17 de julio de 2016

Pink noise


Soy Cleaning Operator. O sea: limpio cosas. Con un trapo.
Tengo turno de noche. Nunca he contado cuántas mesas de oficinas hay en este sitio, pero calculo que más de cinco mil repartidas en cuatro plantas enormes como campos de fútbol brasileños. Praderas de mesas. Océanos. Legiones de mesas como las filas de un ejercito. Limpio unas 550 cada vez a razón de 38 segundos cada una más que menos bajo la tenue luz de supongo que miles y miles y miles de bombillas de bajo consumo que cuelgan del techo y que brillan como estrellas en un cielo de placas ignífugas cuajado de cámaras que lo ven absolutamente todo como un moderno Dios, alarmas contra incendio y tuberías. No sé qué hace aquí durante el día toda esta gente. Creo que mueven el dinero de aquí para allá, por el aire, como si fuera magia. En cada mesa hay un ordenador y un monitor o varios y otros aparatos raros con muchas lucecitas de todos los colores y teclas y botones y un teléfono, auriculares, micrófonos y mousses imposibles con formas y nombres imposibles como, Predator, Turboblaster, Odisseum...
Suelo encontrar vasos de cartón con posos de café y botellas vacías de agua o latas de refresco o té de los más variados sabores desde el Ceilán al Singapur, o bebidas energéticas, cajas de pizza; de sopa instantánea; migas de galletas, de magdalenas, de pan de centeno; barritas energéticas; chocolate, donuts y un sin fin de aperitivos de todas las formas y colores. A veces me apetece comerme algo, pero el ojo que todo lo ve me susurra en la nuca que ni se me ocurra.
La parte que me gusta es ver las fotos enmarcadas de los niños, la mayoría rubios, algunos pelirrojos, abrazados a papá o mamá o, en ocasiones, las menos, a los dos al mismo tiempo. Hay otras donde saltan a una piscina o sonríen ante una pirámide o las cataratas del Niágara. Las hay con nieve. Las hay con mar de fondo. Yo y el silencio. Yo y todas estas máquinas alucinantes, parpadeando sus propios entresijos mientras pasó el plumero por los teclados. Es un ruido rosa. Agradable. Como si entre ellas estuvieran celebrando la hora del café con pastelitos. Un ruido de misa o de antes de un concierto de violines o de una película a punto de empezar.
Casi puedes conocer un poco a la persona que dentro de unas horas va a sentarse en esa silla. Hay un montón de cosas encima de las mesas aparte de restos de comida y grapadoras o clip o postis con letra a la ligera de subidas en bolsa y fondos de inversiones o seguros o números de gente importante. Hay frascos de perfume, desodorante en spray, toallitas desmaquillantes, crema de manos, hilo dental, todo mezclado y revuelto sobre montones de papeles y servilletas de papel reciclado cien por cien. Y luego están los souvenirs: gatos chinos que mueven la patita, figuritas de la Torre Effiel, bailarinas Hawaianas que mueven la cadera; postales de Australia o Canadá y un abanico amplio de imanes de nevera de todos los sitios del mundo incluido Groenlandia. Trofeos de cricket, de golf, de rugby. Y peluches. Osos, leones, jirafas, elefantes...
Hay mesas ordenadas con todo en su sitio y mesas por dónde ha pasado un huracán. Mesas tristes con sólo una botella de agua y un cactus horrible y medio muerto y mesas divertidas con tazas de cerámica que dicen Papá o eres la mejor y teteras que parecen un zoco, colorido y revuelto como una tortilla de seis huevos.
Bajo las mesas hay zapatos. Incluso básculas, y en alguna, hasta una bicicleta plegable.
Todas las mesas tienen una pequeña placa de metal con un número: 23Q3. Por ejemplo. Es la única mesa donde hay una flor. Todos los días. Roja. Preciosa. En un jarroncito con forma de sirena. Y bajo la mesa unos tacones. Rojos. Preciosos.
Es la única mesa donde empleo 73 segundos. En la penumbra. Luego voy a la máquina de café y miro al río, y como se reflejan en él los edificios. Y sonrío, porque aún tengo algo que echar de menos.


3 comentarios:

  1. Creo que pierdes el tiempo trabajando cuando hay tanto que contemplar!!!

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  2. Contemplar es mi sino. Me elevo. Como Santa Teresa.

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  3. Contemplar es mi sino. Me elevo. Como Santa Teresa.

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