13 de marzo de 2016

De entre las grietas, un retazo


Buenos días, princesa

No quiere abrir los ojos, quiere quedarse así, en posición fetal, y seguir pensando en ella toda la mañana.

¿Billy…?

¿Sí?

¿Por qué me quieres?

Te lo he dicho muchas veces.

¿Te digo yo las veces que me he quedado con las ganas?

¿De qué?

Dímelo otra.

Estás rara.

Yo sí sé por qué te quiero. Pregúntamelo.

¿Por qué me quieres?

-Porque dices mi nombre cuando duermes; porque llevas mi foto en la cartera; porque quitas mis pelos del lavabo y cuando dejo abierto el tubo de pasta de dientes ya no te dan ganas de arrojarme por la ventana; porque me haces el amor hasta que bramas como un ciervo y los ojos te escupen un millón de millones de voltios color esmeralda y yo grito y arranco las cortinas convertida en una hereje; muerta del gusto de tenerte, tan dentro, tan mío; porque si un día ya no estás cerraré los ojos y no los volveré a abrir hasta que encuentres el camino de regreso, aunque tardes diez mil años. Y allá donde estés te estarás acordando cada vez de que estoy esperando que vuelvas, con los ojos cerrados, ciega, sola, sentada en un sofá con los pies colgando, enterrada bajo el peso de catorce mil toneladas de recuerdos y sin ni un sólo gramo de cordura, hecha herrumbre, perdiéndome el resto de la vida amén porque te amo, y será culpa tuya; porque hueles a limpio, porque me abrazas, porque tiemblas de miedo si no tengo buena cara y me preguntas mil veces que si me pasa algo, que si ya no te quiero, que si aún soy feliz; porque no te has comido nunca el último yogur de la nevera; por esa sonrisa; porque te digo, y la boca se me llena de saliva y me dan ganas de saltar sobre ti en paracaídas; porque cuando te mueras, voy a guardar tus huesos en una caja de galletas debajo de la cama; porque hoy hace azul; porque te empapas de lo que yo me empapo y me pones pomada cuando me quemo con la plancha; porque te encanta que me ponga ese vestido, ese con flores amarillas y una vaca; porque me gusta llevarte de tiendas con una cuerda atado, y que me tengas paciencia mientras me pruebo toooooooooooooodo lo que veo; porque me inundas; porque nunca me explico; porque me siempre me entiendes; porque hablamos por debajo de la mesa con los pies...Porque siempre me perdonas.

¿Qué has roto?

Se me ha cayó. Como es redondo.

¿Un disco? ¿Cuál? No me lo digas.

Se me cayó. Lo tenía así, y ¡Uy!

Tú y tus ¡Uy! No sé porque te quiero. Por si me lo preguntas otra vez.

Era ese que tenía en la portada…

Que no quiero saberlo.

...cuatro chicos...

Necesito un cigarro.

...cruzando un paso cebra.

¿Te has cargado el Abbey Road de los Beatles?

No fumes. ¿Por qué fumas? Eso es lo que dices que me quieres. Billy…

¿Qué?

¿Ya me has perdonado?

Lo más particular de un beso, cuando todo lo demás simplemente no existe, es que puedes llegar con los ojos cerrados del sofá a la cama, sin tropezar con nada. Será porque, simplemente, todo lo demás no existe.

Cuatro cigarrillos y dos cafés más tarde aún sigue pensando en ella, en lo bien que le sentaba aquel sombrero y en que nunca salía sin él de casa. Y ahora está colgado de un clavo. Sin ella debajo.


11 comentarios:

  1. ha cayó. sólo tengo esta pega...

    ainsss el resto es envidiable

    besitos a Colifor.

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    1. No, está perfecto todo, hasta lo que dice Sandra, pero creo que quedaría más mejor* si lo colocas así ( en el libro, digo ) mira:

      “ Se me ha …
      …Cayó. Como es redondo…”

      Como que iba a decir una cosa, corta, gira en redondo y dice otra …porque no se atreve ¿ a que es eso? yo hablo así a veces, embarullada perdida, no me entiendo ni yo…por eso lo sé ; )

      Un diálogo rápido, sin pensar, intermitente intercalado...precioso!

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    2. Así es Princesa. Así explotaba.

      Besito.

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  2. La madre que te parió.
    Un saludo
    :)

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  3. Es cierto que la amas porque ir de compras con una mujer es una prueba rotunda de fortaleza interior. Lo sé..., si una mujer aguanta conmigo en un desguace de coches es que le gusta algo más que mi carrocería.

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    1. Me encanta cómo me corta los dedos el asa de la bolsa del mercadona, cómo, cuando ya parece que ya no puedes más, ese mísmo día, te dice que le duele la cabeza.

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