13 de febrero de 2016

Mientras tanto


Así que Teté-que era como ella le llamaba y se escribía TT y le venía por aquello de teniente Trujillo- entró por la puerta del ultramarinos como venía haciendo cada uno de todos los martes de aquellos siete meses a las cuatro de la tarde desde un día de junio del cincuenta y cuatro y cerró tras de sí con un pestillo grande la puerta pintada de azul-y luego de verde y después de beige clarito y de mostaza y de color rojo carré-, dejando atrás la puntiaguda lluvia que le había estado empapando los huesos y el sombrero y el cigarro, y volviendo del revés un cartelito en el que desde el frío de la calle podía leerse: cerrado, anduvo los seis pasos que le separaban de Lu Borrego con una mueca terriblemente parecida a una sonrisa en los labios y la mano abierta, y con la mano abierta le asestó a la tendera tal bofetada que la empotró de lleno y de una sola vez sobre una estantería de conservas y latas de alcachofas y de anchoas y mortadela siciliana y aceitunas que rodaron por el suelo de baldosas de tablero de ajedrez y fueron a morir debajo del cualquier mostrador junto a un centenar de cucarachas.

“La próxima vez te abro en canal como a una perra”.

Porque había sido mala. Porque era sólo suya.

¿Qué iba a decirle? Que estaba enamorada de un chiquito que venía en bicicleta a dejar las botellas de leche y siempre le dejaba un suspiro flotando en el aire? ¿Que ella los guardaba en una caja de dulce de membrillo? ¿Que sólo con mirarla de aquel modo como un cachorrito la tenía despierta las noches y las noches enteras? Porque era tan cierto, tan lindo, tan todas las cosas más bonitas de este mundo y tenía el pelo rubio y se soplaba los flequillos para verla mejor con sus ojos azules como el mar que ella siempre había soñado ¿Me vas a llevar tú al mar, Teté? ¿Qué le vas a decir a tu mujer? ¿Que te vas a pasear por la orilla con la fulana esa que vende ampollas de morfina en la trastienda y le hace los abortos a las putas de la calle Recaredo? ¿Que me quieres? Tú no quieres a nadie Teté. Y él no me ha tocado. ¿Sabes por qué? Porque él si que me quiere. Porque él no está podrido como tú y como yo, Teté. Y ahora voy a abrirme de piernas como siempre, como todos los martes, para ti Teté, para que me hurgues, para que me horades, para que me rompas con tus manos sucias hasta que caigas medio muerto sobre mí como un saco de mierda y me digas al oído que sin ti no soy nadie, que tú me proteges, que mientras siga siendo la de todos los martes todo me irá bien con los apaños que me invento en la trastienda, no sabes para qué.

Para ir al mar Teté, te lo he dicho muchas veces...


12 comentarios:

  1. Ya intuía yo que detrás de las cucarachas y las conservas había un gran amor, de esos de hostiazo y humo de boquilla, y, engáñame otra vez y te mato y me ensaño con tus tripas. Entre Teté y un soplamocos, me decanto por Teté, aunque sus pedos de membrillo no los aguante la tendera. Además, ¿cómo sabes si es amor? El verdadero amor desgarra, horada, hurga y no huele a leche de crío lava-vaginas ni a suspiro de bicicleta enamorada.
    Te has superado, Billy. Tengo que decirte que es uno de los poemas más hermosos que he leído porque siempre queda la esperanza del mar.

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    1. No es un poema Mail. Una salchicha a lo mejor o una lata de caballa en aceite.
      En cuanto a lo de superarme lo intento. Pero es el tiempo el que da sus frutos.

      Abrazote.

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    2. No es un poema Mail. Una salchicha a lo mejor o una lata de caballa en aceite.
      En cuanto a lo de superarme lo intento. Pero es el tiempo el que da sus frutos.

      Abrazote.

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    3. Salchicha y lata de caballa es la poesía. Realmente te superas y el fruto cae de madurez...

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  2. El primer párrafo del texto muy muy rico
    El último me deja triste
    aunque la última frase da esperanza

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    1. Intento que sea tridimensional. O que Jode ,que es lo mismo.

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    2. Pues te hace feliz y después te lo quita.

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  3. Hermosa alegoría a la literatura de latinoamérica. Por algún motivo me recuerda a "El lugar sin límites" de José Donoso.

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    1. Un placer y gracias Eduardo.
      Cuidado con estos, que muerden.

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    2. Un placer y gracias Eduardo.
      Cuidado con estos, que muerden.

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