7 de septiembre de 2016

Wagner



Loby es una tortuga.
Loby sabe hacer cosas.
Loby trae una carta en la boca:
“Cuando leas esto, ya estaré muerta”.

De amor. Sin bragas. Esperando con las piernas abiertas.

Rogers también sabe hacer cosas.
Con la batidora.
Sólo hasta que ella dice basta.

Monique trae el dinero a casa.
Roba coches. Joyerías. Supermercados.
Y está embarazada.

Rogers la llama amor y eso es,
lo mejor que le ha pasado en la vida.
Mejor que que papá la hurgara toda.
Mejor que no saber dónde estaba mamá cuando la necesitaba.
¿Borracha? ¿Con el fontanero?
Mejor que la condicional y los baños de la cárcel.
Besó a una chica. Ahí. Estaba dulce.

Mejor que ser la puta más cara del local.

Loby insiste:
“Ven ya, bebé y yo queremos eso.
Tienes cinco segundos.
Me he metido la magnum en la boca.”

Cruzar el pasillo: 2 segundos.
Quitarse la ropa: 2 segundos.
Meterse en la cama...

“Se te han puesto las tetas enormes, amor”.

Y está tan guapa, díselo Rogers, dile que
es la mujer más bonita del mundo
mientras
le metes la polla hasta el fondo.

Loby ha puesto música.
Tristán e Isolda.

Loby se sienta en la terraza a ver pasar aviones.

2 comentarios:

  1. Es mejor no esperar a que la tortuga se quite el sujetador para tener una historia de amor de un par de caparazones.

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    1. Esa tortuga pasa de todo. Debe estar harta de tanto dulce, cuando debería estar cazando moscas con la lengua.

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