3 de abril de 2016

Tres girasoles


Hoy me quedé parado en algún sitio a escuchar el viento entre los árboles. Cerré los ojos y me dejé mecer. A lo lejos, el ruido de los coches; la campana del recreo; las mujeres dando a luz; los perros; las cafeteras de los bares; los martillos hidráulicos. El agua de la ducha. La yema de los dedos paseando suavemente el amor por la espalda de alguien. La trompeta del gitano y las pezuñas de la cabra. Los relojes de pared; los niños contando hasta diez tras los relámpagos, para ver cómo de cerca está la tormenta.

Pero es que ahora, este ahora, no sé por qué, es sólo mío. Tal vez porque el viento me abrace como sólo el viento abraza, así, por todos lados, recorriendo cara poro de tu piel y hasta por dentro de la ropa y hasta el alma-quién la tenga-, hasta las médulas. Sin preguntas estúpidas ni una sola promesa. Seguramente habrá-siempre lo hay-, alguien mirando. Mirando al loco de los brazos abiertos. De los ojos cerrados. De la sonrisa.

Aunque en mitad de un paso cebra, supongo que es más complicado ponerte a ser feliz sin avisar.

2 comentarios:

  1. Seguro que entre todos esos alguien que ven al loco, hay una chica, escondida tras un parabrisas, el cristal de un escaparate o la esquinita de una cortina, sonriendo a su ves, sabedora de lo que siente dicho loco.

    Hoy he traído galletas y chocolate. Mua.

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  2. Seguro Fic.
    Me gustan las galletas del Mercadona....

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