sudando por las noches soñando que a su entierro han venido todas a echar tierra sobre su tumba, y una rosa roja. Después de algunos bla bla más, llegó también el día en que, de tanto equivocarse, acabó en el quinto coño solo y más perdido que el barco el arroz, desahuciado, vencido, hijo adoptivo de la mediocridad y muy a su pesar, inmortal, hecho que pudo comprobar en diferentes ocasiones como el día por ejemplo que saltó de un tercero o el otro que ingresó por coma etílico muy muerto en un hospital de Zurich.

Si existe dios fue él quien, tras una gran tormenta en mitad de la nada, le sacó de tanta mierda y lo volvió a poner en circulación en lo que hoy conocemos como la actualidad. Escribe, le dijo dios, a ver si sabes hacer algo. “Y no seas tan hijoputa”. “Y...” Pero Billy ya había vuelto al lo que quedaba de su vida, que era muy poco, y poco a poco, fue pegando los trozos que aún podían pegarse y, poco a poco, se convirtió en un hombrecito transparente y sin estudios que iba por ahí pagando sus pecados y dejando miguitas de pan para que otros pajaritos, siguieran el rastro de un amor que él creía tan sano como una pera limonera, o cómo no convertirse en uno de esos zombies del Resident Evil.
Aprendió que no se dice haiga y y que ¿Por qué? va separado aunque siga sin tener respuesta. Que casi todo lleva acento y que las comas, no son para sazonar los pucheros o los puntos suspensivos para crear un ambiente chillout. Y aunque se esfuerza lo que puede aún no entiende que a un tío que cada vez tiene menos idea de la puta vida, la gente lo llame maestro, poeta, o cosas de esa que ahora están tan de moda, cuando en realidad, lo único que le importa, es dar muchos besitos. Pequeños y tibios. De verdad. Muy tontos. Besitos y tabaco en el bolsillo y que el viento, siga meciéndolo de aquí para allá hasta el fin de sus días.

Su obra, un único y patético libro, fue quemada en la hoguera a manos de alguna editorial con portero electrónico y una maceta en el balcón llena de colillas.


A veces, in situ, podemos ver a Billy sentado en un banco del parque hablando con no se sabe quién tan invisible de un lugar llamado Santa Marta donde todo es posible, y si eres capaz de arrancarle de cuajo los auriculares de las orejas y preguntarle que por dónde queda la farmacia, te contestará que por allí, con la punta del dedo, y  una-puta- sonrisa.  




7 de septiembre de 2015

Que me entierren debajo del manzano


Después de hacer cien metros mariposa Bonita Chamorro
emergió de la bañera como un barco pirata y
de entre la espuma de romero -y aún con tulipanes en el pelo-,
puso rumbo a mi boca mientras un paso tras otro
las gotitas de agua caían de su piel avellana
y se estrellaban contra el suelo llorando Flor de Luna de Santana.

La amé como se ama una tormenta de verano.
Con las dos manos.
Como un perro rabioso
Podrido de amor.
Totalmente loco.

A Bonita Chamorro las esquinas, le hacían cola para bailar el tango.




6 de septiembre de 2015

Rebanadas de Haiku con mantequilla


Cucarachas, lombrices, arañas, moscas, larvas y gusanos.

Flor.

Cicatrices, tripas, intestino grueso e intestino delgado.

Oso panda.

Pollas, coños, tetas, semen y saliva.

La nieve.

Allá donde mire con los ojos cerrados, todavía existes.

Tal vez seguro alguna vez pensé que eras el viento.
Que venías.
Pero echarte de menos también es formidable.









4 de septiembre de 2015

Do sostenido


Imagina que cierras los ojos. Que te beso. Que todo está bien.
Que Olaf vuelve a casa de la guerra. Tan alto, tan ceñido.
Que entra por esa puerta. Nuestro Olaf bonito.
Que vuelven a crecer las margaritas.
Que el pozo tiene agua.
Que ha parido una vaca.
Imagina ir a por pan sin miedo y sin tenazas.
Y volver cantando.
Entera.

Que ya somos viejitos.

Que todo ha pasado.



2 de septiembre de 2015

Inventario


De ti aprendí los pájaros.
Que el pan hay que partirlo con las manos
y que si un cuadro se ladea,
al otro día hay barcos flotando en la bañera.

Que hay que estar loco.