1 de marzo de 2016

Sí menor, No mayor



Bruno recién había cumplido un par, apenas, de meses la noche que a las dos y diez minutos largos de aquella larga noche y bajo la atenta mirada de la osa mayor, su puta madre lo arrojó a un contenedor verde manzana dentro de una bolsa de basura. Ni siquiera le hizo un lacito.

Mamá, que a la semana siguiente apareció colgada de una viga con la lengua por fuera y muy, muy mal color, le había mojado a Bruno el chupete en cocaína porque no se sabía ni una nana, y aunque el crío lloró y lloró y lloró durante un rato-tanto...- las peleas de gatos y las sirenas de la policía y las sartenes friendo huevos y las abuelas dejando en un vaso de agua las dentaduras y los televisores anunciando cremas que aseguraban casi la inmortalidad, no dejaron escuchar a los vecinos al pequeño, que en pocos minutos, acabaría en las tripas del camión de recogida que pasaba por allí, casi ya.

Aquella misma tarde en la central de reciclaje, las ratas, habían roído varios cables del vehículo 137, y justo a las y cuarto, saltaron chispas de algún sitio y la máquina aquella ruidosa y fea fea y con dientes que se llevaba por delante a mordiscos los cristales y las cáscaras de plátano, las tapaderas del yogur, la ropa vieja y si hubiera hecho falta un elefante, las cartas de amor, la lista de la compra, los regalos de boda que no quería nadie, se paró. Así que el 137, pasó por donde Bruno sin pena ni sin gloria, y un operario con más sueño que hambre y manos grandes de bregar, lanzó la última bolsa a la boca aquella del furgón y le dijo al conductor que a los garajes, y que después, a casa, que la Mari, me ha dejado, dice, estofado en el microondas y patatas.

La bolsa donde Bruno ya se había hecho caca encima varias veces y al menos una había vomitado comida de tortuga, terminó sobre una cinta transportadora cuyo final no era otro que un infierno de ácidos y otros líquidos misteriosos donde cualquier cosa desaparecía en pocos segundos a ojos vista para quedar convertida en un caldo cuasi universal que los obreros del complejo llamaban “La Cosa” porque nadie se atrevía a ponerle otro nombre desde que uno de ellos había visto flotando pelo de muñeca o rosarios de comunión y una vez, hasta un perro, que por alguna razón, no se había desintegrado y todavía movía el rabo.
Aquello se movía lento, pero seguro que todo lo que caía en aquella telaraña terminaba siendo lava de volcán cuando a los dos escasos minutos que duraba aquel viaje lo que fuera cayera de cuajo a su estómago. Lo que quería decir, que Bruno nunca aprendería a montar en bicicleta ni marcaría ningún gol ni terminaría bachillerato ni tendría una novia que lo llamara tonto y a continuación se lo comiera a besos, no soplaría velitas, nunca, jamás, llegaría a decirle a nadie te amo.


Y a medio metro del infierno el capataz fue y dijo que era la hora del café, que él invitaba, vamos, chicos, que todavía queda mucho para amanecer. Y detuvo el futuro inminente, cinco minutos. Cinco minutos más era un milagro, aunque eso a Bruno, en la más completa oscuridad, no le importaba mucho más que sacar leche de una teta, que encontrar otra piel, un pálpito ajeno, alguna voz, en medio de aquel aire enrarecido que en la boca le sabía a plástico quemado. Y volvió a llorar como un tenorio en su idioma de pájaro, y se puso a buscar algo caliente y con las uñas, rasgó por donde pudo un lateral de aquella tumba y vio una luz de fluorescente, tan blanca, tan bonita, tan brillante. Y justo cuando iba a coger aire, la máquina tembló y se puso en marcha, para borrar de la faz de la tierra lo que la gente ya no quiere.

14 comentarios:



  1. Peroooo… en el preciso instante en el que Bruno metido en su bolsita de plástico iba a caer en aquel infierno burbujeante de ácidos y glups, glups desintegradores de todo lo que cayera en él… pasó un cuervo en vuelo rasante y enganchó la bolsa de Bruno ya en el aire… Manuel, el operario que manipulaba los mandos de la cinta transportadora se tragó el cigarrillo que estaba fumando cuando desde lo alto l¡zass! le cayó un bebé babeante en los brazos que se quedó mirando boquiabierto sin saber qué decir ;)

    xD! no podía permitir que Bruno se perdiera todo eso maravilloso que les espera a los niños cuyas madres les untan le chupete de coca … yo sé que tienen una vida especialmente diseñada para casos de emergencia como ellos ;)


    De nada Bruno, aprovéchate de esta segunda oportunidad;)

    Besitos ojos tristes! jaja

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me he quedado preocupada por si Manuel no reacciona y he vuelto para traerle a Bruno, el bibe, una mantita y una nana para la primera noche de su nueva vida ale! ya está, a dormir ;)

      Eliminar
    2. María, no se pueden detener los procesos de reciclaje, es una cuestión energética!!!

      Eliminar
    3. Maria, estabamos en la misma planta.
      Gracias !!!
      Tres veces he vuelto para ver como estaba Bruno, bendito cuervo !!!!

      Eliminar
    4. Vamos a tener que hacer un grupo o algo así,tipo los Vengadores.

      Eliminar

  2. A veces pienso que no debería comentarte así, tan rápido como lo he hecho esta vez porque cuando lo hago según te leo asusto a todo el mundo y ya no te comentan por mi culpa … lo siento, pero es que esta vez me salieron las letras a reacción… tenía que pillar esa bolsa en el aire sí o sí, yo sé que Bruno sonríe ;)


    Por favor que nadie se preocupe, me dieron el alta de la planta de psiquiatría hace mucho, lo mío no es contagioso, podéis comentar sin peligro ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No ves..., eso pasa cuando el reciclaje funciona, nos crecen cuervos de plástico y mamaderas para niños abandonados.

      Eliminar
    2. La Mari ay la Mari...Qué loca que Estás.
      Si eres la sal de este tablao...si eres el sin ti no soy nada de Amaral...si eres la que abre el telón.


      Besito.

      Eliminar
  3. Jajaja jajaja ayyysssss María me quiero quedar con tu final. El de Billy es muy cruel ...pobre Bruno que final para tan dura existencia.

    Besitos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

      Eliminar
    2. No le diremos la verdad de su existencia, para no sentirnos culpables.

      Eliminar
  4. Nunca comprenderemos la delicadeza de esas madres que arrojan sus desechos sin el alma de empaquetar un regalo (y es mejor no entenderlo).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Víctima el hijo víctima la madre y seguimos transfundiendo una sangre manchada de herencias

      Eliminar
    2. Se entiende que uno no elige dónde nacer.

      Oye Mail yo me pido ser el que le da a los pedales.

      Eliminar