20 de septiembre de 2016

Proyecto EVA: ¿Qué margen?




¿Y ahora qué? ¿Cuando abra los ojos te habrás ido? ¿Volando? ¿Por la ventana? ¿En una nave espacial? ¿O me llevarás de la mano a la habitación y me quitarás uno a uno cada botón de la camisa y me tumbarás de un empujón sobre la cama, y me y me y me y me y después eso? ¿Y eso, con la luz apagada o encendida? Porque yo quiero verlo.

-Vamos...

¿Vamos? ¿Y para qué es el paraguas? ¿Y por qué tienes las llaves en la mano? ¿Por qué no puedo estar otro poquito con la boca entreabierta y los ojos cerrados y contigo en los labios? ¿Por qué me das algo así y después me lo quitas? ¿Quién eres? ¿Santa Rita? ¿Y a qué sabes? ¿A pularda rellena de calabaza y ostra confitada sobre un nido de tallos de soja macerados en salsa de peras y trufas del bosque de Sherwood o a naranja del árbol? ¿Vamos? ¿Dónde?

-Va a llover. ¿Te lo quieres perder?

Si hace sol. Si no hay nubes. Si el cielo está azul. Y aunque llueva; si yo he visto llover muchas veces. Siempre hacia abajo. Siempre mojado. Si yo lo que quiero es que me me y que me puf y que me ay-ay-ay-ay y después eso y con la luz encendida. Aunque no existas. Si sólo es agua. Si estás descalza.

Pero voy.

-No va a llover. ¿Ves aquello? Se llama Sol.

-Espera.

-Llevamos aquí un cuarto de hora. Al menos podrías decirme quién eres y de dónde has salido y por qué has roto mi cerdito. Y todo lo demás, claro, que si quieres, puedes inventarte que eres la hija de un jefe de la mafia rusa y te has fugado de casa, o que has robado las joyas de la corona o, o que tienes cables por dentro o...

-Puedo oler la lluvia desde muy lejos. ¿Tú no?

-¿Por qué no haces caso? Podría haberte denunciado hace rato. Es allanamiento de morada. ¿Lo sabías? Y has roto mi cerdito. Eso es robar. Y lo que hiciste antes, bueno, eso es, eso es...lo de...lo del beso...verás, no es que...pero...no...yo...

Casi me cuesta respirar después de tantos puntos suspensivos. Y porque ha recostado su cabeza en mi hombro así sin decir nada de nada y puedo oler su pelo. De lejos debe parecer una postal; pero de cerca me están dando ganas de vomitar y creo que tengo taquicardias y hay un gran agujero negro abriéndose bajo mis pies y va a tragarme y también creo que he dicho dios mío, oh dios mío o algo parecido y...

Y ha empezado a llover. No sé de dónde. Con ella por lo visto uno nunca sabe nada. Será que mientras la escuchaba respirar alguien ha cambiado el decorado. Será el efecto mariposa. Será que en algún sitio del mundo alguien ha soplado la llama de una vela. Ha pedido un deseo. Que llueva. Y ha puesto el dedo en el mapa. Está claro, eso ha sido. Pasa mucho.

Al menos tenemos un paraguas.

Pero dice que no quiere abrirlo.

-¿Y entonces para qué quieres un paraguas?

Y se ha abierto de brazos debajo de millones y millones y millones de gotas de agua como el cristo Redentor del Corcovado y se lo está pasando, de puta madre ella sola. Yo no. Yo me estoy mojando. Dan ganas de matarla. Ojalá pasará un tren por aquí cerca. Justo por encima. Seguro que entonces no sonríe. ¿Qué clase de sonrisa es esa? ¿Me encantaría pillar un resfriado? ¿Estoy completamente loca? ¿Me he escapado de algún oscuro sitio ja-ja-ja?
Lo he visto en esas estúpidas películas. En realidad en las películas son cubos de agua y siempre hay alguien esperando a que termine la toma con una toallita y un albornoz con tu nombre. La chica siempre muere. Da igual lo que llueva. La gente llora y se gasta mucho dinero en pañuelitos de papel mientras sale del cine diciendo oh pobre chico ¿qué será de él ahora?

-¿Estás enferma?

Y me ha mirado. Y ha dicho: “Sólo soy feliz”. Supongo que le importan una mierda el tiempo y el espacio, porque sin saber cómo, la tengo de nuevo colgada del cuello como un collar de flores Hawaiano.

Creo que va a besarme otra vez. Lo sé porque me tiemblan las rodillas. Y entonces ha abierto el paraguas y me ha metido la lengua por la oreja hasta el mismísimo córtex cerebral y todo se ha iluminado de repente y he contado uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis ¡Brrrrrrommmmmmmmmmmmmmmmmm! y del susto, se me ha parado el corazón.

-A veces me gusta ser mala.

5 comentarios:

  1. ¿Qué ocurre cuando el macho se comporta como una hembra histérica y ésta impone la pausa de la lluvia? Esto es lo mismo que si una calentorra te pide que la folles con los pantalones puestos y te orilla siempre a la puerta de la alcoba, con el orgasmo y la humedad en los calzoncillos, para contemplar una puesta de sol que nunca llega.
    Creo que es mala a conciencia, como un lavado de oídos que te deja en la pileta del cerebro los pelos del desagüe. Un hombre, si no sirve de desatascador no tiene ninguna función sentimental.

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    1. Menos mal que estás aquí para aclarar las cosas. Yo espero que sea mala un poquito y me redima. O me acabe de endemoniar. Algo.

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  2. Tras la traducción mágicamente cochambrosa y zarrapastrosa que nuestro querido RAUL suele hacer de todo jaja... naaaadie como él hace eso ;)

    Mmmm qué maravillosa es la imaginación cuando alguien dibuja tan bonito como tú pelis en letras con ella. Ok, deseo concedido! además de toooodo lo que has contado aquí, que sepas que desde ya mismito tienes una cresta azul por pelo ;)

    PD
    Es que yo de verdad peso 50 kg – a veces hasta 52 - y calzo un 36 y medio y me hace ilusión ser Eva ( no es histérica, solo impulsiva ;) aunque en realidad y obviamente no lo sea ... cachiiiisss!! me llamo María jaja

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    1. Coño, Maria, tú es que quieres ser todas.
      Y haces bien. Cascabelillo.

      Besitos bonitos.

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    2. ¡Me gusta! ¡Cochambroso y zarrapastroso suena de vicio!

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