19 de agosto de 2016

Gráfico de una cáscara de plátano



La villa estaba situada en...
No-no-no. ¿A quien puede importarle una casa encima de una colina? A no ser que esté encantada. O que Sr H hubiera matado allí a veintisiete personas en el 59.
“La villa estaba situada encima de la única colina de Hill Durham, y como todo el mundo sabía, permanecía cerrada a cal y canto desde aquello, y aquello, como también todo el mundo sabía, no se podía decir porque si mencionabas el apellido familiar los perros se ponían a aullar toda la noche y las cosas de la nevera se pudrían en segundos. Sr H, que es como se refería a él el pueblo en definitiva, trajo del brazo a Raquel un día a la casa y le dijo que detrás, había un jardín. A Raquel le faltaba una pierna. Y empezaron a pasar cosas raras.”
Pues si digo que un día Jerónimo Wallace se cruzó en mi camino, y no sabes quién es Jerónimo Wallace, sólo será una casa sobre una colina.
“-Ya queda poco, le dijo Williams a Duke dándole otra hostia en toda la boca. Tenía que parecer verdad. Y lo era. Como dolía. Willians atizaba bien. Duke pensó que era porque se había follado a su novia mientras él regresaba del servicio militar. En realidad a su novia se la había follado todo el barrio. Pero seguían siendo amigos.
Raquel, con las manos tapándose la boca y los ojos muy abiertos, asistía a la tremenda paliza dentro de un vestido barato. El plan era que Raquel salía del trabajo y unos tipos muy muy malos la intentaban atracar y él, salía al paso de pronto y de la nada para socorrerla, tras lo cual, ella quedaría completamente prendada de su heroicidad y lo amaría para el resto de sus días por los siglos de los siglos amén. Porque lo que era hasta el momento, no le había hecho ningún caso. Ni a las flores ni a los bombones que Duke le enviaba con el chico de los periódicos, ni a las invitaciones para ir a bailar a ese sitio nuevo con nombre de fruta tropical. Nada. La más absoluta indiferencia. Incluso había llegado a decirle en medio de la calle que los hombres como él sabían amargo desde antes de doblar una esquina. ¿No había otra cosa que hacer en Detroit que no tuviera que ver con Lino Callongero? Un trabajo honrado. Herrero, soldador, había mucho que hacer con tanta fábrica de coches. ¿Por qué un chico como él-tan guapo-tenía que dedicar su vida a destruirla? Porque así es como se acaba al al lado de los Callongero: muerto. Tarde o temprano, aunque casi siempre, solía ser temprano.
El plan no salió muy bien. Willians sólo tenía que ponerse gallito. Nadie habló de sacar la navaja, ni de aquella ristra de golpes.
“-Estás herido...”
Ahora Duke tenía que decir, “no es nada”, pero la verdad es que tenía una raja en la barriga de siete centímetros y la cara como una cordillera montañosa.
Lo único que le salió por la boca fue “Esta noche dan una de Elvis en el cine”.
A Duke le brillaba en la cara una sonrisa tan blanca que Raquel tuvo que cerrar los ojos y dejar que la besara. Luego le dijo: “-Duke Helios, eres tonto”


Ya podemos poner la H en su sitio.
Jerónimo Wallace, es el tío que conoce las respuestas a todas las preguntas del mundo. Hablaba poco. Pero si se quedaba callado, era peor, así que fui al grano:
“-¿Quién soy?
-Una hojita en el viento.”
Y cerró la puerta en mi puta cara.
Cuando eres una hojita en el viento nunca sabes dónde. Ni cuándo. A veces ni por qué. Y dejas de hacerte preguntas. Y disfrutas del paisaje. Tal vez el viento te deje sobre el regazo de una cajera de supermercado o en la cara norte del K 2. Tal vez te lleves dando vueltas y vueltas mucho tiempo dentro de un huracán, o tal vez seas una hojita de charco, con luna y todo y un gato maullando.
La casa en la colina, por supuesto, no existe. Jerónimo tampoco.
Pero hay algo seguro: no se puede luchar contra el viento.


6 comentarios:

  1. ¿Por qué los diminutivos? Un pedazo de hoja de los cojones en un vendaval de la hostia, y una Raquel denuda hasta los tobillos, lanzándose en tirolina, con una raja más abierta que un conector HDMI a alta velocidad.

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    1. Así lo dijo Jerónimo Wallace, que en realidad si existió. Hablé con él un 23 de abril de hace mucho. Aquel día dejé de buscar.

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    2. Así lo dijo Jerónimo Wallace, que en realidad si existió. Hablé con él un 23 de abril de hace mucho. Aquel día dejé de buscar.

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    3. Creo que la contestación más explícita fue la de cerrarte la puerta en los putos morros, la otra respuesta simplemente era un baile de abejas para la confusión...

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    4. Así es en el texto original. Wallace ni siquiera habla.

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    5. ¡Pero sin duda sabe expresarse de maravilla!

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