30 de abril de 2016

Ensayo general



A veces he llegado a pensar que escribir no sirve para nada:

“-Hola. A veces te leo. Y me pregunto quién eres. Aunque en realidad no quiero saberlo. Mi matrimonio es una mierda. No suelo usar palabras como esa. Pero es lo que más se parece a la verdad. Hace poco leí algo tuyo que me hizo llorar. En ocasiones llorar es lo único caliente que tengo todavía. Después me acosté. No conseguía dormir. Volví a levantarme y leí de nuevo aquella frase: si te arrastras, no es amor.
Estoy viviendo con mi hermana desde entonces. Supongo que, iba a pasar de todos modos; pero ¿sabes?: gracias. Fue bonito saber que no estaba sola.”

Firmaba Alicia. El 8 de marzo del 2004.

A veces escribir me hace daño. Y me gusta. Todo lo que duele me gusta.

Alguien me contó que antes de enroscarse por fin entre las sábanas solía hacer un té y abrir el portátil con la-tal vez o no-la vana esperanza de que aquella noche la hiciera sonreír con una de esas historias a las que yo siempre inventaba un final feliz aunque a la chica del relato le faltaran las dos piernas y al chico los dos ojos en la cara. Había besos, decía, siempre al final y suspiros y, además era gratis. Los médicos le habían recomendado que fuera hacia la luz. Aunque la luz no cure el cáncer.
Y que para cuando el té se había quedado frío, ya se estaba acordando de Julián, que era bombero y murió en una llama, mientras a ella la devoraba algo por dentro que aún no tenía nombre, que, se acordaba que de novia iban al cine y él salía haciendo el tonto y diciendo que de mayor quería parecerse a Richar Gere, porque había visto cómo le miraba todo el tiempo, y ella, se ponía entonces de puntillas y le mordía la oreja y lo amaba así, como una bailarina hasta que se le pasaba aquella tontería.

Un día dejo de escribirme.
Me hubiera gustado estar allí.

Otras, escribir es como...

“Te odio”
Y al día siguiente con la misma firma, “Te amo”. Y así todo agosto. Cada día. Los leí todos como una margarita. Como alguien a quien van a fusilar. 31 camisas con el mismo agujero y en el mismo sitio. Y lo peor es que podía ser cualquiera. A veces, escribir te lleva a Roma como cualquier otro camino y otras, te clava como a un clavo a la pared. Como un clavo sin cuadro. Y entonces tienes la absoluta certeza de que vas a morir solo.

Y otras, en cambio:

“Hey, me llamo Alonso y me masturbo leyendo tus poemas de amor”.

Nunca supe qué decir. ¿Gracias?

A los dos meses me llegó otro correo, invitándome a la boda de Mario y Alonso. Y a los dos años, una foto de los dos y en el medio un niño coreano, creo, al que habían adoptado hacía poco. Detrás, el castillo de Disney, y al dorso de la foto, algo así como, que amar sólo le estaba destinado a los más valientes, porque de todas las guerras, era la más sangrienta.

Fui feliz cinco segundos y apagué el ordenador pronto porque al día siguiente enterraban a mi padre, y quería estar muy guapo.

Otras creo que escribir puede dejarse. Como el tabaco. Como la heroína. Como un perro en mitad de la calle. Pero al minuto me arrepiento porque sé que escribir no es cosa tuya, si no de quién más lo necesita.

También recibo Spam:

“...te ayudará a llegar a un mayor número de lectores. El curso empieza...con una duración de...y en definitiva, con las nuevas herramientas de marketing que...un producto final...”

Yo no quiero lectores. Quiero cómplices. Y ganar juntos todas las batallas.

12 comentarios:


  1. Vale! jaja aquí yo seré tu cómplice en la sombra de tus batallas, tú las libras en letras ( juegas con ventaja porque aquí las ganas todas ;) y yo miro como lo haces ¿te parece bien? bueno vale, si te hacen pupa tb te curo ;)

    MuaaksS!

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    1. Las sombras ya están ocupadas. Miro a los lados y aquí no cabe nadie más que yo. Así que tú a plena luz, como un ficus. Que para eso tienes una voz tan bonita. Aunque estás toa loca. Y me encanta.
      Besito de los caros.

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  2. Remueves emociones como nadie, de eso no hay duda.
    Estaba un poquito abochornada, porque el otro día después de leerte, comencé a comentar y sin darme cuenta conté algunas cosas de mí y pensé… ¿Qué hago? Me sentí un poco tonta… pero hoy al leer esta entrada, me doy cuenta que es algo que provocan tus palabras, el que sin darse cuenta uno, suelte aquello que en ese momento siente.

    Veo que a más personas les ha pasado y la verdad es que las entiendo.

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    1. Aquí lo compañeros no se asustan de na. Y mola tener un sitio donde decir lo que uno quiere decir. Y esto...yo ni pincho ni corto, esto se mueve solo, a su puta bola. Así me gusta.

      A tu rollo.

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  3. escribir es una adicción, yo el otro día escribí un poema y reaccioné como un drogadicto, con sudoración, temblores e insomnio, jajaja...un abrazo, artista

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  4. ¡La mayor complicidad es comentar! Algunos solo quieren lectores, no les importa lo que ocurra detrás de sus páginas. Hacen falta cómplices para decirlo todo o para callarlo todo.

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    1. Para las dos cosas, Mail. Tenerte aquí es un lujazo que ya quisiera más de uno. Aunque mañana le metieras fuego a todo esto. O no. Por eso es divertido.

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    2. exacto, es divertido porque somos pirómanos y tus letras nos incendian.

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  5. Pero estuviste mucho tiempo sin aceptar comentarios...

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    1. Soy una versión mejor. Cuestión de querer. Y yo quiero.

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    2. Después de la versión dialogada viene la versión palpada o la total aversión.

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