21 de agosto de 2016

Trocito


Podías dejar caer las manos así por sus caderas, así, tan lentamente y...Podías comerte a bocados aquel cuello así, tan rico, y después morirte. Sin problemas. Con la polla apostada en su espalda, caliente y sonrosada como una hermosa flor, y que ella suspirarararará con los ojos cerrados y los labios brillantes y toscos y entreabiertos como queriendo decirte algo oscuro, algo guarro de de dentro de eso que llamamos alma, algo prohibido, que doliera un poquito, algo que le estallara entre las piernas y la volviera completamente loca.

Era la hostia.

Una vez rebosó el fregadero. Yo la había enredado malamente con la lengua y ella por supuesto se había dejado y al rato, como nadie cerraba aquel grifo aquello caía hasta el suelo como un Niágara y de pronto sentimos el agua en los pies y luego en las rodillas y luego en el cuello y cuando nos dimos cuenta de que ya no había aire, gritamos a la vez como dos locos de gusto porque aquella cosa eléctrica que no tenía nombre y por eso la llamabamos Ahhhhhhhhhhhhhhhh, o Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, o Joderrrrrrrrrrrrrrrrrr, nos estaba partiendo como a barcos por la puta mitad. Pues al rato, un vecino llamó a la policía. Que si estaban allí matando a alguien. Y ella le dijo que sí. Que dos veces porque era domingo.
Le brillaban tanto los ojos, que al guardia se le saltó una lágrima.


4 comentarios:

  1. Nos suplantarán por una polla babilónica de nueva degeneración y tendremos que hacer el amor con los transistores puestos... Imagino una horda de sobrehumanidad excitada (humanos mejorados con implantes de cadera y ejercicios Kegel para no orinarse). Querremos inseminar toda esa jodida hojalata y llenarnos los ojos con lágrimas de cyborg, todo porque la máquina de follar ha quedado sin pilas y el sumidero sigue desbordándose de materia. Imagínate hacer el amor con un abrelatas casero y llamarle en alemán gótico tierna picadora de muerte, mientras enchufas su alma de cinco voltios a un vibrador de diez euros.

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  2. Me gusta lo de la lágrima del vigilante.
    Y el épico de respuesta.
    Mucho.

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