31 de octubre de 2016

8 mm



Cuanto tarda la felicidad. Se estará pintando los labios. Y el café se enfría. La llamo por teléfono. No contesta. Vale. No necesito aparecer en los listines telefónicos. Vivo en un mundo sub-atómico, entre bacterias y medusas microscópicas, además, esta noche los reflejos de las luces de los coches parecen helados de vainilla derretidos sobre el asfalto y una flota de barquitos hechos con hojas de periódico cruza los charcos llevando a bordo una preciosa carga de soldaditos de plomo vestidos de rojo dispuestos a salvar lo que queda del mundo. Hay pájaros bajo el alfeizar de la casa de enfrente sacudiéndose las gotas de lluvia del plumaje y, de dos en dos, acurrucados el uno contra el otro, parecen la letra de una canción del sesenta y cinco. And I love her, exactamente. ¿No somos nómadas acaso? ¿No nos estamos siempre buscando el corazón? Nunca somos los mismo, yo, recuerdo que fui otros.
Aunque ahora soy un faro, uno bonito con gaviotas que a lo lejos pareciera el amor. Un faro por dentro es un caracol...es curioso, como todos los silencios son diferentes, como lo llamamos silencio cuando en realidad está lleno de sirenas de barco o nombres de valkirias o voces de otros tiempos, de aviones cruzando la tarde, de hojas cayendo de los árboles.
Que todo puede ser más fácil, te digo, querido diario. Que si te quedas parado en medio de la calle ves a la gente sonreír, tomar en brazos a sus hijos, comprar unos bonitos zapatos, darse un beso. Que no estamos solos. Que hay tantos mundos, que debe haber alguno hermoso. Y otros no tanto, por ejemplo, abro el grifo y me lavo las manos cuando termino de comer y sin embargo, en otros lugares no hay agua. Ni comida. Sólo gente esperando a morir. Tal vez tras alguna de esas ventanitas hay alguien llorando. A lo mejor le han diagnosticado una vida de mierda al lado de alguien que ya no la quiere. O se se le ha muerto el gato de una indigestión. O se ha quedado con cincuenta años en la puta calle porque en la fábrica dicen que ya no es la misma persona de antes. Claro que no, ahora es mejor. Por eso llevaba la cabeza alta. Por eso va a decirle a Fernando ahí te quedas con tu mando de la play y los goles de tu equipo y tu polla pequeña.

Ahora mismo hay alguien meando en la nieve, dibujando un bonito corazón de nombre Amanda, dieciséis recién cumplidos, la chica más linda del insti. Robert cree que la quiere. Aunque Amanda no sepa ni que existe. Así funciona esto, tan tonto del amor.


2 comentarios:

  1. Por eso es mejor el sexo: el sexo nunca es tan gilipollas ni necesita argumentos para funcionar.

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    1. Totalmente de acuerdo. El amor es una hermosa trampa.

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