24 de septiembre de 2016

Proyecto EVA: Densidad 0



Cuenta, tío, a lo mejor te has equivocado. A ver: una de cuando me pasaba las noches de tejado en tejado y una vez resbalé; pero caí de pie. Otra el día que lo celebré con un bote de pastillas y una botella de Jack Daniels. Vaya viajecito. Y ¿cómo se llamaba? Ah sí: demonio. Joder, era italiana y me partió una botella de espumoso en la cabeza. Aquí. ¿A que parece una cremallera?
Y la otra que...y...mierda, las he gastado todas.

Me encantaría volver a comerme un huevo frito. Con patatas. Y mayonesa. Y pan, claro. Me encantaría bailar contigo en cualquier bar que ya esté cerrando una canción de los cincuenta. Sentir la arena de la playa entre los dedos de los pies; leer carteles por la calle- “Auto-repuestos Pérez”, “Modas Melissa”-; enamorame seis segundos de la chica del anuncio en el cristal de la parada de autobús; leer en las noticias que un bebé ha nacido en un taxi; escuchar la sirena de las ambulancias mientras leo bajo la luz de una mierda de bombilla otra vez la palma de mi mano; Escribirle a la negra, saber si todavía está de puta y, meter en el sobre tantos besos. La negra siempre dijo que algo grande me estaba esperando. Que lo llevaba escrito en la frente.

Cuatro, tres, dos...uno.

-¡Plof!

¿Sólo plof?

Imposible.

Ni siquiera creo en dios.

Un camión de peluches. Un puto camión de peluches. No. ¿Sí? ¿En serio?

Gracias gracias gracias Bob Esponja, gracias Yogui, gracias gracias Betty Boop.

-¡Plof!

-¿Plof?

-Tengo buena puntería.

-¿Eva?

El dolor de la pierna me nubla la vista. Vuelvo a mirar la herida. Veo el hueso. Me desmayo. Otra vez. Yo soy así.

Cinco horas más tarde me recobro y llevo puesto un vendaje y Eva tiene los dedos metidos en mi pelo.

¿Lo has hecho tú-pienso-? ¿Qué más cosas sabes hacer-pienso-? ¿Desarmar una bomba nuclear? ¿Trepar por las paredes con unas, especies de ventosas termodinámicas o algo así?

-Te enfadas demasiado.

Quiero hablar; pero cuando hablo me duele todo el cuerpo. Quiero hablar y decir todas las palabrotas que me sé sin comas ni puntos seguidos. Maldecirla hasta que la lengua se me caiga a trozos.
Le pregunto con los ojos así y el ceño más torcido que tengo que quiénes eran esos tíos, que cómo se llamaban, ¿hijoputas?, ¿Organización supersecreta para joderme la vida? La miro y sonríe. Y me da otro de esos asquerosos besos pequeñitos que lo curan todo. Tranquilo, yo cuidaré de ti, dice. Jar jar jar. Risa. Neurótica. Rictus. Congoja.

-Sé cosas-dice-. Cosas que podrían cambiar el mundo-dice-.

Vale. Ya estoy más tranquilo.

-Seguro que has leído a Stephen Hawking .

Pues no. ¿Te sirve Whitman?

-Al principio...todo el Universo estaba dentro de algo tan pequeño que no podía ni verse a simple vista. Más pequeño que un grano de arroz. Que una cabeza de alfiler. Que una pestaña. Los átomos estaban tan apretados, que podría decirse que eran una sola cosa y que todos eran lo mismo. Tus átomos y los míos se conocen. Desde siempre.

¡Oh capitán mi capitán!

Creo que voy a vomitar. Ahora dirá que no es de este planeta. O que viene del futuro. O sonará una trompeta y una luz divina caerá sobre ella iluminándola como a un ángel.

Interesante.

3 comentarios:

  1. ¡Al final de todo este descenso a los infiernos nos aguarda una vagina de peluche y un dios falo con pompones! ¿Por qué no creer en los milagros, en los camiones de mudanza y en los besos de calcetín? Los átomos que se conocen tienen un propósito para converger como tallos segados a guadaña.

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  2. No tengo ni idea de un día para otro de cómo sigue esto...

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  3. Bailar desnudos una canción de los cincuenta...eso me ha recordado...y ya no avanzo...otro día será.

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