25 de agosto de 2016

Ponle otra a Joe Cocker


Cuándo: justo entre antes y después.
De sus ojos verdes. De su boca roja. De sus trenzas de trigo.
De que el mundo hiciera prff-prffffff-ñecccc-crock crok y se parara.
Sí, era perfecta y allí estaba. De invitada al cumpleaños de mi primo.
Yo iba de pirata. Ella de teniente coronel de la armada británica.

Me dio de canto con un plato en la cabeza.

Porque yo le gustaba.

Sólo tenía nueve años y ya era una hija de puta.

Dónde: en todos los sitios desde entonces.
En todas las canciones. Dentro de la lavadora. Tomándose un té sobre un zeppelin, yo qué sé, en la luna a veces, lejos, bellísima, como un cuadro de ese tío que pintaba mujeres oblicuas.

Quién: Ramona, así, con dos cojones.
La chica que en cuarto de carrera me tiró por la escalera.
Que en el parto de Juanito me arrancó un mechón de pelo.
Y no obstante más pero aunque sin embargo,
ese hambre siempre de su su culo marmoleo y definitivo, dionisíaco, elíptico.
De la sombra de Ramona.


Por qué: Porque Ramona es capaz de llenar la habitación de pequeños penes voladores. Sólo con desearlo.
Porque me gusta que me clave tenedores.
Que le broten del verde de los ojos naranjas de la china y albaricoques y un arroyo con patos y pregunte si me duele. Que cuánto.

Cuánto: como para parar un ascensor. Y quitarle las bragas otra vez.
Como para echar un tabique abajo.

Nivel yonki.

Qué: meter la cabeza entre sus muslos blancos y abrevar.
Que me llame cerdo. Con todo el amor del mundo.

Que todo sea con Ramona a vida o muerte.


5 comentarios:

  1. ¡Esa Ramona no se queda en cáscara de plátano y a ti te agrada exprimir sus naranjas!

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    1. Me encantaría una Ramona en mi vida que me partiera botellas de vodka en la cabeza.

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    2. ¡Siempre a tu salud y a brindar con los cráneos rotos!

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  2. A por Ramona entonces...

    Y ojalá todos encontremos la propia.

    Saludos

    J.

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    1. Un saludo García. Bueno, sólo son ejercicios en busca del poema.

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