11 de agosto de 2016

...y cruzaremos Arizona en un chevrolet rojo


“-De eso estamos hechos-le hizo notar Jimmy Boy a La Belle señalando a Sebastian, con acento en la primera a, con el cañón de una magnum 38. Seis balas. Todas en el pecho-, de pura mierda.”

Le había abierto un agujero tan grande como Italia, por donde podía verse en la pared de enfrente un cartel del circo que anunciaba su llegada a la ciudad, en breve, con una comitiva de elefantes y payasos y caballos con las crines tan blancas como el blanco de los ojos de aquel cantante que venía de La Habana con sus canciones debajo del brazo y dos gardenias para ti.

La Belle dejó caer su larga melena sobre el hombro de Jimmy y le susurró al oído: “¿No es precioso?”.

Para él era sólo trabajo. No sabía quién era aquel tipo ni tampoco le importaba. Y además le había salpicado los zapatos con toda aquella puta sangre.
A la Belle le gustaba estar delante.
Disfrutaba viendo como el pánico se comía a trozos a los hombres. Como algunos se hacían pis encima. Como suplicaban como perros. Y Jimmy la excitaba más que nunca. Tan alto, tan guapo, tan malo.
A veces jugaba a contarle cicatrices. Les ponía un nombre, y con besos pequeños, las cubría de amor.
Un día Jimmy le arrancó de cuajo la oreja a un contable de Illinois, sólo porque la había mirado demasiado tiempo. Con aquella cara. Como si La Belle fuera de este mundo. Y no lo es. Como si pudiera comprarla. Y no podía. Como si sus asquerosas manos se la merecieran. Jimmy escupió la oreja sobre el mostrador y le dijo a La Belle vamonosdeaquíestesitiomedaasco, porque una señora con abrigo se había subido a las faldas su perrito y otra, se había quedado con la taza de té congelada en el tiempo a mitad de camino entre la mesa y su dentadura postiza.
Como si nunca hubieran visto tanto amor.


4 comentarios:

  1. Tanto amor entre oreja y oreja y qué hacer con los pelos del oído. Belle aún puede lamer la cera del contable en la boca de Jimmy y llegar al orgasmo de los lóbulos. Temo que en algún momento él se canse de sus ojos y le coma el tarro y los morros para compartirlos con un carcelero.

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  2. ¿Te imaginas que alguien como ella se te acercara y te dijera: Te voy a comer?

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    1. No existe nadie así y en último caso, la belleza, se limpiaría los despojos de los dientes con un palillo de taberna.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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