31 de octubre de 2015

(...) 8


-Un día Raquel cruzó la calle. Sólo tenía que cruzar un paso de cebra, joder, yo, la estaba esperando en la otra orilla, porque llovía, y fui a buscarla al trabajo para llevarla de regreso a casa debajo de un paraguas. Eran quince metros, apenas veinte pasos, siete segundos, un instante, y en un instante, al tercer paso, un coche la levantó por los aires y Raquel voló como una mariposa unos momentos hasta caer rota como una muñeca sobre el asfalto algunos metros más allá. Y el tipo decía, Dios mío, Dios mío, ¿qué he hecho?, y, yo, me arrodillaba ante Raquel en medio de la calle y la abrazaba y Raquel, no hacía nada, no se movía, no respiraba, no nada, porque no tenía ni un hueso en su sitio y su sangre iba, no sé, camino al mar por entre aquellos charcos y supe, “qué” había hecho aquel hombre con prisas: me lo había quitado todo.

-No pasa nada si quieres seguir siendo extraterrestre. Todo el tiempo que quieras. Tampoco pasa nada si nadie viene a recogerte de otro planeta. Yo estoy aquí. Iremos a ponerle flores a Raquel. De vez en cuando. Los domingos bonitos. Incluso no me enfadaré si dices su nombre mientras duermes...Raúl...

-¿Qué...?

-Nada. Es una prueba de sonido. Quiero ver a qué sabe tu nombre en mi boca. Raúl...

-¿Qué voy a hacer ahora contigo?

-No te preocupes, mira: he hecho este mapa.



30 de octubre de 2015

(...) 7


-Lo llamáis amor; pero sólo es una necesidad. La necesidad de suprimir el miedo. Cuanto menos se tenga que perder, menos miedos se tienen. Habéis creado a vuestro antojo la imagen en vuestras cabezas de una vida ideal y magnífica aunque efímera, cosa que tampoco acabáis de entender. Cuando es la propia naturaleza quién lo ha ordenado de tal modo absolutamente todo. Las hormonas por ejemplo son de una precaución casi milimétrica...

-¿Los extraterrestres desayunáis? Porque estoy haciendo café. Y he visto que tienes mantequilla.

-...toda esa, parafernalia, que armáis en vuestras cabezas de que hay que casarse y tener niños y un balcón con geranios...ese querer dejar la huella...¿y sabes? Sólo hay una ley universal: El Equilibrio. No se alcanza el equilibrio teniendo tantas necesidades. Aferrados a vuestros paradigmas. Sumidos siempre en alguna tristeza...

-Tengo turno de tarde. ¿Y tú? He pensado que...

-...siempre pensando en algo...

-...ahora que eres el amor de mi vida podríamos comer juntos. Tengo que hacer muchas cosas contigo, lo primero, enseñarte a sonreír. Eres gracioso; pero si no te ríes no podrás hacerme feliz. Y yo quiero ser feliz...

-...queriendo cambiarlo todo: los muebles, la ropa, las personas...

-...y para ser feliz “te necesito”, con todas las letras, porque mis putas hormonas se han vuelto locas como pelotas de pimball y me pica todo y yo no sé-lo-qué.me-pa-sa, que te quiero para mí, porque estoy loca, loca por dormir calentita contigo por las noches, loca por ahorrar para una autocaravana, loca de los huesos, loca del coño, y, me da lo mismo que seas extraterrestre, serás mi Frankestain, mi perro de tres patas, mi llavero, mi postre...

-...ese intrínseco deseo de abrirlo todo para ver que contiene...

-...ver qué tienes dentro.

-...y romperlo.




29 de octubre de 2015

(...) 6



¿Puede un extraterrestre sucumbir a los encantos de una mujer que te agarra la mano y la pone en su única teta mientras te mira a los ojos con los ojos más bonitos que debe de haber en centenares de galaxias y te dice en susurros que la vida, es esto Raúl, tu polla en mi mano y esas ganas que tienes aquí dentro, conmigo, a salvo?

Lo que pasó fue que Raúl se quedó en medio del salón con un trozo de pizza peperoni en una mano y la boca tan abierta como las obras del metro, mientras Yolanda se fue acercando como un gato paso a paso a él y él pudo sentir como le resbalaba la camisa por la espalda que Yolanda iba desabotonando, por la espalda, sus manos suaves como plumas y sus besos por la espalda, por la espalda las navajas de su amor abriéndole en canal la carne, lo rojo por la espalda y desangrarse allí mismo en mitad del salón, blanco como estaba del miedo que le daba ser feliz, y rezando al mismo tiempo para que nada le arrebatara aquel momento.
Lo que pasó fue que Raúl se hizo pequeño. Que se hundió entre aquellos brazos como una piedra en el agua. Que se rindió a tanta caricia. Que ya no se acordaba. De lo tibias que eran. De cuánto le faltaban. De que el tiempo, a pesar de que a él no le importara en absoluto, tal vez sí existiera.

Pasó que cuatro horas más tarde por fin cayeron muertos, destrozados por aquella metralla sobre un campo de sábanas blancas sin buscar una sola respuesta a ninguna de todas aquellas preguntas.






28 de octubre de 2015

(...) 5


Imagina que abres la puerta de tu casa y te salta un gato en la cara. No he querido decir eso. Imagina que abres la puerta de tu casa y en vez de al pizzero te encuentras un beso. Que una chica bonita se aferra a tu cuello como si tu cuello fuera la única puta cosa en el mundo que todavía importara algo para ella, una chica que huele a limones, que lleva los labios color por favor y una rana sujetándole la cola de caballo y un aliento que te sabe a poco si no te da más, más de eso caliente como el té de las cinco de la tarde. Imagina abril. Así, con los ojos cerrados y su lengua buscando tu lengua y sus manos tu espalda y su única teta estrujándose contra tu pecho y su pierna derecha metida entre las tuyas, y todo, en tres segundos.
¿Qué harías tú?
Nada. Una mierda harías.
Porque nunca te has montado en un tren como ese. Tu corazón no se había puesto a 180 km por hora en tres segundos desde nunca. Porque lo único que sabes del amor es que cada vez quieres saber menos del amor, dejar que pase, y que le toque a otro los huevos. No haces nada. Te dejas llevar. Lo llamas un sueño. Te has vuelto loco. Y ella también. Y en tres segundos, le das un repaso a tu asco de vida y no hay, ni un solo momento como este.

-Creí que no comías. Y menos pizza. Como eres extraterrestre y nunca paras a almorzar en el trabajo.

-Intento pasar desapercibido. Y ya estaba encargada. Ya te lo dije: mi contacto con los humanos debe reducirse a un mínimo aceptable para mi propia supervivencia. Y sí, este cuerpo necesita comer. Al principio me resultaba algo asqueroso. Meterse cosas muertas en la boca...¿por qué sonríes?

-Eres gracioso.

-Porque no me crees.

-Puedo hacer que te creo. Si quiero. Y creo que quiero. Aunque no me vendría mal una prueba.

-¿De qué?

-De que eres un extraterrestre.

-¿Es lo que hicisteis con Jesucristo, no? Le conocí. No era mal tipo. Un artefacto genial de marketing, un verdadero engendro político.
No voy por ahí separando el agua de los mares. Y podría ser tu padre. O un psicópata.

-¿Estás diciendo que tienes 2000 años?

-3456 de vuestros años exactamente.

-¿Sabes lo que creo yo?

-No me interesa. Sólo te he dejado entrar porque has amenazado con gritar en medio de la calle. Debe ocurrirte algo en la cabeza. Una de esas estúpidas enfermedades contraídas a lo largo de una, en tu caso no tan larga vida de equivocaciones. Creo que lo llaman la he cagado y ya me importa todo dos carajos. En cuanto todo esto se desinfle te irás llorando por esa puerta y maldiciendo la hora en que decidiste saltar al vació una vez más como una niña tonta y...

Yolanda desnuda es como un yogur de fresa.



(...) 4



“Me encantan los tíos que ocultan un oscuro secreto. Mírale. No levanta la cabeza de esa máquina nada más que para coger aire como un pez. Si es extraterrestre seguro que adivina el pensamiento. Y si adivina el pensamiento sabe que estoy loca por que me baje las bragas. Sí. En uno de esos moteles baratos con las paredes sucias y que huelen a rancio y a ginebra barata. Bailar Billie Jean por la calle a las tres de la mañana y que llueva. Seguro que puedes hacer que llueva. Tienes superpoderes. Eres extraterrestre, joder. Haz que llueva cabrón. Hace mucho que nadie me quiere...”

-¿Yolanda?

-¿Em?

-¿Dónde coño estás? Es la hora.

-¿La hora de qué?

-De irnos a casa. Nuestro turno ha acabado. Finito. A la mierda. ¿Pero a ti qué te pasa? Nos vemos mañana.

-Sí sí claro. Ya voy.

Sísíclaro pero se ha presentado en casa de Raúl, toc toc toc, una hora más tarde, y en cuanto Raúl ha abierto la puerta, le ha dicho: “Me gustas-y le ha besado-. Me gustas mucho y quiero morir entre tus brazos”.

A Yolanda le falta una teta. La operaron de un cáncer. Casi se murió.

Ahora hace las cosas, de otra manera.



27 de octubre de 2015

(...) 3



-Me lo debes...

-Joder Yolanda, ¿te vas a acordar toda la vida? Fue sin querer, coño.

-Era mi novio.

-Y estaba borracha.

-Me lo debes.

-¿Y estamos en paz?

-Juro.

-A ver...¿Cómo dices que se llama?

-Raúl.

-Raúl qué más. Esto es una base de datos, no una pitonisa. Y date prisa, que como se enteren en dirección que voy dando por ahí información confidencial voy de patitas a la calle.

-Raúl yo qué sé. El nuevo. En la sección siete.

-El que no habla.

-Ese.

-Raúl bla bla bla, mecánico de primera, número de la seguridad social bla bla bla, sin cargas familiares...aquí está...

-¿Y?

-Si me dices para qué.

-Me lo quiero follar.

-...estooooo...C/ Benavides primero izquierda.

-Estamos en paz.

-Yolanda...

-¿Qué?

-Ten cuidado.


(...) 2


Que no era humano: “No soy de este planeta”. Que su verdadero nombre no tenía traducción en la tierra;“pero puedes llamarme Raúl”. Que tenía cuarenta y, aunque eso no importaba porque aquello sólo era un disfraz, una carcasa, un traje, y de todos modos, el tiempo era algo que no le preocupaba lo más mínimo, por la sencilla razón de que simplemente no existía. Que su nave espacial había sufrido un accidente en una misión de exploración y había terminado aquí, al pie de esa máquina, y con aquella barba de tres días y todos esos pelos en el pecho. Que vendrían a por él. Algún día. Que mientras tanto, el plan era pasar lo más desapercibido posible. “Lo entiendes”.

Y se puso los tapones en los oídos.

Yolanda hubiera jurado que no le vio abrir la boca.

El café estaba frío.



26 de octubre de 2015

(...)


Yolanda no había dejado de observar a Raúl de reojo desde el día que Raúl se incorporó a la fábrica y se puso delante de una máquina con unas gafas protectoras y tapones en los oídos. Era meticuloso, y tenía unas manos bonitas.
No hablaba mucho. Parecía de ese tipo de tipos que podían haber salido de cualquier sitio o ya no iba a ninguno. No desayunaba. No paraba a almorzar, y a la hora de salir, siempre lo ordenaba todo antes de irse como si nunca hubiera estado allí. Nunca le vio sonreír.
Raúl le doblaba la edad, y sin embargo, había algo en él, en algún sitio, que llamaba tremendamente la atención de Yolanda como si se hubiera convertido de repente en un colibrí y Raúl fuera la única orquídea que quedara en el mundo. Así. Y no sabía por qué. Y tampoco quería.

“-Te he traído café”.
Y señaló con el dedo el vasito de plástico porque Raúl tenía la máquina a toda hostia y hacía un ruido infernal.
Raúl paró la máquina. El silencio, brutal, se apoderó de todo y Yolanda, pudo escuchar latir su corazón debajo del mono de trabajo de aquel hombre extraño que la estaba mirando y, que sin abrir la boca ni una sola vez ya había dicho todo lo que tenía que decir. Yolanda se quedó con el vasito en la mano, extendido, en el aire, como cuatro o cinco siglos. Y después preguntó la única cosa que quería saber: “¿Eres humano?”.
Claro que Yolanda es saltimbanqui, y por supuesto añadió un “¡UoooooooooooooooW!” Y un “¿Hey? Aquí la tierra”.
Y después se quedó esperando a que la mandara a la mierda. Allí, tan sola, con aquel vasito de plástico en la mano.

Pero el amor tiene más formas que el diablo y...



21 de octubre de 2015

Mi buena acción del día


Te gustaban mis manos, decías, pío, pío,
porque eran manos tuyas.
Que mi boca era tu boca. “Ja ja ja”.
Que mi cosa era tu cosa.
Que yo, todo, tenía dueña.

Te gustaba jugar a las barbies. Conmigo. Bajo las sábanas. Con una linterna.
Y mirarme el culo mientras fregaba los platos.
Te gustaba mi cara de correrme.
Te gustaba tocar, con la punta de los dedos, todas aquellas nubes.
Y gritar. Hasta que aparecían los bomberos
y apagaban aquello.

Te gustaba mi aliento cerca tuyo
preguntándote dónde vas tan guapa,
con ese pijama de ositos.
Yo quería comerte.
Siempre tenía hambre.

Te gustaba llevar siempre razón.
Yqueyoteladara
-no es el título de una canción-.
Aunque no la tuvieras.

A mí, me gustaba verte sana y salva en tu lado de la cama,
soñando con tus cosas de mujer Unicornio.





Porque intentarlo, siempre es el primer paso



He presentado el libro a este concurso


18 de octubre de 2015

Cuando el mando de la tele no funciona y le das golpecitos


A veces todavía abro el Google maps y escribo:
“Búscala”,
y aparece la foto de la esquina
donde intenté meterte por primera vez las manos en la braga.
Mi primera hostia. Por guarro.
Tus primeras lágrimas:
“Voy a ser el amor de tu vida, quiero una cama”.

Con sábanas limpias y enfrente una ventana.
Con una luz bonita de mesita de noche.
Y tu canción.
Y que lo hiciera todo todo todo,
muy despacito.

La farola es la misma.
El viento se parece...

Eres la única promesa que he cumplido.







17 de octubre de 2015

Algo



Pero Huntú tiene hambre, un siglo, y
su madre ya ha sido devorada por los perros hace tiempo.
Huntú nunca sabrá de los psicoanalistas,
del pan con mantequilla ni esas
cajetillas de tabaco que advierten
sobre una muerte lenta o de los aros de cebolla.
De la promiscuidad de occidente.
De los joystick.
Ni para qué sirve una cuchara.

Huntú escarba.

Cada minuto de su vida, ya no se parece en nada a un regalo.






16 de octubre de 2015

E=mc2


A veces las mentiras son bonitas:
“Te vas a poner bien”.

Lo negro, tan blanco:
“Es la última vez que...
-beso-
...me haces...
-beso-
...esto
-beso-,
te lo juro”.

Lo blanco tan negro:
“Volveré”.

¿Como aquellas oscuras golondrinas?
¿A dónde?
No quedará nada de mí cuando te vayas.

A veces el silencio es tan... ruidoso:
esas maquinitas en mitad de la noche.
Respirando por él.
Comiendo por él.
Con tantas lucecitas que se encienden y se apagan.

Esa maldita gota.

Este olor a cerrado.

Y el vapor en la máscara de oxígeno como la niebla de un fiordo.





15 de octubre de 2015

Do not follow this strange route to nowhere


Cada vez que una hoja se cae del árbol.
Una gota del grifo.
Un suspiro.

Tan microscópica la vida.

Si pones la oreja en el suelo, la escuchas.
Tic-tac, tic-tac...

Hoy no me hables como Paulo Coelho.
Hoy déjame llorar.
Hoy polinízame
estrújame como a una naranja mandarina
dime que me quieres. Dímelo otra vez
y otra
y otra, y
ve a por chocolate, ¿quieres?

Llorar me da hambre.



14 de octubre de 2015

Esa lengua


Imagina que flotas en mitad del océano Atlántico como un tapón de corcho.
Que no hay luna. Está oscuro. Hace frío y a última vez que rezaste
fue en tu primera comunión.
Imagina lo negro. Lo hondo que hay bajo tus pies.
Tan lejos de la orilla.
Tan asquerosamente solo. Sin flotador. Sin patito de goma ni tabaco.
El silencio y tú.
Y encima todas la estrellas.

Y entonces lo ves: un puto faro.
Joder.
Joder.
Joder.
Y todo te late más deprisa.
Y nadas, nadas como un cabrón hacia la luz,
porque la luz te va a salvar la vida.

Y la invitas al cine.
Y otro día al estanque. Y otro a que se deje. En la boca.
Y le pones un nombre de pájaro.
Y vas por ahí montado en Unicornio,
y un tatuaje en el tobillo con forma de ancla y
cruzando los semáforos en rojo con los ojos cerrados.

Feliz como un hijo de puta.

Y vas,
y lo jodes.

Como si un faro fuera a aparecer todos los días
en mitad del océano Atlántico.






13 de octubre de 2015

El dossier Carrie


Yosemite Duncan escupía huesos de aceituna mejor que ninguno de lo chicos del condado. Por entonces se hacía trenzas.

-Inspectora Duncan...

-Profesor...

-El comisario Alfonse me ha prometido que mi nombre no se vería envuelto en nada de todo esto. Tengo un premio nobel señora...

-Señorita.

-...en fin...¿Dónde está?

-En la cocina. Parte de ella. La otra mitad está en el baño. Aunque la parte que nos interesa está en la cocina. Por aquí...¿Es ella?

-La última vez que la vi era pelirroja. Pero sí. Es ella. ¿Es todo? Tengo que dar una conferencia dentro de tres horas. Y no me mire así. Hace quince años que no nos veíamos. Tenía que acabar de esta manera. Tarde o temprano. ¿Tiene usted hijos señorita Duncan? Lo suponía.

-En ese caso hemos terminado. ¡Alfred! ¿Puedes acompañar al profesor a la salida? Le llamaremos.

-No se moleste...



12 de octubre de 2015

Anodos, cátodos y filamentos


La ecuación es la siguiemte: en función de lo que tú- llamémoste elemento A-, me riegues y me podes y me tengas bonita y toda toda de colores todo el tiempo, yo- el elemento B supongo-, te amaré bien hasta el fin de mis días. Tras cuyo desarrollo y solución, da como resultado una vida lena de caricias y abrazos y besos y...
Ya sé que he escrito siguiente con m.
Pero si me dejas secar, si me marchito, no podré quererte nunca más. Porque las matemáticas nunca fallan. El cosmos está hecho de matemáticas. Tu y yo sólo somos matemáticas.
He escrito siguiente con m porque me gusta. Tú tampoco eres perfecto y también me gustas y también te escribo todos los días con la punta del dedo mojado en saliva de mi boca en tu espalda que te quiero. ¿Qué más necesitas?
Y a veces se te olvida. Y te marchas lejos. Como si el otro lado de la mesa estuviera en Australia. Y a veces no me rozas los pies con tus pies por las noches y yo, me muero de pensar que al otro lado de la cama sólo hay un agujero. Tan lejos, que creo que un día no sabrás volver.
Yo sé que la vida no es justa-tengo la regla una vez al mes, joder-; pero estar en números rojos...es como perder al monopoly. Ya sé que nada fue como esperábamos. Que esto ha tenido demasiadas curvas. Quedarse a mitad de los sueños, no haber podido terminar la carrera, París, joder, ¿qué pasó con París?...
No es justo. Porque yo quiero morirme tranquila, sabiendo que he hecho de ti un hombre de provecho. Que me da besitos de buenas noches y me trae chocolate de la nevera y papel higiénico al baño. Socorro. Y vienes.
Porque la vida es más dura sin ti. Más como la lluvia. Y además no tengo a nadie a quien quitarle la razón. Y además, que no me da la gana dormir sola. Que la bombona del butano pesa mucho. Que me aburro.

No hace falta que tiendas a mis pies una alfombra de pétalos de rosas camino del Nirvana. Pero no puedo estar buscando todo el día tu sonrisa debajo de la cama, en los cajones, yo qué sé. Yo no sé rezar. No tengo una brújula. Ni soy Iron-woman. Pero todos los días salgo al escenario. Y te necesito en primera fila. Porque lo hago lo mejor que puedo. Y quiero mis aplausos. Quiero que bajes la luna. Me da igual que no este de moda. Quiero la jodida luna para mí sola. Y quiero que salga el sol todos los días. Aunque esté nublado. Quiero lo que es mío.

Deberías volver. He hecho croquetas, y te estoy esperando con las bragas en la mano. Con todo mi amor. ¿O prefieres seguir mirando nubes? ¿Hablando con arañas? ¿Contando estrellas?

Qué-tonto-eres.





10 de octubre de 2015

Resulta que


¿Y si salgo a la calle y me cae en la cabeza de pronto una maceta porque la señora del quinto doña Herminia le ha dado con el codo sin querer porque estaba distraída porque no ha dormido bien porque su marido ha dado muchas vueltas en la cama de aquí para allá como un saco de papas esta noche porque se ha quedado sin trabajo hace muy poco porque la fábrica ha tenido que cerrar por culpa de unos pájaros mutantes que lo habían aplastado todo porque medían metro y medio de alto y pesaban media tonelada porque en la jaula donde estaban puestos a a cantar a la puerta del guarda cayó un líquido raro porque Esteban que pasaba por allí y es operario y estaba pensando todo el rato en una novia nueva que se ha echado y que tiene las tetas muy gordas no había amarrado bien las cajas en la furgoneta porque el jefe de sección le había dicho que aquello corría prisa Esteban mucha prisa porque estaban esperando el material en Montreal porque tenían muchísima muchísima producción porque la gente se había vuelto loca comprando chocolate porque decían que ya no engordaba y además te hacía feliz y por eso Margarita digamos que se llama Margarita va por ahí por la calle con esa sonrisa y tropieza oh oh conmigo y en ese momento no quiero ni pensarlo plas me abro la cabeza?¿Y si ve mis sesos derramados por el suelo? ¿Y si adivina lo que pienso? Que es tannnnnnnnnnnnnnn bonita. Que que rica que está. Tan rellenita. De lo que sea. ¿Y si me ve por dentro? ¿Me querrá? ¿A mí? Ja ja ja. ¿Y si se arrodilla a preguntarme, te has hecho daño? Si me toca. Si la tengo tan cerca que le huelo el pelo y, le digo no te vayas, estoy, medio muerto, no te vayas porque me muero entero Margarita. Quédate aquí toda la vida. Tropezando conmigo a todas horas. Compremos un perro. Tengamos hijos. O macetas. Y un pez.

Si es amor, duele.





9 de octubre de 2015

La tapadera del yogur, por ejemplo


Núbiles nubes níveas nublarán nuevamente Namibia
u otro lugar del mundo alguna vez.

Mientras tanto los árboles, el Caspio, la caña de azúcar.
Las cerezas.
Y que algo subterráneo nos llame.
A la tierra mojada.
Al átomo.
¿Por qué no todos los trenes?
Cualquier Kilimanjaro,
o enamorarse una y otra vez del horizonte.





8 de octubre de 2015

Haiku horizontal


Una de cal. Muchas de arena. A veces.

Y otras la vida te sorprende con el canto de un pájaro.



7 de octubre de 2015

Veintitrés toneladas de naranjas



El tío no hablaba una mierda de español, y yo, en alemán, sólo sabía decir “Nostrovia”. ¿O eso era ruso? Así que nos comunicábamos con señales de humo, a veces, él me daba un cigarro y otras yo, y otras, terminábamos hablando como los indios, con la mano en el pecho y usando infinitivos, o simplemente, en los tramos larguísimos de autopista, bajo aquella lluvia, dejábamos pasar el silencio.
En el salpicadero del camión, Klaus tenía pegadas fotos, con chinchetas en las esquinas, de una mujer y cuatro niños. Todos pelirrojos.

En tres días cruzaría la frontera. Superfragilístico. Y espialidoso. Adios, todo, pensé.

Adiós, todo, pensé cuando Klaus paró en el árcen. Miré por la ventanilla un rato mientras, todo, se iba haciendo cada vez más pequeño.
A cualquier sitio, Klaus, le dije en cherooke, y Klaus, me respondió en Arapahoe que iba a venirle muy bien un compañero de viaje, porque hasta Munich, había mucho rato todavía y en la radio casi nunca ponían casi nada interesante, ya sabes, me dijo, lo de siempre, un accidente laboral aquí, un genocidio allá, que si tu equipo ha bajado a segunda, que si ha caído un misil en no sé dónde...lo de siempre...muchos muertos...¿entiendes?
No. No te entiendo Klaus. No entiendo un carajo de lo que dices. Pero sácame de aquí. Antes que acaben de encenderse las farolas. Las farolas son peligrosas Klaus. Sobre todo las amarillas. ¿No conoces la historia?


"De entre las Grietas". El libro. Aquí:

http://copiapop.es/BillyMacGregor/de-entre-las-grietas-3280/de-entre-las-grietas,18009.pdf



6 de octubre de 2015

Donde hubo


...que se podían surfear los rizos de su pelo mientras ella
-trompetas-,
se protegía de los rayos del sol bajo la sombrillita
de otro Caipirinha.
Como ir por ahí con nitroglicerina en las bolsas de la compra.
He visto a algunos hombres romperse el cuello
sólo por volverse a mirarla.
Temblar el suelo.
Y a cada paso suyo
-trompetas-,
crecer la hierba.

Ayer sopló setenta y nueve velas, y todavía se pone flores en el pelo.





3 de octubre de 2015

01010100 01100101 00100000 01110001 01110101 01101001 01100101 01110010 01101111 00100000 01110100 01100001 01101110 01110100 01101111


Podría estar libando de tu boca como un colibrí y sin embargo,
te escribo desde esta trinchera mientras las balas silban sobre mí,
cruzando el aire en busca de algo caliente.
A Uribe le alcanzaron anoche en pleno pecho.
Podría estar haciendo con los niños
una casa en el árbol.
En vez de esta sangre por todos los sitios
de hombres que un día fueron albañiles
jardineros
peatones.
Podría estar comiendo palomitas
mientras Escarlata le escupe a la cara a Calrk Gable
que no quiere a nadie pero está loca por él.

Ya no luchamos por la patria.
Luchamos para que las cartas lleguen.