2 de febrero de 2016

Días de gloria



Los chavales del barrio ya no van a suplicar a la Venta aquellos pequeños calendarios de bolsillo que el Araujo regalaba en navidad a los camioneros-¿te acuerdas?-de morenas en pelotas con gatos en el coño y las carnes más apretadas que los tornillos de un submarino. Nos ponía a fregar vasos el cabrón. Pero tenía palabra, y tras hacernos jurar sobre la tumba de nuestra propia madre bajo pena de muerte o lo que fuera aquello que hacía con las manos, que él no nos había dado nada, salíamos de allí con una tía en el bolsillo de atrás de los vaqueros, enseñando la selva amazónica. Cada uno. Después nos las cambiábamos. Menos Raúl. Raúl se enamoraba. Y hasta le había puesto nombre. Pero nunca nos lo dijo. Al José le escondíamos las gafas, y se hacía las pajas de memoria detrás de la tapia.

La máquina de pinball ya no está. Ni el suelo aquel lleno de cáscaras de cacahuetes y colillas ni aquel olor a rancio del serrín ni el Araujo cagándose en los muertos del árbitro ni el solar de por detrás donde cazábamos libélulas con una escopeta de feria. Ahora hay un centro comercial que se traga a la gente y la devuelve más sola.
Y Manolita bien, no como, claro, cuando iba con nosotros a colarse en el cine de verano por debajo de la valla-más vieja, más que no hay quien la aguante-, ni cuando hacíamos dos bandas y ella se pedía ser india. Se hacía una cola. Se pintaba los labios. Y tiraba las piedras más gordas. Como esta. Todavía la tengo. Lo vi todo blanco. Y cuando abrí los ojos la vi a ella: “Si no te mueres me hago tu novia”. Porque yo ya se lo había dicho antes varias veces. Y ella decía que éramos muy chicos. Que todavía no se sabía la tabla del siete...






6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Porque hay ojos para verlo detrás de las cortinas

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  2. Me has llenado de añoranza de una época que no he vivido. ¿Y ahora qué hago?
    Soy nueva por aquí, me pasaré a leerte a partir de ahora. (Por si acaso te apetece venir a leerme a mi azotea: alunaslejos.blogspot.com.es )
    Un besote.

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  3. Aquellas infancias eran tan distintas a las de ahora... ¿No era el mundo un sitio diferente, Billy? A veces tengo la sensación de que sí.
    Besos.

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  4. Raúl apretaba los tornillos del submarino como si fuera a entrar el agua (donde no entra semen no hay peligro de embarazos). Tapaba la ingente belleza submarina con un dedo para no delinquir el escote de los torpedos. Pintaba pelos en el coño del acorazado para levantar el periscopio e inseminar el puente de mandos. ¡Cargas de profundidad sobre la eslora desorbitada!
    Cuando te aprendes la tabla del siete ya has perdido la ingenuidad por completo y pasas directamente al calendario de los camioneros.

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